Actualler:

Seguro que recuerdas las imágenes de la barbarie, de la corrupción y la destrucción, las imágenes de la Barcelona de 2019.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Porque no otra cosa es el nacionalismo en nuestro país (y en cualquier otro): corrupción de los vínculos que nos unen, esos que conforman una comunidad, una nación; y destrucción de lo positivo que hasta hoy todos juntos hemos logrado.

Esta es una foto de Jaime García, publicada en ABC el pasado domingo. Si la amplías tal vez te pasará lo que a mi: estremece. Al verla sentí una gran tristeza.

Estos críos creen que están librando una guerra. Y creen que están haciendo el bien. Creen que son los buenos. Y que un día serán reconocidos como los héroes de nuestro tiempo.

Lo creen porque tienen la cabeza muy poco amueblada. Pertenecen a la generación de españoles con más datos de la Historia, con más titulares, que no con más información. Y a la peor formada.

Lo creen porque han sido condicionados para creerlo.

Pero si acercas la fotografía.

Si acercas la fotografía descubres que están jugando.

Juegan con fuego. Juegan a que están en una guerra haciendo el bien porque son los buenos y serán reconocidos como héroes en su red social.

¿Es este mi país? ¿Esta es la ciudad donde nací? ¿Son estos mis paisanos?

Exilio

Una de las ventajas de la desaparición de Ciudadanos es que hemos recuperado a Juan Carlos Girauta como periodista (lo mismo me pasa con Hermann Tertsch: cuánto se les echa de menos cuando no están).

Escribe Girauta a propósito de Barcelona y el nacionalismo que “los recuerdos de casi toda mi vida habitan un lugar que ya no existe”:

Era mi ciudad. Pero dejó de serlo. A mediados de septiembre de 2017, el ministro Zoido tuvo el acierto de ponernos protección a los diputados de Ciudadanos que vivíamos en Cataluña. Hizo bien: a las dos semanas, la convivencia estaba rota. Pasear o salir a cenar era bañarse en miradas de odio, insultos y riesgo físico. Al año y medio lo acepté: los nacionalistas tenían razón, yo no era catalán, ya no existía tal cosa como una catalanidad no nacionalista.

Había roto con amigos de infancia, comprendí que no podía acudir a una cena de promoción de los jesuitas o a una fiesta sorpresa. No era bienvenido por los que hablaban; solo por los que callaban. Y yo suelo responder. (¿De dónde somos?)

La historia de la diáspora catalana no alcanza ni el dramatismo ni las cifras de la diáspora vasca provocada por ETA, pero su raíz es la misma: España es el único país del mundo en el que se produce un exilio dentro de sus propias fronteras.

No se trata del cambio de domicilio tan habitual en todas las naciones desarrolladas, donde la gente cambia de ciudad en función de sus intereses y necesidades laborales.

Es un cambio de residencia por motivos políticos e ideológicos. Es puro exilio. 

Canallas

Exilio del que son responsables políticos sin vergüenza como este siniestro personaje:

Tipejos de esta calaña los ha habido a lo largo de toda la Historia y en todos los países. Son los que medran en los aledaños de los estercoleros de las naciones. 

Como las ratas y los buitres, surgen en los momentos de crisis, cuando las sociedades parecen cuartearse ante determinadas encrucijadas y empiezan a producir desechos.  

Aparecen entonces los carroñeros. Saben que solo pueden subsistir en el caos, es ahí donde se atreven a soltar sus envenenadas idioteces. Solo en medio de la mierda que ellos mismos han generan:

Las he contado [las naciones que hay en España]. Según los Estatutos de Autonomía, ocho, y si sumamos el preámbulo de Navarra, nueve. Los Estatutos de Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña dicen que son nacionalidades, o nacionalidades históricas. Nación y nacionalidad son sinónimos. (Miquel Iceta: “En España hay ocho naciones, las he contado”)

Mierda producida por creadores de mierda que proponen soluciones de mierda:

La solución pasa por más financiación y autogobierno.

En la encrucijada, las naciones pueden confundir razón y sentimiento. Suelen tomar lo que les parece que ven por la realidad.

Los catalanes quieren…”, dicen las ratas. Pero en realidad están hablando de un puñado de críos que juegan a que están en una guerra.

La batalla de Cataluña

Una batalla que no existiría si en 1977 los constituyentes de Unión de Centro Democrático hubieran sido más valientes.

Creyeron saber cómo eran los nacionalistas, los Pujol, Roca i Junyent, Xabier Arzalluz, que reclamaban un lugar privilegiado bajo el sol. Y se engañaron, porque el nacionalismo lleva en su ADN la deslealtad.

Vivían instalados en el miedo de saberse hijos del franquismo. A pesar de que fueron ellos los que trajeron la democracia. Se dejaron vencer por la versión que de su pasado lanzaba una izquierda a la que habían derrotado

Y cedieron. Tragaron con un engendro llamado estado de las autonomías. Y con un término tan tóxico como ambiguo, entonces como ahora: las nacionalidades.

De aquellos polvos, estos cuatro gatos que hoy reclaman categoría de nación cuando no son más que unas pocas provincias. Mientras los partidos mayoritarios ignoran la voluntad de la mayoría de los ciudadanos.

La batalla de Cataluña la han provocado las élites políticas y solo a ellas beneficia. Como les beneficia un sistema autonómico creado para expandir intereses partidistas.

Las víctimas y los perjudicados somos todos los españoles, empezando por los que viven en las regiones donde hay nacionalistas.

Unos nacionalistas que ahora quieren más y hablan de “federalización” de España. Pero de nuevo la realidad desmiente sus intereses particulares.

Españoles y catalanes

Los datos y gráficos que comparto contigo a continuación proceden del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, el principalthink-tank español, del Centro de Estudios de Opinión (CEO) y del Instituto de Estadística de Cataluña, ambos dependientes de la Generalidad de Cataluña.

La mayoría de los habitantes de Cataluña no se sienten solo catalanes. Fuente: Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Catalunya (CEO), julio de 2019:

Tras cuatro décadas de propaganda intensiva sobre la población de Cataluña y de adoctrinamiento en todo el sistema educativo para convencer de las bondades de la secesión, este es el resultado: o españoles, o tan españoles como catalanes.

Y junto a la ensoñación secesionista, el elemento insolidario:

“A diferencia de Escocia, que es menos próspera que la media británica y donde el independentismo tiene una fuerte base en la clase trabajadora, Cataluña no es sólo una de las regiones más ricas de España, sino que el nacionalismo catalán tiene más apoyo entre rentas altas. 

Las apelaciones de sus líderes a los enormes beneficios económicos que tendría romper con España al dejar de ser contribuyente neto al presupuesto del Estado, se asemeja incluso de forma literal a algunos de los lemas de la campaña del Brexit y puede, por tanto, percibirse como egoísta y contrario a la solidaridad.” (Real Instituto Elcano, 2019: El conflicto independentista en Cataluña)

¿Cómo votan los catalanes en función de su renta? Fuente: Kiko Llaneras / El País con datos del CEO (2017):

El castellano, lengua propia de Cataluña

Otra de las grandes mentiras. El castellano es la lengua propia de Cataluña, no el catalán. A pesar de cuarenta años de imposición lingüística y represión de la lengua común. 

Lenguas más habitualmente usadas en Cataluña. Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya 2019, “Encuesta de usos lingüísticos de la población”.

El nacionalismo ha convertido la lengua en un arma de destrucción de la convivencia. Es de agradecer la valiosísima labor que ha realizado el colectivo Profesores Libres de Ingeniería Social para denunciar esta situación.

La instrumentalización de la lengua y la inmensa mentira sobre la presencia de las lenguas regionales no es exclusiva de Cataluña. Lengua habitual en Galicia, Cataluña y el País Vasco:

Descentralización y ruptura

Las ratas hablan de más privilegios en forma de mayor descentralización del Estado. Pero ya no cabe más, como muestra el siguiente índice de descentralización en Europa occidental. El próximo paso ya solo puede ser la ruptura de la unidad nacional.

Los que hablan en nombre del pueblo de Cataluña, o del pueblo vasco, o del gallego, no representan más que a los bárbaros que mueven los hilos y a los críos que utilizan para sus intereses. 

PP y PSOE son los partidos que han consentido todo esto. Los que nos han conducido hasta aquí de la mano de los propios nacionalistas.

Son los partidos que han tenido cuarenta años para resolver el problema y tan solo lo han agravado.

La cita

Ramón Pérez-Maura:

¿Quién va a explicar en Bélgica o en el Reino Unido que los fugados de la Justicia española son delincuentes cuando el partido gobernante en España está negociando conseguir el apoyo de sus partidos políticos?

Y la imagen

Peridis:

Actualler: visca Espanya!

Comentarios

Comentarios