Los listillos, los inmorales y los indecentes tratan de sacar provecho de todas las crisis.

Leo por ahí que Susana Griso ha propuesto a los políticos que se bajen el sueldo por la crisis del coronavirus. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Coincide la noticia con esta otra: el Gobierno se plantea entregar a sus televisiones, las del régimen, 15 millones de euros para… 

Bueno, eso, 15 millones de euros.

Tal vez si Susana Griso renunciara a una parte de su sueldo, no sería necesario que esos 15 millones DE TODOS se destinaran a pagarle la nómina A ELLA

Se podrían destinar, por ejemplo, a las residencias de ancianos.

El runrún

Esos rumores… ¿Los has oído tú también, o los has leído? Esos rumores. Esas esperanzas. Esa vergüenza.

Se diría que alguien ha echado la moneda al aire, a ver de qué lado aterriza en el suelo.

En un lado de la moneda, el runrún de Gobierno de concentración, o de salvación, depurado de adherencias totalitarias

Fuera podemitas, quizá también su chambelán, el inútil Sánchez.

Y dinerito de la UE a espuertas para rescatarnos. Somos la Grecia de Syriza. De Tsipras, de Varoufakis. Espectáculo más vergonzoso no podemos estar dando.

En el otro lado de la moneda, filtración de mentiras desde la cueva de propaganda de Moncloa, como la de unas elecciones anticipadas en 2021 para tratar de desviar la atención, o ese runrún de golpe de Estado a la remanguillé, que ni para eso sirven Hernández y Fernández, Sánchez e Iglesias.

Las medidas puestas en marcha por el Gobierno de estos dos señores para hacer frente a la epidemia suponen el mayor recorte de libertades desde los estados de excepción del franquismo. 

Y dada la querencia a quebrantar la democracia que manifiestan los principales miembros del Gobierno, tal circunstancia no resulta en absoluto tranquilizadora.

Tendemos a olvidar que el encierro incluye en realidad una suspensión de derechos. Pero esa suspensión, concedida en el Congreso por razón de fuerza mayor y ahora ampliada en el tiempo, no faculta al Gobierno para usar sus poderes excepcionales al servicio de un modelo ideológico concreto.

Desde hace dos semanas la población está confinada, el Parlamento cerrado, las vida institucional suspendida, las Fuerzas de Seguridad desplegadas y el Ejército en la calle. Las condiciones objetivas de un golpe para cualquier aprendiz de Malaparte. (Ignacio Camacho: Estado de suspensión)

Generación beeeee

Por otro lado no somos blandos, sino lo siguiente. De resistirnos al poder, ni mu. 

Como corderitos, callamos y consentimos. Vale, ahora no se puede salir a la calle, pero hay muchas formas de protesta. Y todas brillan por su ausencia. 

¿Será que nos gusta la mano dura?

Somos la población más fácil de tiranizar de la historia de la humanidad. Bastaría con que siguieran poniendo Operación Triunfo en televisión, con que hubiera fútbol y dos o tres tiendas molonas en el centro para que renunciáramos sin mucho escozor a nuestros derechos fundamentales. O como decía Woody Allen en Annie Hall: “Si te quitaran tu tarjeta de crédito, lo contarías todo.”

Ahora se ha vuelto lo más revolucionario del mundo que un ciudadano salga a comprar el pan dos veces, pasee a su perro durante más de cinco minutos o se siente en un banco a fumarse un cigarrillo. Gente que hace no tanto iba a conseguir la independencia de todo un país ahora no se atreve ni a sacar la basura. (Alberto Olmos: La dictadura del coronavirus, o lo fácil que es hacernos obedecer)

Dice Alberto Olmos, el autor de la cita precedente, que obedecemos mansamente porque tenemos miedo del virus. Tal vez. 

O tal vez nos comportamos como el rebaño temeroso de cualquier lobo que aúlle fuerte, sea un virus, una ministra gritona o un Gobierno totalitario

El Gobierno no nos dice la verdad de lo que está pasando, pero casi mejor. (Mikel Erentxun)

¡Beeeeee!

Incluso cuando el Gobierno totalitario está formado por majaras políticos, como es el caso, estamos dispuestos a consentir sus majaderías:

En pleno 2020, una ministra quería hacernos creer que nos traía la libertad sexual; en pleno siglo XXI, el planeta entero luchaba sin mover un músculo contra un apocalipsis climático; en pleno lunes por la mañana alguien tuiteaba lo dura que era su vida porque no se le reconocía una orientación sexual singularísima o porque un taxista le había dicho guapa o porque un avión llegaba diez minutos tarde. (Alberto Olmos: La dictadura del coronavirus, o lo fácil que es hacernos obedecer)

Menos mal que algunos empiezan a sacudirse el miedo.

Coronabonos para los gastones

La consecuencia más grave de esta crisis sanitaria es el elevadísimo número de personas fallecidas que la Covid 19 está dejando en España y en todo el mundo. 

Descansen en paz las víctimas de esta pandemia.

Tras la pérdida de vidas humanas, primera y terrible consecuencia devastadora de la enfermedad, hay otro aspecto preocupante: la devastación económica que la epidemia está causando.

¡Menudo ramalazo de españolismo el que ha sacudido a la izquierda española!

Fue conocer la noticia de que algunos de nuestros socios europeos rechazaban la petición liderada por España e Italia de los eurobonos y nuestra izquierda corrió a pasear un inesperado nacionalismo españolista.

– Cómo pueden ser tan insolidarios! -clamaban-. ¡España no se merece esto! 

Antes de seguir y por si no estás al corriente del significado de los eurobonos, se trata de bonos que mutualizan la deuda (y también el riesgo) de todos los países de la UE. 

De esta forma quien garantiza esa deuda no es cada país por su cuenta sino la Unión Europea en su conjunto. La deuda no es de un país concreto, sino de todos a la vez, dado que está mancomunada.

Si no hay eurobonos (o coronabonos, por estar destinados en teoría a los gastos originados por la epidemia), cada país debe emitir su deuda soberana y se convierte en responsable de ella

Y los gobiernos holgazanes, que no han hecho sus deberes desde la crisis de 2008 y han vivido derrochando el dinero, están aterrados.

Por ejemplo España, uno de los países más endeudados de la UE. Rajoy subió los impuestos como ningún otro Gobierno antes lo había hecho, no se apretó el cinturón y el Estado, con el lastre añadido de la ruinosa administración autonómica, siguió endeudado más allá de toda medida. 

Luego llegó Sánchez, el ilusionista que saca conejos de la chistera pero ninguna solución. Y el derroche se multiplicó.

¿Conclusión? A España le va a resultar muy muy caro financiarse sin eurobonos. 

Españolismo de chiringuito

La reacción nacionalista de la banda “progresista” es tan oportunista como cínica: protestan porque, dicen, “Europa no quiere ser solidaria”.

Lloriquean envolviendose en la bandera porque jamás estuvieron dispuestos a apretarle el cinturón a un Estado que para los socialistas y comunistas no se entiende sin gastar a manos llenas el dinero que no se tiene.

Pero nos están mintiendo. O al menos lo intentan.

Los países de la UE que rechazan los coronabonos no proponen dejar que España se hunda, sino establecer unas mínimas condiciones a cambio de aceptar ser garantes de nuestra deuda. 

Muy comprensible: te avalo, pero garantízame por escrito que ese dinero no te lo volverás a gastar en subvenciones, populismo y chiringuitos progres, sino en arreglar tu economía.

No se trata de que Alemania y Holanda no hayan puesto a disposición de España e Italia herramientas de financiación para sufragar sus respectivos ‘planes Marshall’: es que esas herramientas no les sirven a nuestros gobernantes porque se oponen a adquirir el compromiso de sanear sus finanzas públicas.

Y a eso es a lo que se oponen realmente Alemania y Holanda cuando rechazan los eurobonos: a que sean sus contribuyentes los que paguen los planes de gasto diseñados por los gobiernos español e italiano sin ejercer, para más inri, ningún tipo de control sobre el destino final de todo ese gasto. (Juan Ramón Rallo: Por qué Alemania y Holanda tienen razón)

Los partidos que forman el actual Gobierno de España tienen la fama que se merecen en el ámbito económico. 

La acción de gobierno ha sido tomada por el ala más radical y con un objetivo no disfrazado de llevar a la economía a la ruina para imponer el intervencionismo más totalitario. Cercenar las piernas a la economía para luego presentarse a expropiar.

Las medidas anunciadas nos abocan a un más que probable rescate por parte de la Unión Europea con resultados imprevisibles. ¿Por qué? 

Porque añaden a la grave irresponsabilidad de haber disparado los gastos en tiempos de bonanza la inaceptable temeridad de lanzarse a disparar todavía más el gasto por la crisis sanitaria mientras destruyen, por decisión ideológica, el tejido empresarial del país. Es la receta de la quiebra. (Daniel Lacalle: Una crisis que no tolera improvisaciones)

La querencia de la izquierda española por convertir la economía en instrumento político al servicio de ideologías residuales no es una buena carta de presentación:

Es el sueño de Podemos. No solamente revocan la reforma laboral, sino que las empresas tienen menos flexibilidad de la que tenían antes de la reforma. En tiempos de crisis, en los que para la supervivencia de las compañías se hace imprescindible darles capacidad de actuación, se establece el marco laboral más rígido de la democracia. (Nacho Cardero: El sueño de Iglesias hecho realidad: adiós a la reforma laboral, jaque a las empresas)

Los países que sí han hecho sus deberes y se encuentran más saneados no quieren ni oír hablar de coronabonos. Su postura es comprensible, aunque se tiña en ocasiones de rasgos xenófobos al acusar a los peticionarios de “países cigarra” y presentarse a sí mismos como “países hormiga”.

Lo que nos diferencia a nosotros de los ciudadanos de esos países es que aquí hay muchos que, a la mínima, votan al despilfarrador que nos lleva al paro y la ruina

Para el socialismo, la democracia no es un fin, sino un medio. También parece serlo la pandemia de Covid-19, que algunos ministros de este Gobierno están aprovechando para sus propios objetivos políticos como los carniceros aprovechan del cerdo hasta los despojos.

Entramos ahora en terreno inexplorado: el del primer Gobierno de extrema izquierda de la España democrática al mando de una pandemia que podría provocar una contracción de la economía de hasta el 20% del PIB. (Cristian Campos: El fin de la propiedad privada)

Ya veremos cómo termina esta historia, porque la OCDE ya está diciendo que cada mes de confinamiento va a restarnos dos puntos de PIB. Y el confinamiento total, justo el que piden los partidarios de la destrucción de España, Podemos y los secesionistas, supone una caída de la producción del 29 por ciento.

Yo no sé mucho de economía pero para orientarme en esa misteriosa no ciencia aplico una regla sencilla e infalible: si lo quieren Podemos, PSOE et alii, yo no lo quiero, sea lo que sea.

La eugenesia que no para

Corderitos ante la política económica del Gobierno y corderitos ante el derecho a vivir.

En 3 tuits

La crónica del coronavirus en caracteres escasos:

La cita

Ignacio Varela:

España se ha infligido a sí misma una devaluación tremebunda de sus élites dirigentes en todos los ámbitos —especialmente, los públicos—. También eso lo estamos pagando en este momento.

Y la imagen

Tomás Serrano:

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/