Esta semana escuché a Monseñor Reig Pla hablar de la patología de la razón y la patología de la religión. (Las homilías del obispo de Alcalá, además de iluminar tu fe, alimentan tu inteligencia.) 

Cuando escuché lo de la patología de la religión recordé inmediatamente  a la izquierda y a los partidos gobernantes en España (y también a los “apoyantes” de los gobernantes).

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Y me di cuenta de que las muchas personas de izquierda, y especialmente de extrema izquierda, a quienes conocí en el pasado, padecían una patología de la religión.

Lo suyo no era ideología, marxismo puro y duro, como ellos pretendían. Era pura religión. Vuelta del revés, trastornada, pero religión al fin. Una forma de religión que se había extraviado por el camino y había devenido patológica.

La familia Corleone

Luego me tropecé con este artículo, casi un pequeño ensayo:

Más allá del marxismo, la visión progresista de la historia comparte, en alguna medida, esa idea secularizada del Reino de Dios

Un Reino de Dios en este mundo, convertido en Paraíso futuro de la civilización. Como diría Chesterton, estamos ante una de esas ideas cristianas “que se han vuelto locas” y que infestan nuestra modernidad tardía.

Pero el mundo ya no salmodia la letanía del viejo marxismo. Entonces, para la nueva izquierda, ¿sigue teniendo la historia una consumación aquí abajo? (Vicente de la Quintana: Momentum catastrophicum)

Me gustó la pregunta final y traté de responderla. 

La izquierda de nuestros días no tiene absolutamente nada que ver con la izquierda radical de aquellos comunistas que, durante los años de esplendor del franquismo, militaban en la clandestinidad y hacían proselitismo y organizaban huelgas y se manifestaban como podían jugándose vida y hacienda para defender sus ideas, su patológica religión.

Hoy la izquierda española se parece más a la familia Corleone que al militante comunista que se juega el cuello por su causa.

Por eso ya no se llaman “comunistas”, ni siquiera “izquierda”, sino “progresistas”.

Por eso su comportamiento encaja más en la psicología del matón de una banda de malhechores que en la del fiel de una religión patológica.

¿La policía puede acatar órdenes ilegales?

Hay otra consecuencia de la izquierda Corleone: cuando esa izquierda deteriorada, disfrazada de “progresismo”, llega al poder, se diría que aspira a utilizarlo como lo utilizaron los camisas pardas de los Sturmabteilung nacionalsocialistas.

Es fácil detectar esos ramalazos autoritarios, esas señales contra la democracia, en los actuales dirigentes de la izquierda española.

Y nosotros, españoles obedientes, tal vez algo aborregados, tal vez demasiado dispuestos a acatar órdenes del que manda sin cuestionarlas demasiado (sobre todo si el que manda es de izquierdas), nos prestamos al juego del aquí mando yo y tú te callas.

Por ejemplo la policía. Alguna Policía Nacional.

También ha habido incidentes con algunos policías municipales, con algunos guardias civiles, con algunos militares. 

Porque los policías y los militares, como el resto de ciudadanos, también son obedientes, tal vez algo aborregados, tal vez demasiado dispuestos a acatar órdenes del que manda sin cuestionarlas demasiado. Aun cuando sean órdenes manifiestamente ilegales.

Pero sucede que Nuremberg ya fue. Y quedó allí establecido que si obedeces órdenes ilegales estás cometiendo una ilegalidad. Y aferrarte a la obligación de cumplir lo ordenado, no exime de nada.

Nos esperan meses muy duros en los que es previsible una enorme oleada de protestas ciudadanas porque el Gobierno de Sánchez&Iglesias nos ha conducido a la muerte y al empobrecimiento y no se merecen más que el desprecio y su desaparición de la historia de España

Ellos, los progresistas, utilizarán todos sus recursos para aferrarse al poder y para acallar a la ciudadanía. Utilizarán también la represión y el recorte de libertades y derechos civiles.

Ya lo están haciendo.

La Dirección General de la Policía Nacional ha exigido que se refuerce el rastreo de las redes sociales, perfiles y páginas web susceptibles de promover movilizaciones como estas [de Madrid] para tratar de impedir que este desafío puntual se convierta en un verdadero problema de seguridad pública. 

El pasado 19 de abril el general Santiago llegó a decir en una rueda de prensa en Moncloa que la Guardia Civil estaba trabajando para “minimizar el clima contrario a la gestión de crisis del Gobierno”.

Aunque el ministro y el general insistieron en que se trató de un simple lapsus, terminó filtrándose un correo enviado a las comandancias de toda España en el que se pedía la elaboración de un informe sobre “bulos y ‘fake news’ susceptibles de desafección a instituciones del Gobierno”.

El pasado 2 de mayo, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid, dirigida por el socialista José Manuel Franco, ya utilizó a la Policía Nacional para evitar que se celebrara una manifestación que pretendía recorrer en coche el paseo de la Castellana para protestar contra el Ejecutivo. (Interior aumenta el control de las redes por temor a la ‘rebelión’ de la derecha en las calles)

La estupenda imagen de policías, guardias civiles y militares, que gozan del respeto, el apoyo y la simpatía de la aplastante mayoría de los españoles, podría ensombrecerse si se repiten sucesos de este tipo.

El progresismo global

El objetivo de esta nueva izquierda progresista profundamente reaccionaria, hiperpopulista y encantada con el capitalismo, no es en absoluto cambiar el mundo, como enunciaba la izquierda europea del pasado siglo. 

Esa es tarea que requiere demasiado esfuerzo y sacrificio y una moral personal en las antípodas de sus líderes actuales. Piensa en Sánchez, en Iglesias, en los dos Garzón, en Lastra, en los representantes de la izquierda mediática, en García Ferreras, en Jorge Javier Vázquez.

De aquella idea pseudoreligiosa de instaurar la justicia proletaria en la Tierra, la izquierda progresista ha tomado tan solo la retórica, los lemas, pero el cambio ha dejado de interesarle

Su objetivo hoy es la conquista y el disfrute del poder. Y allí donde ya lo ostenta, como en España, su ocupación permanente por el procedimiento de eliminar cualquier tipo de oposición.

Atrinchérate en Moncloa y caza al disidente, es su único programa «político».

Eso y hablar mucho de la redención social de los oprimidos. Pero por Twitter. O como mucho, por la tele.

Por eso la izquierda progresista trata de aprovechar la crisis de la Covid-19, ve en el virus y en nuestro miedo la oportunidad para imponerse.

La izquierda progresista quiere acelerar la Historia, su historia, para salir definitivamente victoriosa. De la mano de una enfermedad. No es detalle menor que haya sido el director general de la Organización Mundial de la Salud quien haya señalado el camino por el que progresistas y virus pueden transitar de la mano

Esta pandemia se puede contener, pero solo con un enfoque colectivo, coordinado e integral que involucre a toda la maquinaria del Gobierno. (Vicente de la Quintana: Momentum catastrophicum)

La izquierda progresista toma al pie de la letra las palabras del responsable de esa organización tan vinculada al Partido Comunista chino y propone de inmediato una suerte de mando único universal (en su jerga: global).

Lo hace de la mano de su nuevo referente intelectual, el filósofo Slavoj Zizek, quien afirma que es preciso aprovechar la epidemia para acabar con el “orden mundial liberal-capitalista» e imponer una especie de comunismo tuneado, simpático, ecologista, aunque eso sí, requerirá de ese mando único universal.

Al PC chino le encanta Zizek.

Zizek abunda en el sentido de que se “debería ir mucho más allá de la maquinaria de los gobiernos” para abarcar “la movilización local de personas fuera del control estatal, así como una coordinación y colaboración internacional fuerte y eficiente”.

La necesaria movilización de ingentes recursos públicos es vista por analogía a la economía de guerra como evidencia de una necesidad planificadora y síntoma de las limitaciones tanto de la “globalización del mercado” como del “populismo nacionalista que insiste en la soberanía estatal plena”. Solo habrá salvación en la “coordinación y colaboración global”.

[Zizek] lo formula así: “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo ‘Kill Bill’ que podría reinventar el comunismo”. 

Zizek estrecha toda elección a esta opción binaria: la reinvención del comunismo o el triaje. (Vicente de la Quintana: Momentum catastrophicum)

Como ves, al creador intelectual de “la pandemia será la tumba del capitalismo” le gusta que se compare la Covid-19 con la guerra y también lo de la “nueva normalidad”. Zizek, Sánchez, Iglesias, cócteles molotov de la nueva ola comunista. 

Las ideas tienen consecuencias

Todo esto nos conduce a muchos sitios, casi ninguno agradable. Y uno de esos sitios es la pugna entre democracia y totalitarismo que algunos están detectando en la gestión de la pandemia.

La forma en que esto se expresa podría ser “China versus Estados Unidos”, aunque quizá es una forma un tanto burda de analizar los tiempos que hemos empezado a vivir.

En los últimos 500 años hubo 16 casos en que un poder emergente intentó desplazar a uno dominante y 12 de esos casos terminaron en guerra. 

Estremecedora cita. Hablaremos de ello el viernes, si tienes la amabilidad y la infinita paciencia de seguir leyendo este Brief.

Despidámonos hoy con el lado fascinante que, para quienes amamos la Historia, tiene todo esto: estamos viviendo el fin del siglo XX, esa era de horrores sin límite. 

Y aunque no percibimos todavía cómo es lo que está naciendo, y en consecuencia cómo será la vida y la sociedad del siglo XXI, resulta emocionante asistir a su parto.

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/