No es la cabeza del Rey lo que quieren, ¿verdad? Es el lote entero, la monarquía, la Constitución, el sistema político, el poder judicial, el parlamentario, los medios de comunicación.

Quieren el control absoluto. Y el Rey emérito es tan solo una pieza, ni siquiera la primera, de su operación “Instauremos una Democracia Socialista”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Hace tiempo que intentan utilizar la conducta dudosa del «Emérito» como punta de lanza contra la Corona que simboliza la unidad de España y el régimen de libertades democráticas.

La circunstancia es delicada porque sobre el edificio del 78 está cayendo una tormenta que primero le provocó goteras y obligó a una reforma urgente –la abdicación– para tapar grietas, luego cimbreó sus muros y ahora compromete la techumbre y la azotea.

Una ofensiva emocional, de impacto directo, favorecida por la hecatombe socioeconómica y el estado general de descontento. (Ignacio Camacho: En el nombre del padre)

Aunque lo que la izquierda venda sea una democracia igualitaria, o feminista, o cualquier otro adjetivo de la neolengua, lo que está persiguiendo con todos los recursos a su alcance es la democracia a secas, es decir, los derechos y las libertades de los ciudadanos.

Desde la inútil gestión de la enfermedad hasta la instrumentalización de un muerto en Estados Unidos, todo está al servicio de la operación de derribo del sistema.

La izquierda no está cazando reyes coronados o retirados. Te está cazando a ti.

La guillotina que están preparando es para tu cabeza. Para la de todos los ciudadanos que quieren seguir decidiendo cómo vivir su vida.

Para ello va cobrándose las piezas decreto a decreto, juez a juez, general a general. El estado de alarma, la Guardia Civil, las misas, la libertad de movimiento, el Rey emérito, el reinante…

Y de momento, dado el penoso panorama que ofrece la oposición en el Congreso y fuera de él, igual lleva las de ganar.

Si el procedimiento va adelante [la izquierda] lo utilizará como ariete no contra el investigado sino contra su hijo, el verdadero objetivo.

Si se archiva montará un escándalo acusando al tribunal de enjuague político.

Pase lo que pase, la estrategia de desgaste obtendrá beneficios del acoso aunque no logre el derribo. Bingo. (Ignacio Camacho: En el nombre del padre)

Por casualidad o por causalidad

Así, “por casualidad o por causalidad”, encabeza José Antonio Zarzalejos su crónica sobre el Rey emérito y la Fiscal general del PSOE:

Por casualidad o por causalidad, en el escenario más convulso de la política española de las últimas décadas, la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ha encomendado al fiscal de Sala del Supremo —es decir, la de mayor categoría en el Ministerio Fiscal— que realice nuevas investigaciones para “delimitar o descartar la relevancia penal” de hechos atribuibles a Juan Carlos I. (José Antonio Zarzalejos: Juan Carlos I, otro ingrediente para la convulsión política)

Tú y yo y tantos millones de españoles a estas alturas ya no nos creemos nada de nada.

Ni nos interesan las hipótesis que se están manejando; ni que haya nuevos indicios que permitan reabrir este asunto; ni que el Ejecutivo quiera con ello ¿tutelar? el recorrido judicial del caso; ni que el Rey emérito sea o no un corrupto… 

Nada de casualidad, nada de intenciones puramente jurídicas, nada de inocencia de las partes, sean coronadas o electas, sean eméritos o fiscales progres (sin el presunto).

El riesgo es que en paralelo se inicia un juicio político sumarísimo contra el Rey emérito y que por distintos intereses ideológicos intentará afectar a Felipe VI y a la Monarquía como institución para acentuar la crisis estructural del modelo constitucional. (Carmen Morodo: El juicio político a la Monarquía, ante el Pleno del Congreso)

Lo único que los ciudadanos de a pie vemos tras esta historia es, en primer y alarmante lugar, que el Gobierno sigue buscando desmantelar la nación; y también que quizá el Rey emérito haya metido la mano donde no debía.

Los empellones que sufre la Corona, los graves errores de juicio y comportamiento del Rey emérito con la hostilidad de unos, la indiferencia de otros y los abrazos del oso a la institución de no pocos, introducen la forma de Estado en ese proceso revisionista del ‘statu quo’ del modelo constitucional de 1978 que tanto apetecen algunos.

Sería inútil, por lo demás, apelar a la responsabilidad de la clase política, que ya ha demostrado no tenerla ni en dosis mínimas. (José Antonio Zarzalejos: Juan Carlos I, otro ingrediente para la convulsión política)

No se prepara un juicio al Rey emérito por corrupción, se prepara un juicio al sistema. 

En el que perderemos todos los ciudadanos. 

Y lo demás son florituras de contertulio justificando la paga.

El batacazo

Entre el maremagnum de conjeturas sobre la operación de destrucción de la monarquía, se diría que hay un elemento que refuerza la idea de una campaña orquestada desde el poder con objetivos bien definidos.

Este elemento es el accesorio decorativo preferido de nuestro Gobierno: la cortina de humo.

Hay que tapar como sea lo siguiente:

Los indicadores económicos publicados en las últimas semanas muestran que la caída de la actividad en el segundo trimestre del año no tiene comparación con ningún dato previo de la historia de España.

El desplome del consumo, la producción y la confianza de los agentes económicos muestra la magnitud de la caída. 

La realidad ha superado las previsiones de los analistas de hace solo dos meses, lo que ha obligado a la mayor parte de expertos a recortar sus previsiones. (La realidad económica desborda la previsión del Gobierno y complica su cuadro macro)

Hay que tapar un paro del 25 por ciento y a cinco millones de personas desempleadas el año que viene. 

Y el Rey emérito y sus errores sirven y mucho a los dos propósitos: desviar la atención sobre la que nos espera y acelerar el deterioro del sistema constitucional para destruir la nación tal como la hemos conocido hasta la fecha.

Solo restaba un obstáculo para rematar su plan, que no es otro que volver a las andadas y recuperar la república golpista de Largo CaballeroLa Motorizada de Indalecio Prieto que asesinó a Calvo Sotelo, la del PCE con sus checas y Paracuellos.

Efectivamente, el último dique de contención se llama monarquía. Defender a la monarquía en España es de sentido común viendo como nos fue cuando quisimos – quisieron – hacer experimentos con gaseosa.

Si se cargan al Rey, acaban por cargarse el sistema. (Miquel Giménez: ¿Y Fiscalía de quién depende?)

¿Lo conseguirán? ¿Tú qué opinas? Yo apuesto a que no. Pero para impedirlo tendremos que dejarnos tantas cosas por el camino…

La falacia del falso dilema

Seguirán tratando de convencernos de que quien no esté con ellos y su proceso de destrucción, está contra la igualdad, la solidaridad y la ayuda a quien más lo necesite.

Seguirán con sus argumentos falsos, tramposos, con sus falacias.

El recurso al falso dilema es continuo en el Gobierno y los partidos que lo integran. 

Miguel Ángel Quintana Paz define de manera divertida este tramposo recurso retórico:

El humorista Gila publicó hace años, en la revista La Codorniz, una viñeta donde un padre inquiría astutamente a su hijito: “¿A quién quieres más? ¿A un ogro que te pinche con un alfiler o a papá?”.

La falacia del falso dilema consiste en plantear a nuestro interlocutor dos alternativas como si fueran las únicas posibles, cuando en realidad existen otras. “Cariño, ¿sacarás hoy la basura o es que no me quieres?” 

“O piensas que el islam constituye una religión maravillosa, o es que la odias y eres islamófobo”. (Miguel Ángel Quintana Paz: ¿Son fascistas los antifascistas?)

Si no estás con el Gobierno de socialistas, podemitas, secesionistas y etarras blanqueados, eres un fascista, según la falacia del falso dilema que plantean los miembros de ese mismo Gobierno.

Es legítimo preguntarse si, dado que muchos pensamos que el fascismo es una idea desastrosa, debemos por ello aplaudir a cualquiera que se ponga encima la pegatina de antifascista. (Miguel Ángel Quintana Paz: ¿Son fascistas los antifascistas?)

La Iglesia del coronavirus

Para terminar permíteme una referencia mucho más saludable: el diario del Padre Ignacio Carbajosa, el sacerdote que atendió a los enfermos del Hospital San Francisco de Asís, en Madrid, durante los días más duros de la epidemia.

Acudí a darle la unción de los enfermos. Estaba lleno de tubos, tenía una traqueotomía.

Sé que el último sentido que se pierde es el oído, así que me puse junto a él a recitarle las palabras de la unción, a leerle los evangelios pensando en quién era él, en su corazón, en sus deseos sabiendo que hay un último punto de conciencia que está despierto.

Y en ese momento vi que de sus ojos caía una lágrima.

Ahí está todo el misterio de nuestra fragilidad y de nuestra dignidad. Son cosas que en el hospital se palpan. 

Puedes leer un reportaje sobre este sacerdote en El diario del capellán que vio morir a más de cien personas.

Mientras la Iglesia en España ha estado en modo de enorme ONG durante la pandemia, muchos sacerdotes se han jugado la vida en los hospitales dado sentido al término “cristiano”.

Sin aplausos. Porque no era eso lo que buscaban.

Laus Deo!

En 3 tuits

La vida de España en caracteres escasos:

La cita

Álvaro D’Ors:

Todo lo que no es tradición es plagio. 

Y la imagen

El Roto:

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/