¿Sabías que el primer oficial negro en América del Norte (los EE UU todavía no se habían inventado) fue un mandinga nombrado por las autoridades españolas cuando aquel país era en gran parte español?

Era un esclavo huido de las plantaciones británicas a territorio español. Allí encontró la libertad, se hizo católico y fue bautizado como Francisco. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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¿Y sabías que la primera población de negros libres en América del Norte fue el asentamiento de Gracia Real de Santa María de Mosé, conocido más tarde como Fuerte Mosé, en La Florida? 

¿Sabías que la primera boda interracial celebrada en América del Norte (los EE UU no existían todavía) se celebró en 1565? Los contrayentes fueron un segoviano y una negra libre

Pero cuando América del Norte dejó de ser española y nacieron los Estados Unidos, las bodas interraciales fueron declaradas ilegales. Y así hasta 1967. Hasta esa fecha no se anularon las leyes antimestizaje. 

Desde el océano Ártico al Cabo de Hornos, desde el océano Pacífico al Atlántico, lo mejor de América hunde sus raíces en España.

Y la herencia española, cuyo legado tratan de destruir, fundamenta y explica los grandes valores de aquel continente.

¿Quién es el racista?

Los habitantes de Fuerte Mosé, todos ellos negros huidos de la esclavitud británica, se gobernaban a sí mismos, no tenían más autoridad que sus propios jefes, que estaban amparados por la Corona española, y tenían su propia milicia.

El enclave se convirtió en el primer pueblo de hombres negros libres.

Incrementándose constantemente el número de quienes escapaban de las plantaciones esclavistas de Carolina, el Gobernador de San Agustín, Manuel de Montiano ordena constituir bajo bandera de España, una Milicia Negra, con oficiales de la propia raza. Transcurre el año de 1738. 

Los lidera el Capitán Francisco Menéndez, en otro tiempo esclavo evadido, y con buenos conocimientos militares. 

La Milicia Negra es una fuerza operativa y capaz, habida cuenta de que su calidad de veteranos fugitivos les había dado un buen conocimiento de la zona, mientras que su condición de antiguos esclavos, los hacía valientes y con resuelta voluntad de vencer, para no volver jamás a la servidumbre. (La Milicia Negra libre de la Norteamérica Española)

Estos días gentes que se diría salidas de una nauseabunda mezcla de La naranja mecánicaFarenheit 451 y 1984, e impregnadas del mismo veneno que alimenta al fundamentalismo talibán, destruyen estatuas. Y la Historia revela a través de esa turba dónde está el racista y dónde quien defendió a los oprimidos.

«La ley y las costumbres españolas garantizaban a los esclavos una personalidad moral y legal, así como ciertos derechos y protecciones que no se encuentran en otros sistemas esclavistas», destaca la historiadora Jane Landers en «La nueva historia de Florida» (University Press of Florida, 1996). 

«Tenían derecho a la seguridad personal y mecanismos legales por los cuales escapar de un amo cruel» y «se les permitía poseer y transferir propiedades y presentar demandas legales, un derecho significativo que en América evolucionó al derecho de autocompra», señala Landers, profesora de la Universidad Vanderbilt. 

En este sentido, señala, «el énfasis en la humanidad y los derechos del esclavo, y la actitud indulgente hacia la manumisión incorporadas a los códigos de esclavitud y la práctica social españolas hacían posible que existiera una importante clase de negros libres, primero en España y después en la América española». (La desconocida historia de los negros libres en la Norteamérica española)

En fechas tan tempranas como 1512 España empieza a dictar leyes contra la esclavitud y en favor de los pueblos nativos de América. 

Hoy, los tribunales de justicia norteamericanos están devolviendo las tierras que les fueron arrebatadas [a los nativos norteamericanos] tras la salida de España, y lo hacen al amparo de las Leyes de Indias, el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, y las concesiones otorgadas por el Rey de España, y son afortunadas las tribus que conservan esos títulos, tan antiguos como valiosos. (Borja Cardelús: EE.UU. sin la historia de España)

Las leyes de Burgos (1512) y de Indias (1542) dan origen al concepto de derechos humanos y a la aparición del derecho internacional, gracias la Corona y a personajes y universidades españolas. 

Estados Unidos de España

Hasta los grandes mitos de la historia de Estados Unidos proceden de España:

El mundo del cow boy, con el vestuario vaquero, la vaca, el caballo, la montura, las espuelas, el sombrero, el rancho y el manejo ganadero, es una réplica exacta del modelo ecuestre y ganadero de las Marismas del Guadalquivir, trasplantado al Oeste y popularizado por el cine. 

En puridad, John Wayne es un vaquero de las marismas con un par de pistolas, y ese modelo es radicalmente distinto al de granjero a pie y recogida de heno que trasladaron los pioneros ingleses al Este. (Borja Cardelús: EE.UU. sin la historia de España)

Y junto a los mitos heredados de los españoles, los orígenes de su modo de vida:

Tampoco Texas o Nuevo México hubieran alcanzado su pujanza ganadera de no ser por las vacas, ovejas y caballos importados desde España. Y California no sería la potencia vinícola que es gracias a las uvas misioneras, que introdujeron los frailes españoles en las misiones. (Borja Cardelús: EE.UU. sin la historia de España)

Importantes zonas de Estados Unidos existen tal como las conocemos hoy gracias a España:

Hoy California sería territorio soberano de Rusia, y no de Estados Unidos, porque España penetró en California precisamente para frenar la expansión rusa.

Carlos III dio la orden de ocupar California, lo que se logró en una brillante acción, y España se asentó y desplazó a los rusos, que venían descendiendo desde el Norte. 

Y cuando España se marchó de California y la heredó México, a los Estados Unidos les costó poco trabajo expulsar a los mexicanos, pero no hubieran podido hacerlo con la potente Rusia, y hoy en California no se hablaría inglés. (Borja Cardelús: EE.UU. sin la historia de España)

El genocidio que nunca existió

Estos días la chusma y no pocos de sus portavoces, cargos electos que jamás debieron abandonar la primaria, aventan un supuesto genocidio a cargo de cualquier personaje histórico, con la condición de que no sea Marx, ni Engels, ni Mao, ni Pol Pot, ni Lenin, ni Stalin, ni Dolores Ibárruri, ni Carrillo, ni tantos otros criminales con calles, plazas y monumentos por toda España.

Pero el genocidio de España en sus colonias nunca existió:

La probanza demográfica de que esto no aconteció es el elevado número de nativos, mestizos y mulatos que en América se asientan. 

Véase, por el contrario, la tragedia de los indios norteamericanos exterminados en su práctica totalidad en la conquista del oeste, en el siglo XIX, o la limpieza étnica que realizaron los ingleses en Australia y Nueva Zelanda con los maoríes hasta bien entrado el siglo XX. (José Manuel Azcona: La América hermana)

Las «inocentes» víctimas

Para construir la leyenda negra de los descubridores genocidas es preciso modificar los hechos verdaderos de diversas formas. 

En primer lugar hay que convertir a los habitantes nativos en lo que no fueron:

Se tiende a idealizar la existencia de los pueblos pre-colombinos de América, a los que se dibuja como pertenecientes al paraíso terrenal. 

Se insiste en su alta capacidad de observación astronómica y de su conocimiento matemático, y en las ampulosas pirámides arquitrabadas que construyeron. 

En mi opinión, una catedral gótica contiene progresos y novedades técnicas de elevado y superior rango. (José Manuel Azcona: La América hermana)

En segundo lugar es preciso convertir a los verdaderos genocidas en víctimas:

Se calcula, de forma general, que el promedio de ejecuciones en el imperio azteca estaría en las cien mil anuales con fines ceremoniales. 

El holocausto más grande conocido por la humanidad en menor tiempo tuvo como protagonista al imperio azteca en 1487 cuando, en la inauguración de la pirámide de Tenochtitlán, se sacrificaron a 80.400 personas en un día para calmar la ira de los dioses. Además, aztecas e incas desarrollaron la nefanda costumbre de comer carne humana.

La esclavitud y la violencia extrema sobre otros pueblos enemigos de los aztecas, mayas e incas fue ampliamente desarrollada para ser la base de estos sacrificios y comida, y como abundante mano de obra para la ejecución de sus impresionantes construcciones.

La historiografía científica afirma que la conquista de estos imperios por escasos grupos de españoles dependió del apoyo masivo de otras tribus enemigas de esos imperios. (José Manuel Azcona: La América hermana)

La guerra sucia 

La izquierda nunca se ha caracterizado por el fair play. Al contrario, el barro es su elemento preferido. Y en las guerras culturales es donde más recurre a él.

La destrucción de estatuas en América es idéntica a la campaña de la memoria histórica en España. Mismos objetivos, mismas técnicas.

Lo que está en juego en los Estados Unidos, en Europa y en otros lugares donde esos movimientos radicales se reproducen no es la condena del racismo, que es unánime en las democracias, ni la necesidad de reconocer las injusticias históricas (que por otra parte todos los pueblos han cometido en uno u otro momento), sino la imposición de un pensamiento único que asfixie el debate y destruya la democracia no mediante las bayonetas, sino mediante símbolos, consignas y narraciones pretendidamente liberadoras.

Derribar monumentos es una de las etapas del camino. (Ricardo Ruiz de la Serna: Derribar monumentos)

La destrucción de estatuas en América es idéntica a la campaña de la memoria histórica en España. Mismos objetivos, mismas técnicas.

Se trata de alterar el curso de la Historia para que el presente blanquee su ideología y resulte más cómodo aceptar sus propuestas.

  • En América la izquierda pintarrajea una estatua de Cervantes o derriba una estatua de Colón. 
  • En España “contextualizan” esas mismas estatuas, cuando no las “confinan” en almacenes municipales.
  • Y promueven “investigaciones” de “historiadores” avalados por sus correspondientes “universidades”, que sostienen que Cervantes o Colón eran catalanes, y por lo tanto progresistas.

Derribar estatuas o volar el Valle de los Caídos, América o España, memoria histórica, la guerra sucia de la izquierda.

El derribo de estatuas, los daños a monumentos y los intentos de reescribir la historia forman parte de un proyecto mayor: imponer un supuesto “progresismo” como forma única de pensamiento a través de los distintos dispositivos de control del discurso: la corrección política, la imposición de pretendidas culpas colectivas, la explotación de hipotéticos agravios, el uso del rencor y la indignación para neutralizar los debates, etc. 

Hay evidentes contradicciones que revelan la naturaleza totalitaria de esos grupos radicales al asalto de los símbolos nacionales de los Estados Unidos. Ahí están la condescendencia con el terrorismo (que recuerda a las narraciones políticas post-coloniales), la estigmatización de Occidente y la exaltación de todo lo demás desde el islam radical hasta la Nueva Era, la exaltación de la violencia y, sobre todo, el antisemitismo. (Ricardo Ruiz de la Serna: Derribar monumentos)

En tiempos de barro y guerra cultural sucia es importante conocer la historia. 

La de verdad. La Historia.

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/