De Notre Dame a las iglesias cerradas del coronavirus.

Hace casi un año. La tarde del 15 de abril de 2019 empezaron a llegar las primeras imágenes de Notre Dame ardiendo. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Fue una conmoción, un shock. Incluso para quienes no habían visitado nunca el gran templo parisino. Incluso para los no creyentes. 

Porque estaba ardiendo uno de los símbolos más emblemáticos de nuestra fe, pero también de nuestra historia, la de Occidente, la que aquello que hasta hace no tanto tiempo se denominaba la Cristiandad. Europa.

Casi un año después de esta imagen, otra conmoción. El 14 de marzo  pasado entraba en vigor el estado de alarma. Víspera del tercer domingo de Cuaresma.

Algunos creímos ingenuamente que el Gobierno respetaría la libertad religiosa y de culto. 

Pero aquel domingo la puerta de la iglesia estaba cerrada. 

En un año los cristianos hemos pasado del incendio de Notre Dame al hambre de Eucaristía.

Los que consideramos que la Iglesia sí es un servicio esencial vivimos esta situación con dificultad. Lo ha sabido expresar con acierto José Castro Velarde, presidente de la asociación Enraizados:

Soy un sencillo fiel. No tengo Teología. Hablo sin querer criticar. Solo plasmar lo que siento. Te echo de menos Jesús.

Puedo ir a comprar la comida que perece, con las debidas medidas de seguridad. Pero no puedo ir al Gólgota. Ni te puedo recibir. Esa es la Comida que verdaderamente necesito. La que no se marchita y de verdad me transforma.

No puedo ir a contarte mis pecados para que me los perdones. A darme el baño que de verdad me limpia. A escuchar eso de lo malo que pueda sufrir sea remedio de mis pecados y prenda de vida eterna, incluso aunque sea un virus. (José Castro: Te echo de menos, Jesús)

Testigos

Esta Semana Santa de 2020, en la que tanto se habla de héroes, está llena de testigos de la Pasión.

En Italia, el país que nos lleva una delantera de algunos días en la lucha contra la epidemia, han muerto ya por esta causa cerca de un centenar de  sacerdotes y docenas de monjas:

Conmovió la imagen del sacerdote Cirillo Longo, de 95 años, que murió en un hospital de Bérgamo por el Covid-19, con un rosario, poco después de dar ánimos a los sanitarios que lo atendían, diciéndoles con brazos en alto y manos cerradas como en señal de triunfo: «No tengan miedo porque estamos todos en manos de Dios; nos vemos en el Paraíso; recen el Santo Rosario». Se ha convertido en uno de los símbolos del frente religioso que también ha combatido en primera línea sufriendo la tragedia, contagiados al dar consuelo a los pacientes en los hospitales donde ejercían su ministerio o en residencias de ancianos. 

El padre Aquilino Apassiti, de 84 años, misionero en las selvas de Brasil durante 25 años, se ha ocupado de consolar a los parientes de las víctimas en el hospital Papa Giovanni XXIII de Bérgamo: «En Brasil me enfrenté a la lepra y a la malaria, pero nunca vi escenas de tanto impacto como estas. Es horrible; al final ni siquiera puedes ofrecerles una sonrisa».

Algunos sacerdotes han sido considerados héroes, como el párroco Giuseppe Berardelli, de 72 años, muy querido por sus feligreses de Casnigo (Bérgamo). Su pueblo regaló un respirador, pero renunció para que fuera destinado a otro más joven. (Los curas italianos pagan un alto precio por confortar a las víctimas del coronavirus: 96 fallecidos)

No he logrado encontrar datos acerca de los sacerdotes y religiosos enfermos o fallecidos por causa del coronavirus en nuestro país, pero sí muchas noticias sobre la labor que están haciendo:

Alberto Tejerizo, es el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Salud, pegada al Hospital de Leganés. Cuando el capellán enfermó y tuvo que quedarse en casa, él y otros ocho compañeros se turnaron en el centro sanitario. Esperan en la capilla a que las enfermeras les llamen porque un paciente quiere verles o reciben la petición de los familiares por el busca o por el teléfono habilitado por la diócesis.

El mismo día que eso ocurría, Luis Arbulu, el capellán del Gregorio Marañón, pasaba horas que le parecieron terriblemente angustiosas. 

«Hasta la semana pasada éramos seis pero el sábado a las 11 de la noche me llamaron para que atendiera a un señor muy mayor, y cuando bajé era uno de mis capellanes. Había hablado con él por la mañana y estaba bien, y tuvimos que pararle porque quería ayudar pero tuvo una muerte horrorosa, con el rostro transfigurado. 

Al día siguiente vi a un niño en la puerta de la calle, era uno de nuestros monaguillos cogido de la mano de un cura, que quería saber cómo estaba su padre. A su madre, excepcionalmente, la habían dejado entrar. Y él estaba allí, con otras personas, cada vez más, que esperaban frente al umbral para saber qué había sido de sus familiares, sin esperanza de que nadie les dijera nada pero sin querer marcharse».

«Tenemos el corazón de carne», reconoce, «pero yo entro en la capilla y rezo, y le reprocho y me enfado con Él y lloro, y me da paz». (Ángeles Escrivá: Capellanes hasta por WhatsApp)

La edad de oro del cristianismo

Tom Holland es un prestigioso historiador británico muy alejado de la fe cristiana, autor de Dominio: Una nueva historia del cristianismo, un libro que analiza las raíces cristianas de la Historia, desde Jesucristo “hasta el Liverpool de los Beatles”.Este historiador sostiene que “no somos herederos de Roma, sino de la Edad Media cristiana”:

No somos conscientes de que la mayoría de las palabras que empleamos están cristianizadas de base.

Crecí leyendo a Edward Gibbon, que pensaba que la cristiandad mató al Imperio romano. Una imagen falsa que ignora que fue esta religión la que creó un sentimiento de identidad común para todos los romanos y que incluso cuando cayó el Imperio Occidental permitió que sobreviviera su legado a través de la Iglesia. 

La Europa de la Edad Media [cristiana] fue la primera gran civilización de nuestro mundo y de donde surgieron las demás. La actual Europa no es heredera de Roma y Grecia, sino de la Europa medieval. Occidente nació entonces.

Contra lo que piensan muchos detractores del cristianismo (y algunos creyentes pesimistas), Holland llega a la conclusión de que el cristianismo vive hoy una edad de oro:

Vivimos hoy una etapa de oro del cristianismo como demuestran la cifras anuales de conversiones a esta religión en África e incluso Asia. Las cifras solo decaen en Europa, pero no nuestros valores, nuestros prejuicios, nuestras asunciones… Cabe preguntarse qué ocurrirá en el futuro con esas raíces: si los valores sobrevivirán o se extinguirán sin la religión y si la religión podrá sobrevivir sin Europa.” («No somos herederos de Roma, sino de la Edad Media cristiana»)

Sábana Santa

Este Sábado Santo, a las cinco de la tarde y a través de las redes sociales y la página web de la Archidiócesis de Turín, se transmite una liturgia de oración y contemplación de la Sábana Santa.

Te dejo a continuación el enlace al canal de YouTube:  

Monseñor Nosiglia, arzobispo de Turín:

«El amor es más fuerte: este es el anuncio de Pascua que la Sábana Santa nos trae a revivir y que llena nuestros corazones de gratitud y fe, el amor con el que Jesús nos dio su vida y que celebramos durante la Semana Santa es más fuerte que cualquier sufrimiento, enfermedad, contagio, juicio y desánimo. Nada ni nadie puede separarnos de este amor, porque es fiel para siempre y nos une a él con un vínculo inquebrantable». (Exposición extraordinaria de la Sábana Santa de Turín el Sábado Santo)

El último estudio publicado sobre la Síndone es el del catedrático de la Clínica  Universidad de Navarra, Bernardo Hontanilla, quien señala que “la Sábana Santa de Turín muestra signos de una persona que dejó su imagen impresa en un momento en el que estaba viva”:

Es razonable pensar que si la Síndone cubrió el cuerpo de Jesús a Él le interesaría no solo mostrarnos los signos de muerte sino también de resurrección en el mismo objeto. 

La imagen dinámica que queda impresa en la Sábana podría haberse producido en cualquier momento entre las 18 y 30 horas siguientes a la muerte, pero estando vivo.

Lo afirmo y defiendo científicamente donde sea necesario. Si todos estos signos que aparecen en la Síndone los unimos a todo lo que está escrito en los Evangelios, entonces coincide el cien por cien no solo en la muerte, sino también en la resurrección. Tanto los signos estáticos de muerte como dinámicos de vida están juntos en el mismo objeto. Si la imagen de la Síndone es la de Jesucristo entonces es una prueba para los cristianos de su muerte y resurrección. (Un médico español sostiene que la imagen impresa en la Sábana Santa es la de «una persona viva»)

Si quieres conocer a fondo la Sábana Santa te recomiendo la excelente página web del Centro Español de Sindonología.

¿Miedo del virus?

El Padre Julio Alonso Ampuero, profesor de Sagrada Escritura y director espiritual del seminario de San José, en Lima, expone con claridad las tres circunstancias a que nos puede conducir la epidemia. Quizá te parezca un tanto brusco pero, ¿para qué andarnos con rodeos?

Pueden ocurrir tres cosas (llamémoslas por su nombre, sin tapujos):

    1. Que no nos contagiemos. La Providencia de Dios actuará preservándonos. Pero no basta con que salgamos ilesos. Dios quiere hacernos crecer espiritualmente con ocasión de esta pandemia. Como en el ciego de nacimiento, todo esto es permitido por Dios «para que se manifiesten las obras de Dios» (Jn 9,3).
    2. Que nos contagiemos y curemos. Como en el caso de Lázaro, Jesús nos asegura: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (Jn 11,4). La enfermedad puede hacerte más humilde, más consciente de que dependes de Dios, más apoyado en Él…
    3. Que nos contagiemos y muramos. Nuestro mundo no quiere hablar de la muerte; es una palabra tabú. Pero Cristo ha desactivado el poder destructor de la muerte: «Deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor» (Fil 1,23). Si ha llegado nuestra hora, aceptemos de buena gana la muerte, como un acto de obediencia a Dios, entregando voluntariamente nuestra vida, como Jesús (Jn 10,17-18). (Julio Alonso Ampuero: El antivirus definitivo)

¡Pero qué bien sienta la letra clara y la verdad meridiana!

A qué suena la Semana Santa

¿A qué te suena a ti la Semana Santa?

A mi de noche me suena a la entrada de la Virgen de la Paz, en Sevilla. “El fruto de la Victoria de Cristo es la Paz”, es el lema de la Hermandad.

¿Y de día? De día la Semana Santa me suena a la Pasión según San Mateo, de Bach. Pedro García Cuartango cita al presidente de la Sala de lo Penal del Supremo, el juez Manuel Marchena, quien, sobre la grandísima pieza de Bach, cuenta que “hay lugares donde no se aplaude al final de la interpretación como muestra de respeto y recogimiento interior”:

Escribe John Eliot Gardiner que la «Pasión según San Mateo» de Bach es uno de los más grandes dramas jamás representados y resalta su «colosal fuerza imaginativa». Se pueden agotar todos los adjetivos sobre esta obra que muchos críticos consideran la cumbre de la historia de la música.

Nada de ello resulta útil para explicar la emoción que se siente al escuchar esta Pasión, estrenada en 1729 en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, que sería la voz con la que Dios hablara a la humanidad si algún día se decidiera a hacerlo.

Siempre me he preguntado qué hace diferente a esta obra. La respuesta está delante de la vista: el compositor pretendía no sólo alcanzar la perfección formal sino que además quería que los oyentes viviesen en sus corazones la detención, el juicio y la crucifixión de Jesús.

Bach nos interpela, nos hace sentirnos miserables cuando el coro responde que es culpable a instancias de Pilatos, y luego nos conmueve cuando Cristo se ofrece como víctima indefensa y sufriente para expiar los pecados de la humanidad. (Pedro García Cuartango: No aplaudan, por favor)

Viviremos una Semana Santa viva, llena de testigos, tras un año que empezó en Notre Dame y termina en la UCI. 

Estos inusuales días de Semana Santa no se repetirán tal como los vamos a vivir. Tus nietos hablarán a sus nietos de estos días.

Los que estamos en edad de coronavirus recordamos que de pequeños, en la entrada de todas las casas se podía leer esta frase escrita sobre muy variados formatos y soportes:

Tan recomendable costumbre desapareció, como casi todo lo bueno, a consecuencia de aquel temporal de los años 60.

Fue un tiempo extraño, como de alucinación colectiva, sobre todo si tenías los años justos como para creerte, como se leía en las paredes de París, que debajo de los adoquines estaba la playa.

Años que inocularon en la sociedad la idea de que se habían acabado las normas y las leyes humanas y divinas y que todo es posible y bueno y justo y nadie te puede decir que no y solo tú eliges y decides y lo quiero ahora y lo quiero todo, absolutamente todo.

Años de borrachera mental en los que se fijó el marco social, ideológico, político y hasta costumbrista con el que hemos vivido hasta hoy.

Esos años se llevaron esa frase escrita en la entrada de todas las casas… y la sustituyeron por esa otra:

A ver qué hacemos para terminar de arreglarlo y enderezar de nuevo las cosas, que aunque a veces no lo parezca… ya hemos empezado a poner manos a la obra.

¡Santa Semana Santa!

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/