Hubo un tiempo en que los políticos tenían principios, no asesores de imagen.

Tras finalizar la segunda guerra mundial, un mundo agotado y dolorido emprendía el camino de una reconstrucción no solo material sino moral e ideológica, que precisaba de nuevas ideas en todos los ámbitos.

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En ese contexto, el 6 de enero de 1941 Franklin D. Roosevelt pronunció ante el Congreso de los Estados Unidos su octavo discurso sobre el estado de la Unión. 

La historia conocería aquel discurso como el de “las cuatro libertades” y sus propuestas fundamentaron el mundo que hasta ahora hemos conocido, a través de instrumentos como la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los puntos esenciales del Discurso de las cuatro libertades fueron:

La primera es la libertad de palabra y expresión, en cualquier lugar del mundo.

La segunda es la libertad de cada persona para adorar a Dios a su propio modo, en cualquier lugar del mundo.

La tercera es la libertad frente a la miseria, que, traducida en términos mundiales, significa acuerdos económicos que aseguren a cada nación una vida saludable y en paz para todos sus habitantes, en cualquier lugar del mundo.

La cuarta es la libertad frente al miedo, que, traducida en términos mundiales, significa una reducción a escala mundial del armamento hasta tal punto y de manera tan profunda que ninguna nación esté en situación de cometer un acto de agresión física contra ningún vecino, en cualquier lugar del mundo.

Puedes leer un extracto del Discurso de las cuatro libertades pinchando aquí.

Y en este enlace puedes leerlo completo.

Una izquierda contra las libertades

Hoy los partidos políticos de la izquierda, esa nueva izquierda que fundamenta su existencia no ya en la defensa del más débil sino en el identitarismo, cuestionan esas cuatro libertades básicas:

  1. Hablan de nuevos derechos (que en realidad son derechos ficticios de ficticias identidades) pero cercenan los fundamentales, como la libertad de expresión, cuando tratan de callar a la sociedad civil (el acoso a organizaciones independientes como HazteOir.org).
  2. Acotan y limitan la libertad religiosa y vemos estos días cómo atacan frontalmente la libertad de culto aprovechando el estado de alarma.
  3. Aplican fórmulas económicas reiteradamente fracasadas, por lo que no son capaces de garantizar el bienestar de sus ciudadanos, empujándolos a convertirse en dependientes del poder por medio de las subvenciones, salvo que tengan el coraje de convertirse en héroes que mantienen su libertad a costa de empobrecerse.
  4. Creen que el pacifismo es olvidar la obligación de defender la nación y sus fronteras. Y en plena crisis del coronavirus, Marruecos hace realidad la extensión unilateral de sus fronteras hasta Canarias sin que el Gobierno de España alce siquiera la voz.

Hablemos hoy de las libertades de expresión y religiosa, especialmente esta última.

Dios en el Congreso

La semana pasada, durante su intervención en el Congreso de los Diputados, Santiago Abascal habló de Dios.

Por primera vez en ya ni recuerdo cuánto tiempo, un diputado mencionaba a Dios no para insultarlo o vejar y ridiculizar a los creyentes, sino para pedir su ayuda.

Que se mencione a Dios en el Congreso es un soplo de libertad y ayuda a derribar el muro cada vez más grueso que se pretende levantar para evitar cualquier tipo de manifestación religiosa en las instituciones, como si fuese una prohibición tácita, como si la fe no se debiera mostrar ante el mundo, como si los que creen, los que se sienten reconfortados por su fe tuvieran que volver a las catacumbas.

No somos menos demócratas por permitir que los hombres y las mujeres que representan políticamente a los ciudadanos defiendan que se pueda vivir la fe en libertad y en cualquier lugar, no solo en el ámbito privado. Al contrario. En Estados Unidos, una de las democracias más sólidas del mundo, todos los años el Congreso celebra el Día Nacional de Oración, que alienta a los estadounidenses a orar en ese día. Aquí, en cambio, algo así se consideraría sacrílego. (Ana Velasco Vidal-Abarca: Dios y política)

¿Quién ataca la libertad religiosa?

El Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, que declara el estado de alarma dice así:

Artículo 11. Medidas de contención en relación con los lugares de culto y con las ceremonias civiles y religiosas.

La asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres, se condicionan a la adopción de medidas organizativas consistentes en evitar aglomeraciones de personas, en función de las dimensiones y características de los lugares, de tal manera que se garantice a los asistentes la posibilidad de respetar la distancia entre ellos de, al menos, un metro. (Boletín Oficial del Estado)

El decreto de alarma no prohíbe, ni siquiera impide, ni pone el menor obstáculo a la celebración de ceremonias religiosas, salvo las elementales medidas sanitarias que todos conocemos y aplicamos estos días. Restringe solamente las ceremonias fúnebres, ninguna otra.

¿Por qué entonces funcionarios armados entran en catedrales para impedir el culto, interrumpiendo la celebración y obligando a abandonar el templo? 

¿Por qué se asaltan las celebraciones religiosas en azoteas privadas?

¿Quién es el responsable del asalto a la catedral de Granada?

¿Los policías que lo ejecutaron? 

¿O se limitaron a cumplir órdenes?

Tal vez haya que señalar como responsable a un Gobierno que no sabe explicar sus propias decisiones, y de ahí que esté provocando un monumental lío cada vez que pone en marcha alguna de sus iniciativas, confundiendo a la Policía y la Guardia Civil. 

La prueba está en la mismísima portavoz de la Policía Nacional, que dice lo contrario del decreto de alarma y cree estar cumpliendo con su deber:

La normativa vigente no ampara la realización de este tipo de actividades [religiosas] durante el confinamiento, simplemente es un acto que no ampara la legislación. (Los juristas alertan de excesos policiales en las sanciones por incumplir el confinamiento)

O tal vez tengamos que pensar otra cosa: que el Gobierno deja hacer en cuanto se refiere al recorte de libertades que estamos viviendo estos días. Y en especial a la libertad religiosa y de culto.

José María de Pablo, abogado:

La situación es grave y es necesario un comportamiento responsable de los ciudadanos quedándose en casa. Pero la gravedad de la situación no puede justificar algunos de los excesos policiales que se están produciendo estos días. El decreto ley prohíbe lo que prohíbe, y las fuerzas de seguridad se deben atener a eso, no pueden imponer prohibiciones que no están previstas en el texto del decreto. (Los juristas alertan de excesos policiales en las sanciones por incumplir el confinamiento)

Diversos juristas están cuestionando incluso las multas y las detenciones por incumplir el confinamiento, así que… ¿cómo no nos vamos a preguntar qué hay detrás del asalto a las ceremonias religiosas?

Verdugos y mártires

Quienes quisieran ver en España las iglesias cristianas cerradas (y aun ardiendo), aquellos que tratan de borrarlas de la faz de la Tierra, son los herederos políticos directos de los genocidas de los años 30 del pasado siglo. 

En aquellos años, partidos que hoy existen, como el PSOE y el PCE, o sindicatos como UGT o CNT, fueron los ejecutores de un genocidio por motivos religiosos. 

Todavía no han pedido perdón.

Hoy la Iglesia católica hace memoria de la beata Isabel Calduch Rovira, virgen y mártir, asesinada en 1937.

Clarisa, maestra de novicias en el convento de las capuchinas de Castellón, fue detenida por los milicianos, que la condujeron ante el comité local de Alcalá de Chivert (Castellón).

Estos comités, que proliferaban en ciudades y pueblos de la España republicana, estaban formados por miembros de los partidos arriba mencionados.

Su finalidad era asesinar a cuantos se opusieran a su revolución, exterminar a todas las personas religiosas e implantar su revolución por la fuerza en los lugares que controlaban. 

Durante aquella noche, la beata Isabel fue torturada por los milicianos y al día siguiente, 14 de abril de 1937, la asesinaron.

La asesinaron por ser monja. 

Beata Isabel Calduch Rovira, ruega por nosotros.

En 3 tuits

España hoy, en caracteres escasos:

La cita

Fernando Simón Yarza:

Los ejercicios penitenciales y las plegarias de nuestros antepasados mostraban un grado de ilustración y de cordura muy superior al oscurantismo supersticioso del cientificismo –el auténtico opio del pueblo–. Ante situaciones como la presente, rehuir como pueblo cualquier invocación a Dios constituye una forma de impiedad y dificulta acoger la señal.

Y la imagen

El Roto:

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/