Cuando se publicaba el diario Público en papel, con Ignacio Escolar como director y Jaume Roures como propietario se dijo que era El País para víctimas de la Logse. Prueba de que marchamos a toda velocidad hacia el precipicio, El País, ya ha encogido hasta ser una versión para ‘millenials’ hiperventilados de ese Público.

En una sola semana la directora Sol Gallego-Díaz y la alegre muchachada de la que se rodeó cuando ascendió a la dirección en coincidencia con la victoria de Pedro Sánchez en la moción de censura han arrojado al cubo del reciclaje el poco prestigio que le quedaba al diario, como esos restaurantes afamados que son condenados por servir garrafón.

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La semana letal comenzó con la sentencia del caso de los ERE. El editorial correspondiente no incluyó las siglas del PSOE ni mencionó la palabra socialista. Además, como si aplicase el argumentario enviado por el gabinete de comunicación de Ferraz, destacó que había otras corrupciones peores, porque a fin de cuentas los condenados, dos de ellos antiguos presidentes del PSOE, a los que tampoco nombraba, no se habían llevado el dinero a su bolsillo.

El País publicó un editorial sobre la sentencia de los ERE sin mencionar al PSOE ni nombrar a los condenados, Chavez y Griñán

Entre febrero de 2009 y diciembre de 2011, el periódico progresista dedicó 169 portadas a Francisco Camps por un caso de corrupción (unos trajes) del que fue absuelto por dos tribunales. Por ahora, a los ERE, que han supuesto la malversación de 680 millones de euros, sólo una.

El 23, un tal César Rendueles, filósofo y profesor de sociología en la Complutense, reivindicó el racionamiento aplicado en la Alemania Oriental, donde ahora el partido AfD obtiene sus mejores resultados. Si no aceptamos las “cartilla de racionamiento medioambientales”, Rendueles nos amenaza con “un escenario distópico de ecofascismo y guerra”. El mismo discurso, salvo por lo de ‘eco’, que los tiranuelos comunistas de Europa Oriental o Cuba.

Lo repito: estas cretineces solo pueden cuajar en sociedades hinchadas de colesterol y mala conciencia.

Un tribuno propone recuperar el racionamiento estilo socialista o nos augura “ecofascismo y guerra”

El mismo día, se da el despido de 20.000 empleados del Banco Santander con el siguiente titular “Cura de adelgazamiento”. Es que despido es palabra fascista. Curiosamente, el Santander, aparte de ser un gran anunciante del periódico, lo preside una señora que coincide en la línea editorial de El País con el feminismo y el calentamiento global. “Que parezca un accidente.”

El 24 de noviembre, editorial sobre Venecia en el que la obsesión calentóloga le hace meter a doña Sol la pata hasta la cadera: “Pocos dudan ya de que la subida del nivel de mar, uno de los efectos más graves del cambio climático, está impulsando estos episodios recurrentes”. Como ya contamos aquí, más responsabilidad tienen los descomunales cruceros que penetran en la laguna.

El 26, el artículo en el que otro filósofo asegura que “la heterosexualidad es peligrosa”, con una jerga mezcla de marxismo y feminismo. Poco puedo añadir a lo ya escrito ayer por Candela Sande: ¿qué le ocurriría al periodista que escribiera “la homosexualidad es peligrosa”? Ya vemos lo que les pasa a los cargos electos de Vox por decir que no creen en el concepto de género. Tienes razón, Candela, la ‘prensa de kalidá’ da miedo.

Si se cumple la propuesta de armar a las mujeres, ¿se convertirá la redacción de El País en un salón de película del Oeste?

Sólo un párrafo para justificar el título de mi artículo. En las anteriores elecciones, los progres y algunos clericales reprocharon a Vox que propusiera reforzar la legítima defensa. Rubén Amón, más tarde depurado de El País por defender a Plácido Domingo, escribió una columna contra Vox con frases como ésta: “Vox convierte la legítima defensa armada en el pretexto a la psicosis de una sociedad indefensa”.

Ocho meses después, la gacetilla progresista publica una tribuna en la que su autor propone “que cada mujer tenga una pistola y sepa usarla” para protegerse los machos. A ver si nos enteramos de cuándo a la abuela Sol le parece bien tener armas en casa: ¿cuando se es mujer y se convive con un votante de Vox o, sin más, con un varón? Y los varones que dicen reconocerse como mujeres, ¿pueden también tener armas?

¿Se va a convertir la redacción de El País en un salón del Far West? ¡Qué fritos están los cerebros de algunos que ya no mantienen ni el principio de contradicción ni la memoria reciente!

Con esta línea editorial, el periódico no sólo no cumple su misión de adoctrinar, sino que además camina hacia la irrelevancia

Y no me olvido de que ese mismo día El País publicó un reportaje sobre la preocupación de la dirección de SEAT, no por las amenazas de los golpistas catalanes ni por la bajada de las ventas debido a la crisis o la eliminación del diésel, sino por la participación de 600 empleados en un experimento alimenticio.

Otra pregunta: ¿para qué vamos a vivir tanto si no podremos jubilarnos antes de los 70 años?

El periódico, en el que si te saltabas las páginas de los editoriales, las tribunas y la sección de nacional, encontrabas las novedades culturales en Francia y noticias desagradables para alguno de sus accionistas, ya se ha convertido en un panfleto para militantes acérrimos o para consultar los resultados electorales, porque tiene la mejor web de la prensa española.

En los años 70 y 80, los jefes de El País sabían que para cumplir su misión de adoctrinar a sus lectores (en los primeros años del siglo, el periódico tenía unas ventas diarias de 400.000 ejemplares y cerca de dos millones de lectores los domingos) tenían que ser discretos. Ahora el comportamiento es de gritones histéricos, que aseguran que las mujeres sufren al patriarcado hasta en el retrete.

¿Quién va a pagar por leer estas sandeces y estos insultos al 90% de los potenciales clientes?

Y la semana que viene, tendremos a Greta en Madrid. Voy a hacer acopio de gin-tonics.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).