Se trataría de un virus capaz de convertir embriones humanos en bebés, por obra y gracia del aparato mediático progresista.

Tras la contaminación alimentaria desatada por el brote de listeriosis, los medios de comunicación progresistas no han tardado mucho en buscar relación entre su epicentro, la marca de carnes y embutidos Mechá, y los partidos que sustentan el gobierno de Andalucía.

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Sin duda muchos lectores habrán identificado tan burda falacia, precavidos ante la simpleza de la relación de un gobierno con un virus, que pretende caricaturizar la imagen del nuevo gobierno degenerándola hasta convertirla en la de un ecoterrorista enmascarado. Pretenden difundir la sospecha de que Jesús aguirre  lleva en el maletín decenas de probetas humeantes llenas de listeriosis hasta los topes, precisamente aquellos que diseñan desde sus redacciones, con nocturnidad y alevosía cual va a ser la agenda mediática de la legislatura y la interpretación que deberá darse a los datos económicos y desastres sociales que se produzcan.  

Más allá de esta cuestión, la nefasta situación provocada por el brote de listeriosis ha puesto en evidencia una nueva tergiversación del discurso por parte del aparato mediático de la progresía. Se trata de la repentina sustitución del identificativo «feto» , que en los manuales de estilo de los principales medios de comunicación españoles designaba a todos los embriones humanos, por la enternecedora palabra «bebé» .

La palabra feto, o embrión, se puso de moda en España en las últimas décadas del siglo XX, con el comienzo del proyecto de ingeniería social progresista y la aprobación de las primeras despenalizaciones abortistas. Los medios adoptaron el calificativo técnico para deshumanizar el drama del aborto. Lo hicieron, supuestamente, en ejercicio de su eterna búsqueda de la falsa objetividad e infame precisión léxica.

A día de hoy, sin embargo, la melancólica vuelta de las vacaciones ha parecido inundar las redacciones de los grandes medios españoles, que no dudad en ascender a los que antaño eran poco más que células unidas por azar, a la categoría de bebes. La falacia es clara, asociar las muertes causadas por un virus a la gestión del gobierno de la comunidad autónoma, y la hipocresía moral evidente; utilizar el lenguaje como arma arrojadiza en su asalto a la hegemonía cultural.

Los medios, esa fuerza artificial surgida como contrapoder al servicio de la verdad, y  abandonada al poder como cuarta columna del sistema, seguirá siendo escenario de las más absurdas contradicciones y las más abominables manipulaciones. La televisión seguirá siendo ese mundo paralelo en el que un aborto puede ser un crimen o un derecho en función del signo del gobierno.

Lo realmente dramático, es que en el mundo real, en nuestros barrios y urbanizaciones, hemos dejado que el aborto también pueda ser considerado una tragedia o un alivio, en función de si su concepción ha sido oportuna o inoportuna, de si la criatura es considerada una bendición o un estorbo, de si la persona es considerada un «bebé» o un «feto».

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