Papeletas electorales de Vox.
Papeletas electorales de Vox.

El diario El País ha enviado a unos buzos a fondear entre los votantes de Vox. Bien protegidos por sus trajes, pero con una sana curiosidad científica, se acercan a estos seres que, en definitiva, no son tan diferentes de otros congéneres. ¿Quiénes son y qué piensan los votantes de Vox? ¿Son quince de cada cien españoles ultraderechistas? ¿Qué les lleva a votar a un partido que está en contra de las medidas encaminadas, se dice, a proteger a las mujeres de la violencia? ¿Cómo pueden optar por una formación que mete en la misma frase las palabras “inmigrante” y “crimen” o “paro? ¿Por qué son impermeables a los editoriales de El País? No hay ciencia sin asombro, ciertamente.

El reportaje tiene muchas voces, de sitios muy diversos. Una niña bien de Pozuelo, el ayuntamiento con mayor renta por hogar de España, que inicia sus estudios en Economía Digital. Un domador sin caballos, “ahora no me da trabajo nadie”, que espera recibir los 430 euros de la renta de reinserción a sus 50 años. Un español de madre dominicana, de 24 años, que se alegra de haber salido del ambiente de los inmigrantes: “Los hay buenos, pero son minoría”. Una mujer muy conservadora, con estampitas de San Josemaría y que parece haberse leído el capítulo “táctica” de su libro, Camino. Unos empresarios de la economía enraizada en la tierra, ese bien que fue sinónimo de riquezas y de prestigio, y que ahora zozobra entre el empleo extranjero, dentro y fuera de nuestro país, y las subvenciones de la Unión Europea. Un autónomo con la sensación de dedicar la mitad de su trabajo a engrosar al Estado, un Estado que es cicatero con la gente como él, pero generoso con los políticos y sus adláteres. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Como todo partido de masas (y este lo es), Vox pesca en caladeros muy diferentes. Kiko Llaneras, reconvertido a sociólogo, señala tres grandes grupos en los que Vox obtiene apoyos. Por un lado está el votante más ideológico, expulsado con cajas destempladas por Mariano Rajoy del Partido Popular. Más interesantes son el de las personas que viven en zonas de España relativamente pobres, y con amplias comunidades de inmigrantes, segundo, y el tercero que Llaneras envuelve en una nebulosa de los “perdedores de la Gran Recesión” y que tienen mucho en común con los segundos.

La izquierda corre el peligro de morir de éxito. Ha impuesto su código moral. Ha impuesto incluso su lenguaje. Ha delimitado océanos del discurso por los que está vedado navegar. Un estracto urbanita ha impuesto un sistema de valores para pueblos intercambiables, sin historia ni raíces. Ha señalado a media humanidad como culpable de infinidad de crímenes cotidianos. Ha convertido a nuestros países en pozos de injusticia histórica y a los extranjeros en un salvífico disolvente de la inmundicia propia.

Y hay una parte importante de la sociedad, a izquierda y derecha, que no traga. Y para los que el partido de Abascal, con todas sus excentricidades, es la única voz que les representa. Por último, partidos y medios de comunicación le señalan como un elemento fuera del sistema, lo que le granjea las simpatías de quienes, sencillamente, ya no creen en él.

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José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.