La actriz Lashana Lynch protagonizará la nueva entrega de James Bond.
La actriz Lashana Lynch protagonizará la nueva entrega de James Bond.

En lo que es quizás una campaña de publicidad, los productores de la saga de James Bond han planteado que 007 será interpretado por una mujer negra, la actriz Lashana Lynch.

La falta de imaginación y las ganas de someterse (y difundir) el pensamiento dominante están hundiendo el cine, como prueba la constante caída de audiencia de la gala de los Oscar.

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No sólo abundan los ‘remakes’, sino que además éstos, en vez de mejorar el original, lo trituran. Los siete magníficos (1960) ya fue un ‘remake’ de Los siete samuráis (1954), pero la nueva versión, filmada en 2016, consistió en hacer la misma película dirigida por John Sturges pero con cuotas y presentarlo como la única novedad: un negro (perdón, afroamericano), un latino, un asiático, un indio y una mujer. Igual pasó con el ‘remake’ de Los cazafantasmas (2016) y con Oceans’ 8 (2018), ambas interpretadas exclusivamente con actrices empoderadas. Películas tan ideologizadas fueron rechazadas por el público, como era de esperar.

En Hollywood hay tan poca imaginación y tanta suspicacia que se hacen versiones de los clásicos con repartos con cuotas por sexo y raza

007 no pide permiso, desobedece a sus jefes, mata con impunidad (y clase), seduce a mujeres hermosas y de moral dudosa, viaja en un coche deportivo que nunca se le cala, está atlético sin sudar en el gimnasio y siempre tiene a punto un chiste de genuino humor británico. Si se le quitan estas características, te quedas con el depresivo policía sueco Kurt Wallander.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Sean Connery, GEorge Lazenby, Roger Moore, Tiimothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig, caracterizados como James Bond.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Tiimothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig, caracterizados como James Bond.

Pues ciegos ante la realidad por sus prejuicios y por las exigencias de los inversores, los productores de la saga de Bond han decidido aplicar el mismo bálsamo de Fierabrás elaborado por el #MeToo. Las actrices que aceptaron ganarse en el sofá de Harvey Weinstein su acceso a la fama y riqueza ahora se han convertido en ceñudas guerreras del bien.

Como dijo John Wayne: “muy pocos de los que se llaman progresistas son de mente abierta. Te gritan y no te dejan hablar si no les gusta lo que dices”.

La gracia de 007 es que no cumple las normas. Si se le somete a la corrección política se tiene a Kurt Wallander

Un Bond que no fume ni beba martinis agitados, nunca mezclados, ni mire con desprecio a sus enemigos no tiene ningún interés. Es como poner de 007 a un tipo calvo y gordo con sandalias de dedo. Si ya encima es una mujer… La película recibirá un Oscar a la mejor actriz, pero se estrellará en taquilla.

Ya que Hollywood está consagrado a introducir la diversidad y romper estereotipos, ¿cuándo va a haber un Nelson Mandela o un Barack Obama interpretados por blancos? ¿O una versión de Magnolias de Acero con varones? En vez de Mujercitas, Hombrecitos. O una Blancanieves que sea una china trans y los siete enanitos sean jugadores de baloncesto. O que de Torrente haga Anabel Alonso.

Si ya han borrado de su última película a Kevin Spacey, de quien todo Hollywood conocía sus orgías, y han vetado Lo que el viento se llevó en varios festivales por no ser suficientemente anti-racista, lo siguiente puede ser la retirada de las películas de Bogart, Wayne o Eastwood.

En cierto modo es esperable. Según contaban los críticos-pestiño en los 70, la gente iba al cine a liberarse de los convencionalismos y el aburguesamiento a través de personajes que plasmaban sus deseos más íntimos: el ama de casa que se cree una vampiresa deseada, el hombre apocado que se descarga de sus “lo que usted mande, don Vicente” con el sonido de las espuelas del pistolero más temido al oeste del Pecos…

Las actrices que aceptaron pagar su acceso a la fama en el sofá de Harvey Weinstein ahora son nuestras vigilantas

En una época en que la gente llora en público por los documentales en que unas hienas se comen una cría de cebra, Harry Callaghan, Martin Riggs, Rambo o Escarlata O’Hara son insoportables. Y no digamos sus diálogos:

“—Harry tiene algo a su favor. No siente favoritismos por nadie. Odia a todo el mundo. Ingleses, irlandeses, judíos, negros, indios, chinos. Sólo tienes que nombrárselos-

—¿Y qué opina de los mexicanos?

—Siento por ellos un odio especial.”

Así que guardad vuestros DVD de El sargento de hierro o Ford de Fairlene (“Has pasado demasiado tiempo en las discotecas de los 80 y Village People te ha comido el tarro”). Quizás dentro de unos años se hagan pases reservados de esas películas que concluyan con redadas policiales.

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