Clint Eastwood interpretando a Harry
Clint Eastwood interpretando a Harry "el sucio".

Clint Eastwood (San Francisco, 1930) es, junto con el octogenario Woody Allen, el último cineasta clásico de Hollywood que sigue en activo, con una larga carrera de más de 50 títulos, que van desde los spaghetti-western dirigidos en los años 60 por Sergio Leone hasta trabajos recientes como Sully o Richard Jewell. 

De figuras lacónicas y violentas como el vaquero del poncho o el inspector de policía Harry el Sucio pasó a otras mucho más matizadas en filmes como La fuga de Alcatraz o Los puentes de Madison, demostrando una sensibilidad artística que no hacían presagiar sus primeros trabajos.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Los personajes creados por él -bien dirigiéndose a sí mismo o a las órdenes de otros directores, como Donald Siegel- tienen varios rasgos en común, pero quizá el más destacado en su incorrección política. 

1.- Harry el Sucio contra el relativismo: “Yo no negocio”

El personaje que le aupó a la fama a comienzo de los años 70 fue también el más polémico: un inspector de San Francisco que va por libre para capturar a un sociópata que tiene en jaque a la ciudad. Cada vez que lo detienen, lo sueltan porque ha sido detenido por medios irregulares. 

Violenta y realista, renovadora del género policiaco, Harry el Sucio cinceló el “estilo Eastwood”, frialdad, chulería, frases sardónicas e incorreción política. Harry no se llevaba bien con las autoridades, ni le iban las medias tintas. Como le espeta al alcalde, que quiere llegar a un acuerdo con el asesino: “Yo no negocio”.

Es mítico el diálogo con un delincuente al que Harry encañona con su pistolón: «Sé lo que estás pensando: ¿Fueron cinco tiros o seis? Con todo este alboroto he perdido la cuenta. Pero siendo ésta una 44 Magnum, el revólver más poderoso del mundo que podría volar tu cabeza, la pregunta que te tendrías que hacer es esta: ¿Me siento con suerte hoy?».

2.- Elogio de la virilidad… y la paternidad

Bestia negra de feministas, feminazis e ideólogos de género, Clint ha sido un icono de la virilidad y los valores asociados a ella. Sin embargo el retrato más profundo de la figura del varón -y del padre- no lo hace en sus personajes de policías implacables o correosos sargentos de marines. Sino, de forma indirecta, en un héroe paradójico -el recluso encarnado por Kevin Costner que se evade y secuestra a un niño en Un mundo perfecto-.

Pese no ser un santo precisamente, el evadido representará para el pequeño, que ha crecido sin su progenitor, la figura del padre. A lo largo del viaje que hacen juntos Costner corta simbólicamente el cordón umbilical, saca al niño de la urna de cristal de la madre y lo lanza al mundo. El chico no puede madurar sino crece, y crecer significa sufrir. Como explica la jurista María Calvo en libros como Padres destronados o La masculinidad robada, el niño no alcanzará la confianza en sí mismo, si no se ve estimulado por la exigencia del padre, y urgido por la autoridad del padre. Todo ello lo encarna, de forma sutil, el personaje de Kevin Costner en Un mundo perfecto.

El matón a sueldo de “Sin perdón” se juega la vida por defender a unas pobres prostitutas

3.- El pistolero sin perdón

Estrella de spaguetti-western rodados en Almería en los años 60  (La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo), sus personajes demasiado esquemáticos cobraron hondura dramática de los westerns de madurez, como El jinete pálido o Sin perdón. Especialmente en este último, donde encarna a un expistolero que trata de rehabilitarse trabajando en su granja y cuidando de sus hijos. Aceptará un último trabajo de pistolero para superar sus problemas económicos. 

Pero resulta que el matón a sueldo se juega la vida por defender a unas pobres prostitutas, y trata de luchar contra el fatal destino que le persigue y su deseo de cambiar de vida.

4.- Caballero andante disfrazado de racista malhablado

El retrato del caballero andante oculto tras una capa de violencia que ya había ensayado en el western, quedará completado con Gran Torino, uno de sus mejores filmes. Aquí no se pone al servicio de una viuda, como los caballeros medievales, pero sí del débil: un joven inmigrante asiático. Clint encarna a un veterano de la guerra de Corea, que acaba de enviudar, gruñón y amargado, y que contempla con desagrado como los “amarillos” llenan una ciudad de la América profunda poblada antes por trabajadores blancos. 

Clint pasará de rechazar al chico asiático a defenderlo de las bandas juveniles, con un final épico, después de haberle enseñado a comportarse como un hombre. Como todo caballero andante, tiene un corcel, su Ford Gran Torino modelo 1972; y rinde homenaje a una dama, su difunta esposa. 

5.- Dudo, luego existo

En los filmes de las últimas décadas -desde Sin perdón (1992)-, los personajes interpretados por él mismo o por otros actores a los que dirige ya no son tipos expeditivos o héroes de pura acción y cartón piedra, sino seres humanos que dudan o tienen miedo -aunque lo esconden pudorosamente-. 

Conforme a Clint el Sucio le salieron canas y le empezaron a doler las articulaciones abordó conflictos morales, para los que no siempre tenía respuesta. Por ejemplo:

– Los abusos de infancia en la terrible y sombría Mystic River. 

– El horror de la guerra y el carácter relativo del heroísmo en Banderas de nuestros padres. Por cierto, contó esa misma batalla por una isla del Pacífico, desde el punto de vista de los japoneses, con actores japoneses: Cartas desde Iwo Jima. El mismísimo Clint Eastwood… para que luego digan que es patriotero y maniqueo.

La eutanasia en Million dollar baby sobre una chica boxeadora (Hillary Swank) que prepara un veterano entrenador (Clint Eastwood). No la defiende, no la justifica, simplemente muestra la dureza del dilema moral que se plantea en la película.

El factor humano y el peso de la responsabilidad, en una de sus últimas grandes películas, rodadas en la ochentena: Sully, sobre el piloto que en 2009 logró hacer un aterrizaje forzoso de su avión averiado en el río Hudson, con 155 pasajeros a bordo. Se centra no sólo en la arriesgada maniobra del piloto (encarnado por un Tom Hanks canoso y con bigote, como el Sully de la vida real) sino también en la investigación de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte que, basándose, en simulaciones informáticas, afirma que el avión podría haber aterrizado de manera segura en otros aeropuertos.

Con el final de Sully, Clint demuestra que la heroicidad no está reñida con el miedo

El piloto Sully nada tiene que ver con el testosterónico sargento de hierro o con el inspector Callaghan de Impacto súbito. Es un hombre corriente que tiene dudas (como Gary Cooper en Solo ante el peligro). Un profesional, en el ocaso de su carrera, que ve peligrar su prestigio y su licencia de piloto por el aterrizaje del Hudson. 

Con el desenlace, Clint demuestra que la heroicidad no está reñida con el miedo, que la veteranía es un grado, que frente a las máquinas siempre nos quedará la pericia humana. 

Y que ya casi no quedan hombres con bigote. Ni sin él. 

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.