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La crisis producida por el coronavirus ha puesto aún más de relieve la batalla de las élites globales por el control de la narrativa. Este control ha permitido a los dueños del mundo ahondar como nunca en la pseudorealidad que les asegura sus cuotas de poder y mantener al resto en una situación de cierto reposo latente con el fin de mantenerlos en la ignorancia.

Pero con el COVID-19 lo que ha resultado es que, dado el nivel de hastío de gran parte de la población por la crisis financiera cuasi perpetua y la corrupción de los gobernantes nacionales e internacionales, la sociedad está empezando a desconfiar en los organismos de propaganda del sistema. La crisis de credibilidad de los medios de comunicación siempre ha sido una constante en la era posmoderna, pero se disparó en especial desde el surgimiento de conceptos como “fake news” (bulos, en español) o “postverdad”.

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¿A qué se debe este hecho? Hay múltiples factores que lo explican, pero lo más evidente es la burda utilización de los medios de comunicación de masas como generadores de cortinas de humo para beneficio de empresarios que instauran a través de ellos un espejo en el que desean que la sociedad se refleje y que deje de pensar que hay algo más allá de lo que se le está diciendo.

La crisis producida por el coronavirus ha puesto aún más de relieve la batalla de las élites globales para el control de la narrativa

La manera en que ha reaccionado el mundo, los medios de comunicación y las naciones más poderosas del planeta ante la crisis del coronavirus ha hecho despertar a una gran cantidad de ciudadanos del letargo.

La información que nos llega es contradictoria, errónea, falseada, interesada… Nada nuevo bajo el sol, eso es cierto, pero en este caso ha ocurrido algo nunca antes visto: ya se habla abiertamente de Nuevo Orden Mundial.

Sí, lo que por muchos años ha sonado como algo intangible, etéreo o inconcreto –algo propio de locos, prácticamente– ha resultado ser finalmente verdad. Y por muy extraño que parezca, son los gobernantes y algunas multinacionales los que ya hablan abiertamente de este concepto, de esta “nueva normalidad” como la han denominado. Bonito eufemismo… pero no es más que eso, un eufemismo.

¿Qué relación tiene todo esto con la pandemia? Es lo que vamos a ver.

COVID19, ¿contagio natural o invento del ser humano?

El origen del nuevo coronavirus es en sí un ejemplo de esa batalla por la narrativa a la que hacía referencia al comienzo del texto.

Una vez China confirmó el estallido del brote a finales de diciembre de 2019, vimos cómo la Organización Mundial de la Salud (OMS) minimizaba la capacidad de daño del virus y recomendaba no tomar precaución alguna ni restringir el tráfico de personas dejando las fronteras abiertas. Esto resultó ser un craso error que miles de personas por todo el mundo han pagado con su vida. Recientemente hemos sabido que Taiwán, por orden de su ministra Tsai Ing-wen, ya informó poco después del brote en China de la gravedad de la situación, pero la OMS, comandada por el marxista declarado Tedros Adhanom, hizo caso omiso de la advertencia.

Como curiosidad, cabe destacar que Taiwán no es miembro de la OMS por las presiones de China ante el conflicto diplomático que mantienen ambos países por el deseo expansionista del gigante asiático.

Tras el brote, estalló la batalla por la (des)información. Recibimos constantemente un bombardeo informativo que no deja ver más allá de lo que nos cuentan: número de muertos e infectados en tiempo real como si de estadísticas deportivas se trataran, políticos echándose la culpa unos a otros… el típico circo mediático al que nos tienen acostumbrados, solo que potenciado.

Mientras, la pregunta que todos nos hacemos es: ¿de dónde demonios ha salido este virus que ha bloqueado el mundo de la noche a la mañana?. La respuesta no está en los medios de comunicación habituales, tampoco es posible señalar con exactitud el origen, pero pueden rastrearse ciertas pruebas que ayuden a, al menos, comprender qué intereses económicos y políticos hay detrás de todo esto.

Siguiendo la pista a una cepa

Hay varias vías de investigación de este virus. Una, digamos, internacional y, otra, “made in China”. Una no excluye a la otra, como veremos.

La vía internacional comienza cuando la OMS notifica acerca de una nueva cepa de coronavirus en el año 2012 en Arabia Saudí que se mantiene activa hasta el año 2013. En ese momento, las referencias a la misma desaparecen hasta que sale a la luz el nuevo COVID-19. ¿Qué ocurrió en todo ese tiempo?

El 4 de mayo de 2013, el Laboratorio Nacional de Microbiología de Winnipeg MB, Canadá, recibió el novedoso coronavirus del Centro Médico Erasmus de Rotterdam, Países Bajos.

El doctor Frank Plummer, experto internacional en la lucha contra el virus del ébola, lo confirmó en un artículo el 14 de mayo de 2013. En el laboratorio canadiense trabajaba una pareja de científicos chinos que robaron esta cepa y otras, como la del ébola, y se las llevaron a China. Se teme que esa pareja fueran realmente agentes encubiertos del Partido Comunista Chino.

Algo que llama la atención es que tanto el doctor Plummer como el doctor Salama, director ejecutivo del Departamento de Salud Global de la OMS, han muerto hace apenas dos meses en plena crisis del coronavirus. El primero de un infarto y el segundo de “muerte repentina”.

Ya se habla abiertamente de Nuevo Orden Mundial. Sí, lo que por muchos años ha sonado como algo intangible, etéreo o inconcreto –algo propio de locos, prácticamente- ha resultado ser finalmente verdad

Sigamos con el viaje temporal. En 2014, se construyó en Wuhan un laboratorio franco-chino para el estudio de virus infecciosos. Puede tener relación o no, pero Francia fue de los primeros países en descartar que el COVID-19 viniera de Wuhan en China. ¿Por qué lo aseguraron categóricamente sin mostrar prueba alguna?

En 2015, la empresa británica Pirbright patentó una vacuna contra el coronavirus. Esta empresa ha sido financiada por la fundación Bill y Melinda Gates.

En ese mismo año, Bill Gates impartió una conferencia en TED en la que avisó de los peligros de una posible pandemia que podría llegar a matar a unos 30 millones de personas en todo el mundo. En otra conferencia señaló que se podría reducir el crecimiento de población mediante el uso de vacunas, el sistema de salud y la “salud reproductiva” (eufemismo para no decir aborto). Sí, así lo dijo.

Tanto Bill como Melinda Gates son unos apasionados del control de natalidad, como otros tantos miembros de la élite empresarial y política mundial. Entre ellos, Felipe de Edimburgo, el marido de la reina Isabel II de Inglaterra, quien dijo, textualmente, “si pudiera reencarnarme, me gustaría volver como un virus mortal con el fin de contribuir a resolver la superpoblación”. Este señor aboga por reducir la población mundial a dos mil millones de personas, lo que supone eliminar a cinco mil millones.

Como podemos comprobar, parte de la élite que gobierna el mundo es una entusiasta genocida.

Vamos ahora al rastro “made in China”.

La doctora china Shi Zhengli es una experta reconocida a nivel internacional en el coronavirus trabajando durante años en el Instituto de Virología de Wuhan. El virus que nos ocupa está presente en la naturaleza en muchos animales, incluido el ganado del que nos alimentamos, pero no tenía la capacidad para mutar e infectar al ser humano.

No, al menos, hasta que Zhengli consiguió entre 2010 y 2013 modificar algunas de las proteínas del coronavirus salvaje para que pudiera afectar a organismos diferentes a los murciélagos, entre otros. Según demuestra en sus estudios científicos, las pruebas fueron positivas en chimpancés, organismos biológicamente semejantes a los seres humanos.

En 2015, el científico Declan Butler llamó la atención en la revista Nature sobre lo extremadamente peligroso que es el hecho de haber modificado un virus semejante en laboratorio con un claro potencial para el uso militar en la guerra biológica.

¿Es posible que la doctora Zhengli pudiera haber terminado su trabajo con algunas de las cepas previamente tratadas en Canadá provenientes de Rotterdam? Es más, en esos años realizó varios viajes a países como EE. UU. y Canadá. ¿Con quién se encontró en esos viajes? ¿Puede haber una relación entre ellos?

Soros y China

Todo indica que el virus que estamos sufriendo ha sido creado en laboratorio, a pesar de que todavía seguimos siendo bombardeados con noticias que niegan todas las evidencias y que insisten en la transmisión natural de pangolines y murciélagos. La última en defender esta tesis ha sido la OMS, pero su extraña relación con China resta toda credibilidad a esta afirmación.

Como sea, queda claro que detrás de este virus también existen unos intereses comerciales, como es habitual. Y, en este caso, quiero fijarme en la figura del multimillonario de origen húngaro George Soros.

El magnate George Soros / EFE
El magnate George Soros / EFE

Según un informe de la Comisión de cambio y valores de Estados Unidos del primer tercio de 2011, el fondo de George Soros (Soros Fund Management) invirtió en la empresa Wuxi Pharmatech Cayman enfocada en productos biotecnológicos y creada en Shanghái en el año 2000. En el año 2008, la empresa compró App Tech.

Un año después de esta inversión, Wuxi construyó un laboratorio en la ciudad de Wuhan (concretamente en el número 666 de Gaoxin Road East Lake), la misma ciudad donde se encuentra el Instituto de Virología y en donde, supuestamente, estalló todo.

Wuxi App Tech es una empresa que trabaja, en especial, en tres campos: terapia genética y celular, vectores virales y productos virales. En resumen, se especializa en bioingeniería y en la producción de tests virales.

Esta empresa se encuentra muy cerca de laboratorio P4 de alta seguridad en el que se habría tratado el actual COVID-19. Este laboratorio pertenece al Instituto de Virología de Wuhan que, a su vez, pertenece a la Academia China de Ciencias. El director del laboratorio es Yuan Zhiming quien fue el responsable de la creación de la ciudad científica de Wuhan. Antes hablamos de Francia, resulta que el país galo fue el que diseñó el laboratorio P4 de Wuhan. ¿Niegan toda relación entre el COVID-19 y China para eliminar toda hipótesis que guíe hasta ellos?

Yuan Zhiming colabora con Jiang Zhicheng, hijo de Jiang Mianheng, hijo de Jiang Zemin, ex líder supremo del Partido Comunista Chino. Zhicheng (nieto de Zemin) es el responsable de Wuxi App Tech, dueña de la farmacéutica Fosun asociada a la norteamericana Gilead en la producción de Remdesivir, uno de los fármacos que se están testeando en este momento contra el coronavirus.

Soros invirtió en eso hace años. ¿Sabía algo?

Pero el multimillonario no solo tiene intereses en China. En mayo de 2019 compró acciones de Grifols –multinacional española radicada en Cataluña–, por un valor de 38 millones de euros. Esta empresa está enfocada en productos hemoderivados (plasma sanguíneo, etc.). Poco después, entra Capital Group con una inversión de 400 millones de euros. A su vez, la empresa Genómica (también con una de sus sedes en Wuhan) saca al mercado español el test para el coronavirus COVID-19. Genómica pertenece a PharmaMar que se alía con Grifols en la esfera internacional para luchar contra el coronavirus. Organismos supranacionales ya han firmado acuerdos con ambas empresas. ¿Resultado?

Revalorización de estas empresas por encima del 35% para Grifols y por encima del 28% para PharmaMar. Negocio redondo en poco más de seis meses de inversión para Soros y otros inversores que le siguieron. ¿Casualidad? Saquen ustedes sus conclusiones.

Las consecuencias políticas del coronavirus

La respuesta de la élite no se ha hecho esperar, es como si esta pandemia les hubiera caído del cielo.

Organismos internacionales como la OMS, la ONU, la Unión Europea y un largo etcétera ya hablan abiertamente de cesión de soberanía a estos entes para poder hacer frente a “los retos que plantea para la salud pública” este virus, según nos comentan.

Políticos como el presidente español, Pedro Sánchez, son conocidos por ser títeres de los globalistas como George Soros y los fondos de inversión. Es más, Sánchez se ha reunido en numerosas ocasiones con el magnate sin dejar constancia a pesar de los requerimientos por parte del Comité de Transparencia. Ha declarado las reuniones como “secretas”. ¿Acaso la transparencia no es un requisito clave para hablar de democracia? Vemos que la están erosionando cada vez más y sin control alguno.

Los políticos títeres de los globalistas totalitarios ya se han quitado la careta. El presidente Pedro Sánchez decía lo siguiente: “La pandemia tiene como objetivo acelerar cambios que ya venían de hace años: el cambio en el teletrabajo, en el consumo, hacia la digitalización y la automatización, hacia formas de gobernanza mundial”

Pero en la órbita de Soros no solo está Pedro Sánchez. También se encuentran la ministra de Exteriores González Laya, el exministro de Industria Miguel Sebastián, periodistas de Eldiario.es, plataformas de libertad de información, organizaciones, fundaciones… El entramado es imposible de detallar aquí pero penetra en todas las capas de las sociedades.

Los políticos títeres de los globalistas totalitarios ya se han quitado la careta. En las últimas semanas, la portavoz del gobierno social-comunista español ha hablado abiertamente de Nuevo Orden Mundial. En la sesión de control del 22 de abril, una parte del discurso del presidente filtrado a los periodistas por parte de La Moncloa, decía lo siguiente: “La pandemia tiene como objetivo acelerar cambios que ya venían de hace años: el cambio en el teletrabajo, en el consumo, hacia la digitalización y la automatización, hacia formas de gobernanza mundial”. Sánchez, en el estrado, cambió “objetivo” por “efecto”, pero los medios ya habían transmitido el mensaje original. Se les escapó el matiz que desmonta todo su relato.

Sí, exactamente el discurso filtrado indicaba que la pandemia tiene como objetivo todo eso. Eso quiere decir que hay una intención clara detrás de ella con la intención, como han dicho, de modificar radicalmente el mundo conocido mediante ingeniería social.

Uno de los más entusiastas de esto es, nuevamente, Bill Gates, quien está financiando el proyecto ID2020 para el control digital de toda la humanidad y una especie de tatuaje formado por polímeros y azúcares que serviría para identificar quiénes han sido vacunados y quiénes no. Esto se implementaría a la par que la vacuna universal de Bill Gates subvencionada y promocionada por la élite política y financiera mundial. Mediante estos dispositivos el Estado tendría un control absoluto sobre la población y acceso total al registro de cada individuo (información laboral, sanitaria, económica…).

La humanidad está al borde de un precipicio nunca antes visto ni imaginado donde el control será prácticamente absoluto.

Nos encontramos ante una élite globalista que desea subyugar la economía y política mundial bajo su cetro de mando.

Juntos podemos evitarlo si la humanidad despierta del letargo del materialismo individualista al que nos llevan sometiendo décadas. No es tarde si reaccionamos ya. La libertad bien lo merece.

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