El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.
El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.

Corea del Norte es uno de los países más represivos y más hostiles hacia la libertad de religión. En el norte de Corea la creencia no existe porque el régimen ejerce una influencia absoluta sobre la sociedad y un control absoluto sobre los sitios en los que «se puede» practicar el culto.

En la práctica, el régimen de Corea del Norte trata a la religión como una amenaza, particularmente las religiones asociadas con Occidente, como el cristianismo y se sabe que arresta, tortura, encarcela e incluso ejecuta creyentes religiosos. El país mantiene a 120.000 prisioneros, de los cuales la mayoría son cristianos, en campos de trabajos forzados, violando sus derechos básicos como la libertad de religión.

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Los que son cristianos o tienen generaciones anteriores de parientes que eran cristianos, por lo general están en la clase «hostil»

Según el informe de la libertad religiosa de la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada Internacional,  el estado de «Songbun» está determinado por los antecedentes familiares, y los que son cristianos, o tienen generaciones anteriores de parientes que eran cristianos, por lo general están en la clase «hostil». Para los norcoreanos existen tres clases: la clase «núcleo» o leal, la clase «vacilante» y la clase «hostil», esta última con 51 subcategorías.

Corea del Norte mantiene 120.000 prisioneros en los cuales incluye cristianos encarcelados por poseer una Biblia, celebrar reuniones de oración en sus hogares o participar en otras actividades religiosas.

Ya en el año 2014, la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas sobre Corea del Norte, establecida el año anterior por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, publicó un informe que concluía que Corea del Norte estaba cometiendo crímenes de lesa humanidad.

El régimen, según la investigación, «considera la propagación del cristianismo como una amenaza particularmente grave»

El informe, de 400 páginas, concluye que «hay una negación casi completa del derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, así como el derecho a la libertad de opinión, expresión, información y asociación».

El régimen, según la investigación, «considera la propagación del cristianismo como una amenaza particularmente grave» y, como resultado, «a los cristianos se les prohíbe practicar su religión y se los persigue». Se imponen severos castigos a «personas atrapadas practicando el cristianismo».

La solidaridad de los cristianos occidentales se ha dejado ver en varias ocasiones, como por ejemplo, cuando más de 32.000 alumnos estadounidense se reunieron al empezar el año en el acto Passion Conferences en Atlanta y Washington DC  donde recaudaron más de 100.000 dólares para distribuir biblias en Corea del Norte.

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