El celebérrimo tenor español abandona la Met Opera de nueva York, acosado por la furia feminista. El cantante tenía previsto actuar durante la presentación de Macbeth en el escenario neoyorquino.

La Metropolitan Opera House de Nueva York, una de las más reputadas de Los Estados Unidos, ha anunciado el cese de la colaboración de Plácido Domingo en sus escenarios. El motivo, tal y como ha trascendido a los principales medios de comunicación locales, es la furia desatada por el colectivo feminista tras la difusión de las 20 denunciadas por acoso sexual presentadas contra Plácido Domingo.

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Fiel a su estilo, el español ha asegurado muy elegantemente que “A pesar de rebatir taxativamente las recientes alegaciones en su contra, se encuentra preocupado por un clima en el que se condena a la gente sin el debido proceso.” El madrileño a añadido que “tras una reflexión he decidido que mi aparición en esta producción de «Macbeth» restará atención al duro trabajo de mis colegas sobre el escenario y detrás de él”. Motivo por el que habría facilitado un acuerdo con la institución para el cese de sus interpretaciones.

A pesar de que el tenor se ha mostrado “feliz de que a la edad de 78 años todavía pueda cantar el maravilloso papel principal en el ensayo general de Macbeth” esta será su última actuación en el escenario de la Metropolitan.

A pesar de rebatir taxativamente las recientes alegaciones en su contra, se encuentra preocupado por un clima en el que se condena a la gente sin el debido proceso.

A penas unas cuentas semanas después de que Associated Press desvelara las acusaciones por acoso sexual vertidas contra el cantante, el feminismo radical ha logrado alejar a Plácido Domingo de los tableros a la edad de 78 años, tras décadas de actuaciones en todos los rincones del mundo. El artista había sobrevivido a dictaduras, catástrofes, competencia profesional y hasta al mismo paso del tiempo, pero no ha podido contra el feminismo inquisitorial.

Este supone el último episodio ejemplar de la persecución supremacista feminista contra la disidencia igualitaria. En este caso, el objetivo ha sido una referencia masculina reconocida internacionalmente. Su figura supone el altavoz perfecto para visibilizar el poder de la mujer del S.XXI.

Un poder capaz de trascender a la justicia, dictar sentencia previa y arrebatar a un acusado mucho más que su libertad; su trabajo, su honor y su alma. No hay reinserción posible en delitos machistas, no hay redención, ni perdón para Plácido Domingo. Debe pagar el precio de su masculinidad, y su tribunal conoce muy bien su labor; acabar con su presunción de inocencia. Con el feminismo hemos topado.

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