Raquel y Nabil durante sus primeros años de matrimonio

«Por las conversaciones que leí en el sumario, le decía a nuestro hijo que debía ser un muyahidín, que había niños más pequeños que él  luchando en Siria, que él era un hombre y debía estar con él y con sus hermanos«.

Con esta frase, Raquel Alonso (Madrid, 1970) explica las atrocidades que leyó en el sumario de la operación Gala donde estaba implicado Nabil Benazzou, el que había sido el “amor de su vida”.

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Sí, el maravilloso esposo y el padre ejemplar había querido llevar a la muerte a su hijo de tan sólo 13 años. Después de 20 años de feliz matrimonio, Raquel vivió en su propia piel y durante tres años el horror del yihadismo. Tuvo que dejar de lado sus creencias cristianas para fingir su conversión al islam. Todo por proteger a sus dos pequeños.

Y, es que, el marido de esta madrileña de ojos azules y de costumbres occidentales, formaba parte de la Brigada Al Andalus, dirigida por Lahcen Ikassrien, entrenado ni más ni menos que en Afganistán. De hecho, Ikassrien fue preso de Guantánamo.

Nabil fue detenido en junio de 2014. A diferencia del resto de las esposas de los miembros de la célula, Raquel no declaró en el juicio a favor de su marido. Un hecho que sigue teniendo todavía consecuencias para ella. Hace unos días fue intimidada por un hombre con capucha en su portal.

Cuatro años después, el dolor sigue siendo el mismo. Por esa razón Raquel Alonso ha decidido escribir el libro ‘Casada con el enemigo'(Editorial Espasa) con el que pretende alzar la voz y denunciar que hay muchos más casos como el de ella.

Actuall ha charlado con ella para conocer de cerca su historia.

En  los primeros años de matrimonio, ¿qué relación tenía Nabil con el islam?

Fue una relación de absoluta normalidad. Él era musulmán, pero no demasiado practicante. Lo único con lo que cumplía de los cinco principales pilares del islam, era el Ramadán, pero no rezaba, bebía alcohol, iba a la playa y no noté ninguna diferencia con mis ideas. Era maravilloso, teníamos una comunicación increíble y siempre sentí que era una privilegiada.

Asegura que Nabil era un buen hombre, ¿qué pasó para que todo cambiara?

Siempre fue un buen hombre. No solo era una buena persona, sino que nunca destacó por ninguna ideología concreta, ni política, ni de fútbol. Era muy tolerante y respetuoso con los demás.

¿Pero?

Pero falleció su padre en el año 2011 y empezó a acercarse a la mezquita. Quería rezar por el alma de su padre, algo que a mi me pareció totalmente normal. Sin embargo, allí conoció a una persona que le dijo que era fantástico que se acercara a la mezquita pues el rezo en grupo es más fuerte ante Dios. A la semana ya estaba rezando las cinco oraciones en la mezquita.

Entonces, ¿cree que le adoctrinaron en la mezquita de la M-30? ¿Y cuánto duró ese adoctrinamiento?

Yo pienso que exactamente no fue la mezquita. Lo que ocurrió es que a la célula la conoció allí, pues campaban a sus anchas por el lugar, captando posibles nuevos yihadistas para enviarles a zonas de conflicto. El cambio de ideología  fue rápido, en un mes. Se convirtió en otra persona, en un completo desconocido para mi, pero las pautas de adoctrinamiento y su formación duraron tres años hasta su detención.

Aprovecharon su momento de debilidad (la muerte de su padre) para su radicalización…

Sí, aprovecharon ese momento en el que él necesitaba consuelo. Consuelo de los suyos, de personas de su misma cultura que le entendieran. A pesar del apoyo que le prestamos por parte de mi familia, no fue suficiente.

¿En qué tipo de comportamientos se dio cuenta de que ya nada volvería a ser como antes?

El primer cambio fue en su carácter. Se volvió una persona silenciosa, no hablaba, perdió su sentido del humor. Ya solo gritaba, estaba continuamente irascible, cuando él nunca fue así.  Empezó a cambiar su aspecto físico, se dejó barba, y cuando iba a la mezquita ya utilizaba chilaba. Después empezaron la imposiciones y el cambio en el ámbito doméstico.

¿Nunca antes le había dicho lo que tenía que hacer?

Jamás. Fuimos una pareja que nunca se prohibió nada.

«sentí que traicionaba mis ideas, a mi Dios, que iba poco a poco perdiéndolo todo de mi, ya ni me reconocía»

¿Se dio cuenta de que a usted también quería adoctrinarla?

Sí y fue lo más duro. No solo quería adoctrinarme a mi, sino a mis hijos también. La vida cambió totalmente para nosotros y, en especial para mi, pues la única forma de proteger a mis hijos era someterme.

Y de repente se tiene que convertir al islam, ¿sintió que traicionaba a Dios por el hecho de ser católica?

Realmente no me convertí al Islam, solo fingí una conversión con el fin de apaciguar la situación que teníamos en casa y ganarme su confianza para que dejara la educación religiosa de los niños en mis manos y que fijara su adoctrinamiento hacia mi. Cosa que conseguí. Pero durante tres años tuve que cumplir sus normas e imposiciones, fue una auténtica tortura psicológica. Y efectivamente, sentí que traicionaba mis ideas, a mi Dios, que iba poco a poco perdiéndolo todo de mi. Ya ni me reconocía.

Vivió en su propia piel ser mujer en una religión como el islam, ¿qué es lo que más le llamó la atención?

Bueno hay que diferenciar el islam, del radicalismo y de organizaciones terroristas, porque  no tienen nada que ver. Es más, creo que el terrorismo yihadista hace mucho daño a la comunidad musulmana, aunque también pienso que una sociedad tan tolerante como la nuestra, debe marcar una línea de respeto e integración hacia nuestro país y nuestras costumbres. En mi caso, estuve en la piel de la esposa de un yihadista y lo que más me dañó fue la anulación de las ideas de la mujer, la crueldad y el sometimiento al hombre. Fue una época realmente terrible.

¿Por qué cree que Nabil tenía tanta obsesión con el niño?

En la cultura árabe la importancia del varón es un símbolo de hombría, de fortaleza; en cambio la mujer ha nacido para ser protegida. La educación en ambos es totalmente distinta.

¿Y qué le obligaba a hacer?

Le obligaba a ver vídeos de contenido yihadista como decapitaciones a infieles, le hablaba de la yihad y de que era una obligación musulmana. Yo veía algunas cosas a las que ponía fin de inmediato, organizándole la agenda para que estuviera viajando y no tuviera acceso a los niños y a la vez yo pudiera coger fuerzas para continuar con el papel que estaba haciendo. Más tarde cuando leí el sumario me enteré de todo lo que había visto y le había dicho a mi hijo. Me partió el alma.  Hubo muchas cosas que el niño jamás me dijo para que yo no sufriera más. Para él está siendo un proceso traumático por todo lo que pasó. Tiene pesadillas, problemas con el sueño, de concentración…

Usted se dio cuenta de que su marido veía vídeos en los que aparecía la bandera negra, ¿nunca le dio por investigar?

Siempre pensé que era una radicalización religiosa, que había cambiado. Esa bandera negra para mi no tenía ningún significado, porque en esa época aún no se sabía del Estado Islámico ni de las nuevas facciones de Al Qaeda que estaban apareciendo.

Pero incluso se dio cuenta de que les perseguían…

Sí y ahí fue cuando me puse realmente en alerta. Fuimos a denunciarlo y la policía nos dijo que eran vehículos oficiales, que él estaba sometido a una investigación, pero que no podían darnos más datos.

Y Nabil, ¿qué dijo?

Que eso era racismo y que la policía seguía a todo el que iba mucho a la mezquita, pero que él no estaba haciendo nada y que no iba a dejar su religión ni sus ideas por mucho que le siguieran.

Se le llegó a pasar por la cabeza que sus nuevos amigos eran una célula yihadista. De hecho, uno de ellos era el líder la la Brigada Al Andalus

Nunca jamás. Yo siempre le decía que sus amigos no me gustaban nada, que les dejara y se apartara de ellos, pero él se volvía agresivo. Me gritaba diciéndome que eran maravillosas personas que le estaban enseñando mucho de la auténtica religión.

¿Cree que los islamistas buscaron a su marido?                                                                                       Al principio no. Pensé que fue fruto de la casualidad. Sin embargo, ahora pienso que si. Él trabajaba en una empresa en la que tenía acceso a bases militares, a la Guardia Civil, a compañías aéreas. Además estaba muy bien posicionado económicamente y eso les interesaba.

El atentado de las Torres Gemelas en Nueva York, en 2001, y el de Madrid, el 11-M, en 2004. Por cierto, ¿cómo reaccionó?

En ese momento, él no estaba radicalizado y reaccionó con el mismo dolor y estupor que todos nosotros.

Quiso llevaros con él a Siria….

Un día me dijo que en Siria se vivía de maravilla, que te daban una casa, que los niños iban al colegio y que yo no tendría que trabajar, que viviría fantásticamente. Mi reacción fue inmediata y le dije que ni lo intentara, que ni mis hijos ni yo iríamos nunca.

¿Cree que era una maniobra para llevarse a su hijo?

Lo que pienso es que si quería que se fuera con él. Por las conversaciones que leí en el sumario, le decía que debía ser un muyahidín, que había niños más pequeños que él  luchando en Siria, que él era un hombre y debía estar con él y con sus hermanos. Además, le enseñaba fotos de niñas con la cara destrozada para concienciarle de que debía ir a luchar por ellas.

«Estuvimos seis horas en la habitación mientras procedían al registro del domicilio. El dolor, el desconcierto…no se puede describir»

Sin embargo, le detienen.¿cómo vivió esa noche?

No hay palabras para expresar tanto dolor y miedo. Tiraron la puerta abajo a las cuatro y media de la madrugada, yo solo veía encapuchados de negro y unas luces cegadoras que me impedían saber lo que estaba pasando. Entonces, eje a la niña en mi habitación y la dije que no se moviera. Cuando salí vi a mi hijo que entraba en el despacho y cogía un catana que teníamos de decoración mientras gritaba: ‘A mi madre nadie la va a hacer daño’. Y en ese momento, vi un escudo de la Policía Nacional y le dije, dame la catana cariño, nadie nos va a hacer daño. Después vino un agente a informarme de que Nabil había sido detenido por pertenencia a banda organizada terrorista. Estuvimos seis horas en la habitación mientras procedían al registro del domicilio. El dolor, el desconcierto…no se puede describir.

Una vez que detienen a Nabil y se sientan frente a frente, ¿qué le dice?

Fue en la prisión de Valdemoro, frente a un cristal. Yo no podía dejar de llorar, pero su mirada era diferente, era fría, solo me hablo de abogados, de gestiones que debía de hacer. Su falta de sensibilidad aún me rompió más.

¿Sintió que la sociedad les daba la espalda a sus hijos y a usted?

Por completo. Sentí la la repulsa social al instante. Nos señalaban continuamente, en el colegio, en su empresa. De hecho, a mí me despidieron de dos empresas por haber estado casada con él. No tuvimos ninguna ayuda por parte de las instituciones. Nos marcaron simplemente porque un día fuimos su familia.

¿Por eso decide plasmar su historia en un libro?

Decidí escribir el libro por varios motivos. El primero, fue mitigar el dolor de mis hijos y contrarrestar la repulsión social que estaban viviendo debido a la detención de su padre. Ellos sentían vergüenza y necesitaban, al igual que yo, que se supiera la verdad. Por otro lado, era necesario lanzar un mensaje a la sociedad, concienciar de que una historia así nos puede ocurrir a cualquiera, de que el terrorismo yihadista por desgracia está presente en la vida de todos, y nos puede tocar en cualquier lugar. Además, me parecía de vital importancia  que se conociera el proceso de radicalización desde el punto de vista real, no desde los medios de comunicación o análisis de los expertos.

¿Qué ha sido lo más duro a la hora de escribirlo?

Recordar todos los momentos que les hizo pasar a mis hijos. El sentido de culpabilidad aún permanecía en mi, pues a pesar de todo lo que sufrí para protegerlos,consiguió llegar a ellos. Pero me di cuenta de que era imposible protegerlos durante las 24 horas del día de su padre.

¿Qué le dijeron sus hijos cuando contó que escribiría un libro sobre su historia?

Les pareció una buena idea. Siempre me han apoyado en todas las decisiones que he tomado. Como niños no sabían exactamente el significado que tendría para nosotros, pero cuando le vieron ya físicamente, y la repercusión que tuvo, ambos me dijeron lo orgullosos que estaban de mi. Además, me dijeron que volvían a ser niños normales, pues no era lo mismo ser hijo de un terrorista que de una madre escritora.

Y ahora, ¿cómo se encuentran sus hijos? ¿y usted?

En una situación complicada. Yo sigo sin poder encontrar trabajo. He volcado todos mis esfuerzos en acercar a la sociedad este problema que nos afecta a todos. Doy conferencias colaborando con centros de inteligencia, universidades, Guardia Civil, pero no es suficiente para sacar adelante a mis hijos. Necesito un trabajo fijo que por lo menos me aporte estabilidad económica. Seguimos en tratamiento psicológico con altos y bajos, sobre todo los niños. Son secuelas que tal vez nunca superaremos, pero con las que vamos aprendiendo a vivir.

«hace un mes tuve que llamar a la Policía, porque había un encapuchado en el rellano de mi casa a las doce de la noche»  

¿Qué tipo de amenazas siguen recibiendo?

Como siempre, me siguen, me dicen que me calle, que no hable. Hasta llegué a sufrir una agresión. Estaba cambiando el tapacubos de mi coche y vinieron por detrás, me taparon los ojos, me agarraron del cuello, y me dijeron: ‘Deja en paz a nuestros hermanos. Ahora os toca sufrir a vosotros’. Además, me arrancaron la cruz que llevaba en el cuello y me tiraron hacia adelante. Por ello, sufrí una contractura cervical y pensé en ese momento que acababa mi vida porque me cortarían el cuello. En otra ocasión, intentaron echarme de la carretera cuando iba con mi hija pequeña. También hace un mes tuve que llamar a la Policía, porque había un encapuchado en el rellano de mi casa a las doce de la noche. Así es nuestro día a día. Ya he cambiado de domicilio en tres ocasiones, pero siguen localizándome. Todo lo he denunciado. Debo tener más de diecisiete denuncias.

Entonces su día a día es vivir con miedo….

El miedo convive con nosotros, pero no podemos permitir que nos paralice. Yo seguiré alzando la voz y dando la cara en la lucha contra el terrorismo yihadista.

¿Y cuál es la moraleja de este libro?

Que es importante que acerquemos la situación a la sociedad, porque por desgracia forma parte de todos y a todos nos puede tocar. Que podemos detectar y prevenir, que la colaboración ciudadana es necesaria para acabar con este problema; que hay que cambiar leyes, el sistema educativo; que hay que proteger a las víctimas y no se las puede dejar de lado. Hay que dar respuesta a una nueva necesidad, porque no se nos considera violencia de género ni tampoco víctimas del terrorismo. Y entonces ¿dónde nos ubicamos?. Se sorprendería de la cantidad de mujeres españolas que han sufrido y siguen sufriendo esta situación y no saben qué hacer. De hecho, se han puesto en contacto conmigo una vez que leyeron el libro. Hay muchas vidas en juego. No podemos permitirnos el lujo de esperar a que muera alguien para movilizarnos.

Pida un deseo

Poder vivir en paz y libertad con mis hijos. Y por supuesto, que este tipo de terrorismo desaparezca en todos los países del mundo y dejen de morir inocentes y de causar dolor a tantas y tantas personas.

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