Hassan II y Mohamed VI, monarcas de Marruecos.

De los 12 miembros de la célula terrorista de Barcelona (¡algún periodista llamó ‘lobos solitarios’ a esa manada!), 11 habían nacido en Marruecos.

El yihadista de Finlandia, de 18 años, era también marroquí. Y años antes, en 2004, el asesino del cineasta holandés Theo van Gogh, también fue otro marroquí.

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Los patéticos gritos y las ridículas pancartas de la extrema izquierda y de los separatistas contra Arabia Saudí (¿por qué no Qatar, patrocinador del FC Barcelona, entre 2010 y 2016?), responsable de financiar el Estado Islámico y de expandir el wahabismo, se tendrían que haber dirigido contra Marruecos.

Sin duda, la omisión de ese país en las protestas nada espontáneas se debió a los vínculos, tanto políticos como económicos, del nacionalismo catalán con Rabat y el origen marroquí de gran parte de la inmigración que los separatistas quieren convertir en carne de cañón para sus planes.

“Haced la vista gorda sobre mí o…”

Aunque sorprenda a muchos, hasta finales de los años 70 el mundo árabe y musulmán preocupaba a la OTAN y a Europa porque sus regímenes más activos en política exterior, más populares y más anti-occidentales eran ¡socialistas!

Pero la muerte del egipcio Nasser (1970), la nueva derrota ante Israel en la guerra del Yom Kippur (1973), el triunfo del imán Jomeini en Irán (1979) y el fracaso económico a pesar del río de oro que fue el petróleo después de la subida de precios (1973 y 1979), trasladaron el eje político de esas sociedades del socialismo laico al islamismo.

En esa época, el rey marroquí era Hassán II, que contaba con la protección de EE.UU., de Francia y, también, de un ‘lobby’ en España.

Cembrero: “Si en los años noventa fueron ciudadanos argelinos los que llevaron la voz cantante del yihadismo en Europa ahora son los marroquíes los que están a la cabeza”

No sólo Henry Kissinger había pedido al Gobierno español que le entregase al monarca el Sáhara Occidental, en proceso de descolonización, sino que también los presidentes franceses (Valery Giscard d’Estaing, François Mitterrand, Jacques Chirac ―quien, durante la ocupación del islote de Perejil, se puso del lado de Rabat― y Nicolás Sarkozy), defendían luego en la ONU la anexión del Sáhara invadido, incluso contra la opinión de España en las pocas ocasiones en que en Madrid hubo un Gobierno favorable al cumplimiento de las resoluciones de la ONU sobre el referéndum en el Sáhara, como ocurrió en los años de José María Aznar.

Países con mayor porcentaje de aceptación de la ley musulmana, la sharia.

Desde 1961, Hassán II había expandido su reino siempre a costa de uno de sus vecinos, España (Ifni y el Sáhara Occidental), ya que los otros dos, Argelia y Mauritania, se resistieron al imperialismo marroquí.

Mohamed VI, que ascendió al trono en 1999, mantiene el mismo discurso para europeos y estadounidenses que su padre: “Haced la vista gorda sobre mi corrupción, sobre el tráfico de drogas, sobre la represión, sobre la inmigración ilegal…, porque, si yo caigo, lo que vendrá será mucho peor”. Algunos lo estamos escuchando desde que íbamos a la EGB.

Manuales escolares que adoctrinaban

Pero ese discurso está siendo desmentido por los hechos: cada vez más marroquíes aparecen en la yihad terrorista.

El periodista Ignacio Cembrero, despedido de El País por presiones de Marruecos, ha publicado varios reportajes al respecto en diversas cabeceras españolas. Por ejemplo, en 2014, según el que era ministro de Interior marroquí y hoy lo es de Educación, el número de marroquíes, incluyendo europeos, en el Estado Islámico y Al Nusra superaba los 3.000.

Uno de los marroquíes detenidos tras los atentados de Barcelona y Cambrils.
Uno de los marroquíes detenidos tras los atentados de Barcelona y Cambrils.

Y con motivo del atentado en Barcelona, Cembrero escribió el siguiente análisis:

“Si en los años noventa fueron ciudadanos argelinos los que llevaron la voz cantante del yihadismo en Europa, que golpeaba entonces con mucha menos intensidad, ahora son los marroquíes los que están a la cabeza. Quedó demostrado en París, en noviembre de 2015; en Bruselas, en 2016 y el junio pasado, y hasta en el Puente de Londres, hace dos meses, donde también irrumpió un marroquí criado en Italia.”

El periodista J. L. Navazo, expulsado hace poco de Marruecos, da unos números más impresionantes en un reciente artículo en La Razón: “el 70% de los terroristas yihadistas que han atentado en Europa durante los últimos quince años son de nacionalidad marroquí”. Y concluye:

“El reino alauí se ha convertido en la cuna de la radicalización para los jóvenes entregados a la yihad”

Pero, ¿cómo ha permitido el régimen alauita ese cambio en Marruecos, cuando los yihadistas consideran a Mohamed VI, titulado en la Constitución vigente “príncipe de los creyentes (que) vela por el respeto del islam”, y el verdadero poder político en el reino, un apóstata?

El catedrático Carlos Ruiz Miguel, uno de los españoles que mejor conoce Marruecos, como demuestra en su blog Desde el Atlántico, enumera a ACTUALL los motivos por los que se está produciendo esta radicalización de tantos marroquíes.

“Primero, la escuela marroquí. Sólo el año pasado, el Gobierno suprimió en los manuales escolares oficiales los llamamientos a la yihad, junto con otros elementos discriminatorios, según reconoció el Ministerio. Segundo, las mezquitas. El islam que se predica en ellas, muy infiltradas por el radicalismo, es hostil a Occidente. Y tercero, la propia sociedad. Marruecos tiene una legislación islámica, aunque en España se oculte: se permite el repudio unilateral masculino, el matrimonio con menores, la poligamia, mayor parte de la herencia para los varones… ‘Sharía’ pura y dura. En países como Argelia y Túnez, el Estado persigue a esa gente; en Marruecos se les utiliza.”

O tomates a Europa o terroristas

La política exterior del régimen marroquí, denominado ‘majzén’ emplea varios peones para conseguir sus objetivos, tanto políticos (reconocimiento de la anexión del Sáhara, acuerdo de asociación con la UE…), como económicos.

Por ejemplo, la nueva Constitución marroquí reconoce la firma de convenios para el voto de los marroquíes en las elecciones locales de los países de acogida (el PSOE era favorable a ello), ya que así Rabat dispondría de una quinta columna controlada por medio de imanes, cónsules, policías y periodistas.

El rey de Marruecos Hassan II: "Sin exportar nuestros tomates, exportaremos terroristas".
El rey de Marruecos Hassan II: “Sin exportar nuestros tomates, exportaremos terroristas”.

Además, el terrorismo permite al régimen lucrativos negocios. Hace veinte años Hassán II pretendía que la Unión Europea autorizase la entrada de tomates marroquíes sin aranceles. En una reunión con el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, éste le dijo que el campo español (el gran perjudicado) y los ‘lobbies’ italiano y francés se opondrían. El sultán replicó:

“Está bien. Comprendo sus dificultades. Pero si Marruecos no puede exportar tomates, entonces exportará terroristas.”

Por tanto, desde hace años los tomates marroquíes entran sin límites en España, en perjuicio de los agricultores españoles.

Y las mismas razones de lucha antiterrorista llevan a los Gobiernos, españoles y del resto de la UE, a abandonar la causa saharaui, aunque le ampare el derecho comunitario y el internacional.

Así se convierte Marruecos en un “socio preferente” de la UE y de España.

El 83% de los musulmanes marroquíes quiere la ‘sharía’

Otro hecho que desmiente la ‘liberalidad’ marroquí es el trato a los cristianos, tanto nacionales como extranjeros. No sólo está perseguido con cárcel el proselitismo, sino que el Gobierno no tiene reparos en expulsar a cristianos extranjeros que considera están predicando el Evangelio a sus súbditos.

Ruiz Miguel añade que un estudio del Pew Research Center de 2016, el 83% de los musulmanes marroquíes está a favor de implantar completamente la ‘sharía’ (ley islámica) en su país, uno de los porcentajes más altos del mundo islámico. “Cuando se está a favor de la ‘sharía’, lo normal es estar a favor del terrorismo contra los ‘infieles’”, dice.

El ‘majzén’ tenía hasta ahora varios problemas estructurales: el Sáhara ocupado ilegalmente desde 1976 y la miseria de su población (que compensaba con el fomento de la emigración a España, Francia y Bélgica). Ahora se le une un tercero: el creciente salafismo, que puede anular su autoasignado papel de país seguro y opuesto a los islamistas.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.