En las Islas Filipinas ha surgido una nueva milicia. Son campesinos, visten con sandalias o simplemente descalzos, van con el rostro cubierto y armados con fusiles de asalto. Se llaman los Pulahan, que significa, literalmente ‘los que visten de rojo’. Sin embargo, ellos mismos se autodenominan como ‘los soldados rojos de Dios’.

Recientemente citaron a fotógrafos y periodistas para darse a conocer, reivindicándose al quemar una bandera del Estado Islámico ante las cámaras. Esta milicia ha surgido en la isla filipina de Mindanao, con el único objetivo de defender a la poblacion local cristiana de los grupos islamistas, que cada vez son más agresivos, sobre todo el conocido como BIFF (Luchadores Islámicos por la Libertad de Bangsamoro) y, en menor medida, Estado Islámico.

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Los Pulahan toman este nombre de un grupo similar cuyo origen se remonta a los años noventa que pretendían oponerse a las guerrillas comunistas e islamistas que se dedicaban al saqueo en sus comunidades.

“Se nos ha forzado a armarnos. No queremos morir sin hacer algo”, afirma el líder de los soldados rojos de Dios

Uno de los líderes, conocido como ‘Hermano Asiong’ manifestó ante los periodistas su hastío. «Estamos siempre bajo los ataques, incluso aunque sólo estemos trabajando en nuestras tierras. Se nos ha forzado a armarnos. No queremos morir sin hacer algo».

Los islamistas son una escisión del Frente Moro Islámico de Liberación, que actualmente ha firmado una tregua con el gobierno filipino. Desde entonces no han dejado de participar en enfrentamientos bélicos con las fuerzas armadas filipinas. El 25 de diciembre, asesinaron a seis campesinos cristianos en una aldea de Maguindanao, al ser acusados de ser milicianos al servicio del Gobierno. Una semana después ejecutaron a otros dos campesinos en la misma provincia.

Las milicias surgen del terror islamista

“Si un civil está armado y es tolerado por las autoridades, se convierte en parte del Gobierno, y por lo tanto debe ser considerado también nuestro enemigo”, se justificaba así el portavoz islamista, Abu Misry Mamah.

Sin embargo, el resultado de estos asesinatos ha sido algo inesperado para los islamistas, y muchos campesinos se han armado para luchar y sobrevivir ante esta amenaza.

Los Luchadores Islámicos por la Libertad de Bangsamoro acusan al Ejército filipino de armar a estas milicias, incluso de crearlas. “No les tenemos miedo. Son sólo unos pocos”, afirmó Mamah en una entrevista a un medio filipino. «Los militares también tienen tanques y armas sofisticadas y aún así hemos logrado sostener nuestra campaña», afirma.

Sin embargo, Asiong, líder de los soldados rojos de Dios, asegura que sus armas proceden de antiguos miembros del Frente Moro Islámico de Liberación, que se las han vendido. «Este rifle que sostengo procede de ellos», explicó sosteniendo un kalashnikov. «Dado que los necesitamos para nuestra defensa, el ejército sabe de nuestra existencia y no estamos violando ninguna ley porque sólo portamos armas en nuestra comunidad, no fuera», explica.

Los Pulahan parecen dispuestos a enfrentarse a los seguidores del ISIS en Filipinas, con especial hincapié con la célula yihadista llamada Ansar al Khilafah Philippines, tal y como recogen en El Confidencial. Este grupo (‘Los partidarios del Califato en Filipinas’), juró lealtad a Estado Islámico en 2014.

“La violencia no es la respuesta”

El arzobispo de Jolo, Angelito Lampon, se ha abstenido de apoyar a estos grupos, si bien entiendo sus motivos. «Es una especie de intento desesperado de estos cristianos que están siendo atacados por estos grupos armados. Si las tropas gubernamentales pueden defender a los civiles, tanto musulmanes como cristianos, creo que no llegaríamos a esto”, afirmó.

Lo mismo opinan algunos colectivos que trabajan por la paz en Mindanao. «No es un suceso positivo, porque podría revivir las épocas de los grupos justicieros apoyados por el ejército en los años setenta», afirma Bobby Benito, director ejecutivo del Centro para una Paz Justa de Bangsamoro.

«No debemos seguir por ese camino», dice Sebastiano D’Ambra

El fraile Sebastiano D’Ambra, jefe de las misiones de la Iglesia católica en Filipinas rechazó la violencia armada pese a la peligrosidad y desesperación de la situación. «Como cristianos debemos decir que esta no es la forma correcta de responder a la violencia. No debemos seguir por este camino».

En el mismo sentido se expresa Eliseo Mercado Jr., profesor de Estudios de Paz en la Universidad de Notre Dame: «No hay lugar para ningún grupo armado en un entorno seguro. Por lo tanto, la emergencia de cualquier grupo armado -insurgente, o justiciero, o milicia- muestra el fracaso del Gobierno y el Estado a la hora de proteger a todos sus ciudadanos», comenta, asegurando que esto revela «la gran desconexión entre el proceso de paz y las realidades sobre el terreno».

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