Seguidores del grupo islámico Tehrik Labaik Ya RasoolAllah durante una protesta contra Asia bibi, una mujer cristiana condenada a muerte por blasfemia, en Karachi (Pakistán)
Seguidores del grupo islámico Tehrik Labaik Ya RasoolAllah en Karachi (Pakistán) / EFE

Entre cantos religiosos y el ruido de martillos, cientos de personas se acercan cada día al mausoleo en honor del «santo» Mumtaz Qadri, ejecutado por asesinar a un político paquistaní que se opuso a la polémica ley antiblasfemia y defendió a la cristiana Asia Bibi.

La familia y los seguidores del asesino extremista levantan un templo en su recuerdo mientras el Supremo se prepara para estudiar la apelación de Bibi, condenada a muerte por blasfemia en 2010, en un caso en el que, según activistas de derechos humanos, está en juego el «alma» del país islamista.

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En Islamabad descansa en un lecho de rosas el hombre que disparó en 2011 28 tiros al entonces gobernador de la provincia del Punyab

A 15 kilómetros al norte de Islamabad, en el pequeño pueblo de Athaal, descansa en un lecho de rosas el hombre que disparó en 2011 28 tiros al entonces gobernador de la provincia del Punyab, Salman Tasir, por cometer blasfemia al defender a Bibi y pedir cambios en la legislación en esta materia.

En una procesión sin fin, numerosas personas se acercan a rendir homenaje a un hombre al que consideran un héroe por preservar el buen nombre del profeta, arrojan pétalos de rosa sobre su tumba y cantan hermosos rezos, en medio de los trabajos para levantar el complejo.

El padre del asesino: «Mi hijo fue elegido por Alá para este propósito (matar a Tasser) hace mucho tiempo»

«Mi hijo fue elegido por Alá para este propósito (matar a Tasser) hace mucho tiempo. Siempre fue especial», dice a Efe Malik Bashir, padre de Qadri y supervisor de la construcción del templo en honor a su vástago.

Vestido de blanco, barba del mismo color y gestos vehementes, Bashir afirma que su hijo hizo bien en matar al gobernador ya que en su opinión insultó al profeta y el castigo por ello es la muerte.

«El Corán así lo dice y, si el Gobierno no toma medidas la gente tiene que tomarse a ley por su mano», relata con tranquilidad el anciano, de 74 años y padre de nueve hijos. A su alrededor, un grupo de visitantes y trabajadores asiente a las palabras del patriarca.

Cada día varios cientos de personas y los fines de semana varios miles se acercan al complejo de 1.500 metros cuadrados en honor de Qadri, todavía en construcción y compuesto por un templo donde se encuentra su tumba, una mezquita y tres habitaciones.

«Qadri me inspira para matar a otros blasfemos», afirma Majeedi, profesor de una escuela coránica

«Las bendiciones de dios recaen sobre los templos de santos como Qadri. Por eso vengo», indica a Efe Nadeem Majeedi, profesor de una escuela coránica que ha recorrido 120 kilómetros para visitar la tumba por tercera vez.

«Qadri me inspira para matar a otros blasfemos», afirma Majeedi. La construcción del mausoleo comenzó hace cuatro meses tras la ejecución de Qadri a finales de febrero y finalizará en un año gracias a donaciones de simpatizantes, según Bashir.

Considerado por los grupos más radicales del país como un héroe por matar a Tasser, de quien era su guardaespaldas, hordas de simpatizantes de Qadri siguieron en marzo en procesión el recorrido de la ambulancia que transportaba el cadáver tras su ejecución.

Semanas después estallaron choques entre los seguidores del islamista y las fuerzas de seguridad en Islamabad, lo que obligó al despliegue del Ejército. Los islamistas exigieron entonces a gritos la ejecución de Bibi, de quien el gobernador Tasir fue un firme defensor.

Bibi, madre de cinco hijos, fue sentenciada a muerte en 2010 por supuestamente insultar al islam tras ser denunciada por unas mujeres durante una discusión en un pozo de agua en el distrito de Nankana, en la provincia oriental de Punyab.

La cristiana perdió la apelación en el Alto Tribunal de Lahore en 2014, pero el Supremo suspendió la ejecución a mediados de 2015 hasta estudiar el caso de nuevo.

La vista de la apelación estaba prevista para esta semana pero la vista se pospuso por la decisión de uno de los tres magistrados de inhibirse del caso por haber tomado parte en el proceso del asesinato de Tasser.

La dura ley antiblasfemia vigente en Pakistán fue establecida en la época colonial británica para evitar choques religiosos, pero en la década de 1980 varias reformas auspiciadas por el dictador Zia ul Haq favorecieron el abuso de esta norma.

Al menos medio centenar de personas han sido linchadas por turbas tras ser acusadas de blasfemos en los últimos años

En la práctica esta legislación se usa contra las minorías religiosas y establece penas de cárcel e incluso la pena de muerte, aunque nadie ha sido ejecutado por ello.

Al menos medio centenar de personas han sido linchadas por turbas tras ser acusadas de blasfemos en los últimos años, algo de lo que avisa el padre de Qadri en el caso de Bibi.

«Si el Tribunal Supremo la libera es asunto suyo. Si la gente decide hacer algo al respecto yo no puedo hacer nada para evitarlo. Nada puede interponerse entre la gente y el amor por el profeta», afirma Bashir.

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