El cardenal vietnamita Van Thuan
El cardenal vietnamita Van Thuan / Wikimedia

La historia de François-Xavier Nguyen van Thuan es de las que deja helado al lector. Y no sólo por las desventuras que este hombre tuvo que vivir, sino por cómo las afrontó y el fruto que pudo sacar de las mismas.

Así lo refleja la periodista Teresa Gutiérrez de Cabiedes en el libro que ha escrito sobre él: ‘Van Thuan. Libre entre rejas’ (editorial Ciudad Nueva).

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Una obra que presenta esta miércoles en la cárcel de Valdemoro y que no le quedó más remedio que realizar después de encontrarse con la historia de este hombre, según relata ella misma a Actuall:

«Conocí su historia en la adolescencia. Pero, a raíz de una entrevista a un amigo suyo, caí en la cuenta de que el protagonista era de carne y hueso. Pensé que si un hombre es capaz de convertir una mazmorra en paraíso, y ser libre entre rejas, merecía la pena indagar cómo. Y contarlo».

Y es que este cardenal vietnamita (nacido en 1928 y muerto en 2002) sufrió en sus propias carnes la persecución por creer en Cristo.

Cuando llegaron los comunistas al poder, tras la caída de Vietnam del sur, en 1975, decidieron sin juicio ni pruebas que se trataba de un peligro, que conspiraba con agentes extranjeros contra la dictadura de la hoz y el martillo y decidieron encarcelarle.

Se pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento, pero desde el principio supo que no debía hacer y decidió sacar el máximo provecho de aquella injusticia.

Van Thuan: «Todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto a su liberación. Pero después decidí: ‘Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor»

«Esa noche, durante el trayecto de 450 km que me llevó al lugar de mi residencia obligatoria, vinieron a mi mente muchos pensamientos confusos: tristezas, abandono, cansancio, después de tres meses de tensiones… Pero en mi mente surgió claramente una palabra que disipó toda oscuridad, la palabra que monseñor John Walsh, obispo misionero en China, pronunció cuando fue liberado después de doce años de cautiverio:

‘He pasado la mitad de mi vida esperando’. Es una gran verdad: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto a su liberación. Pero después decidí: ‘Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor’”.

Un testimonio como éste no deja indiferente, y eso mismo es lo que le pasó a la autora del libro o al Papa Juan Pablo II, quien años más tarde acogió a Van Thuan en el Vaticano como refugiado. O a Benedicto XVI, quien comenzó su proceso de beatificación.

Desde aquella prisión vietnamita regentaba por los comunistas, el cardenal Van Thuan se dedicó a escribir libros a sus feligreses, todos ellos centrados en la esperanza. Una esperanza que este hombre no aspiraba para él, al menos en materia de libertad.

Portada del libro Van Thuan: Libre entre rejas
Portada del libro Van Thuan: Libre entre rejas / Ciudad Nueva

Eso es lo que más le ha sorprendido a la autora: «Es increíble tocar el regalo de una fe indestructible, que nos regalan las personas que han vivido esa persecución por seguir a Jesús. No creen en ideas, ni en sistemas, ni viven de rentas de una herencia cultural. Creen en una persona, que es Dios y que se ha hecho hombre para padecer todo eso antes. Creen en alguien que vive y están dispuestos a dar su vida, porque Él es la única garantía de un Amor inagotable, ¡eterno!».

La vida de una persona, cuando impacta, puede cambiar la de otro sujeto. Y ese es precisamente uno de los objetivos de Teresa para los lectores de su obra, pero algo más específico. Que la experiencia de Van Thuan en la cárcel sirve para ahuyentar las cárceles de lo demás:

«Yo vivo en propia carne la prisión de una enfermedad crónica. Otras personas viven “enjauladas” en la ancianidad, la ruptura afectiva, la soledad, el desprecio social… La historia de Van Thuan ofrece una salida, no teórica, sino encarnada».

«La vida pasa a depender de un Padre cuyo Amor no puede arrebatar nada ni nadie»

«Existe vida más allá de la autoayuda, de la resiliencia, de la superación personal (herramientas excelentes, pero no definitivas)» insiste.

«Existe un Dios que ama, especialmente, al que sufre, al débil, al que no puede esperar nada de nadie, salvo de Él. El milagro que se produce en esa desposesión absoluta es, paradójicamente, el mejor don que se puede recibir. Porque la vida pasa a depender de un Padre cuyo Amor no puede arrebatar nada ni nadie: ni siquiera el sufrimiento, la injusticia, la enfermedad o la muerte».

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