Se escuchan los lloros de un bebé. Rápidamente acude a la habitación la madre, Teresita, para acunarle entre sus brazos. También llegan Arami (26), Juan José (23) y Joaquín Antonio (25) que han escuchado los llantos desde el otro lado de la casa, mientras intentaban centrarse en las tareas diarias de la universidad. Y finalmente, aparecen María Fernanda y el padre, Antonio Rafael, que traen ni más ni menos que un biberón, un osito de peluche, un chupete y un sonajero.

Esta escena puede resultar común para la mayor parte de las familias. Sin embargo, la familia de Teresita Benegas, es de todo, menos normal. Y es que su familia acoge entre seis o ocho meses a ninos que han sido víctimas de abandonos, abusos o explotación.

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“Hace diez años viendo un programa de televisión contaron la historia de una familia que había acogido en su hogar a un recién nacido. El nino biológico de la familia cuidaba de su hermano, mientras su madre, le tenía entre los brazos. Me enamoré de esa escena. Desde entonces, supe quería convertirme en una familia de acogida”, explica esta madre paraguaya a Actuall.

“Si alguien más que nadie merece una segunda oportunidad es un nino”

Teresita Benegas era una mujer feliz. Tenía cuatro hijos que le adoraban, un marido detallista, una buena casa y triunfaba como chef en Paraguay. Pero después de ver a esa familia de acogida en la televisión, sólo podía pensar que “si alguien más que nadie merece una segunda oportunidad es un nino”.

Una segunda oportunidad para ninos abandonados

Fue entonces cuando decidió formar parte de las ocho familias que componen la organización paraguaya, Corazones por la Infancia, y que acogen eventualmente a ninos abandonados, a los que el Gobierno de este país, ha dejado de lado. Esta organización nació en 2003 con el objetivo de defender el derecho de todos los ninos de vivir en el seno de una familia.

“Mis hijos estaban encantados con la idea. Rápidamente, mi marido y yo tuvimos varias reuniones con las personas de Corazones por la Infancia en las que nos evaluaron no sólo como padres, sino también como pareja y como familia. Sobre todo miraban que el nino no llegará a la casa para sustituir la pérdida de algún familiar o que existiera algún problema a la hora de que el nino nos abandonara  para irse con la familia adoptiva”, relata Teresita.

Teresita Benegas junto a los mellizos María y José
Teresita Benegas junto a los mellizos María y José/ Corazones por la infancia

Tras unos meses de prueba, Teresita, se convirtió en 2005, en una familia de acogida. Y desde entonces, han pasado por su casa 13 ninos. En la mayoría de casos, sólo tenían un par de meses de vida.

“Dedico mi tiempo a cada nino que se queda en mi casa. Por eso me organizo en el trabajo, para que a él nunca le falte nada. Le llevó al médico, estoy atenta de si tiene todas las vacunas puestas, de sí come, de sí duerme…todas esas cosas que hace una madre”, explica Teresita.

“Mis hijos están por encima de todas las cosas, pero también el bebé que viene a mi casa aunque sólo sea por un tiempo”

Y añade que para ella, sus hijos son su prioridad desde que son pequeños. “Mis hijos están por encima de todas las cosas, pero también el bebé que viene a mi casa aunque sólo sea por un tiempo”, describe la protagonista.

La familia de Teresita Benegas en el cumpleaños de una de las ninas que ha acogido / Corazones por la Infancia
La familia de Teresita Benegas en el cumpleaños de una de las ninas que ha acogido / Corazones por la Infancia

Un periodo de duelo cuando el nino se va

Cuando llega el momento de que el nino diga adiós para irse con la que será para siempre su familia, Teresita asegura que “se abre un periodo de duelo en la familia”. Pero advierte que “aunque lloran”, se quedan con “el amor que le dieron al bebé durante la acogida pues les hará mucho más fuerte en la vida”.

En este sentido, y antes de que el nino se vaya finalmente, la familia que le va a adoptar tiene que involucrarse con la familia de acogida. “Cuando empecé a colaborar en Corazones por la Infancia me explicaron que otro de los requisitos para acoger ninos era que tenía que abrir las puertas de mi casa a los que serían los futuros papás de los ninos”.

“Conseguir que un nino vuelva a tener ganas de vivir, de sonreír…son los milagros que consigue una familia de acogida

De este modo, añade Teresita, “el nino se va acostumbrando a su nuevo hogar. Acepté, porque estaba a dispuesta a cualquier cosa para dar una oportunidad a esos pequeños”.

Hablando de oportunidad se refiere a amor, calor, protección. “Siento que mi familia y yo, salvamos la vida de los 13 ninos que han pasado por nuestro hogar. Conseguir que un nino vuelva a tener ganas de vivir, de sonreír…son los milagros que consigue una familia de acogida”, afirma Teresita.

Tan lleno de amor es el hogar de una familia de acogida que, cuando Teresita narra cómo llegó Angelito, el primer bebé, se le escapan las lágrimas. “Sus padres le habían abandonado nada más nacer. No comía, no dormía, no sonreía, ni tampoco lloraba. La psicóloga me explicaba que el nino no quería vivir. Mi marido y yo nos pasabamos las noches enteras con él. Después de un mes con nosotros, era otro nino. Por eso, sé que sentir el cariño de una familia, les da la vida”.

Teresita también recuerda como dos mellizos, María y José, robaron el corazón de toda la familia. “Me llamaron para decirme si podían venir a mi casa dos ninos mellizos que iban a separarlos si no encontraban un hogar para los dos. Mis hijos me dijeron que no lo podíamos consentir, así que esa misma tarde me fui a comprar dos cunas. Aprovechando que mi marido estaba de viaje en Europa, convertí su despacho en la nueva habitación de los mellizos”, se ríe mientras recuerda la situación.

“Nosotros decidimos ser sus ángeles guardianes por voluntad propia”

Una casa para Micaela

Pero el amor de esta familia paraguaya va mucho más allá de acoger ninos en su casa. La pequeña Micaela estuvo durante cuatro meses conviviendo con la familia de Teresita hasta que apareció su abuela materna.

La pequeña Micaela junto a su tía / Corazones por la Infancia
La pequeña Micaela junto a su tía / Corazones por la Infancia

“La abuela de Micaela era muy pobre, pero la ley en Paraguay dice que la pobreza no es impedimento para separar al nino de su familia. Por eso, acondicionamos la casa de su abuela para que la niña pudiera vivir en buenas condiciones. Nosotros, además, le ayudamos económicamente”, asegura Teresita. E insiste en que “esta niña fue un nexo para que podamos darle un poco de calidad de vida a su familia. Nosotros decidimos ser sus ángeles guardianes por voluntad propia”.

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Abulense de nacimiento y residente en la ciudad que nunca duerme: Madrid. Periodista por vocación y de corazón. Contadora de historias. Se licenció en la Universidad Francisco de Vitoria. Se crió en el Gabinete de Prensa del Partido Popular de Madrid, Punto Radio, Cope y en HazteOír.org . Creció en Lo Comunicas, Intereconomía y en el Departamento de Comunicación de los Colegio Zola. Y ahora disfruta en Actuall.