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Derecha

Al otro lado de los Pirineos, se está fraguando una nueva revolución francesa en la derecha. Es el think tank de Lyon que ha puesto marcha Maréchal para contrarrestar el dominio cultural de la izquierda. Veremos si lo consigue, pero de entrada, no suena mal.

Mucho ha llovido desde el IX Congreso del Partido Popular llamado de la refundación en enero de 1989. La falta de liderazgo de Antonio Hernández Mancha denotaba la crisis del partido y se planteó el retorno de Manuel Fraga a la presidencia para reorientar la estrategia.

El panorama que ofrece la derecha española (o el centroderecha, si lo prefieren) es de una aterradora ausencia de debate de ideas. Lo vimos en las primarias para elegir al líder del partido que lleva décadas recogiendo los votos de quienes se consideran de derechas. El baile frívolo y sin fundamento...

Los elegidos, lejos de ser dos balsas de aceite, apuntaban a lo que ni en sus peores presagios podían suponer: antes o después, iba a hablarse de ideas. Tiembla la tierra sembrada por Rajoy.

La derechita, la única derecha que conocemos en acción hasta ahora, lleva años cortejando como el más baboso de los pretendientes a todas las causas que se pretenden 'transversales', que son en realidad tribus dirigidas a su antojo por la izquierda.

La izquierda en Europa se parece a una especie en extinción. A cada elección que se produce en un país europeo, el color rojo mengua en los mapas de las votaciones. Las últimas, en Italia. La única excepción, por ahora, es España, donde todos los partidos son ‘progresistas’ en distintos grados.

Comparte la derecha política con la derecha sociológica el terreno donde ambas pastan, páramo de la ignorancia más desoladora; sin referencias más allá de los 140 caracteres; sin predecesores ideológicos de los que heredar fundamentos e ideas.

El caso catalán es un espejo del Callejón del Gato. La izquierda, a nivel de toda España, es como los “indepes” de Cataluña: quiere gobernar en el sentido más amplio de la palabra, perpetuarse, cambiar el mundo, y por eso ambiciona Educación y Cultura.

A pesar de que la palabra fascista ha perdido su connotación original, muchas personas la siguen usando contra cualquier personas o movimiento de derechas para intentar ligar el fascismo con el conservadurismo.