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Voto útil

Hace mucho tiempo que en España no teníamos unas elecciones tan atractivas. Hasta ahora para muchos españoles el ejercicio electoral estaba marcado por expresiones como “mal menor”, “voto útil” o “con la nariz tapada”. Pero este año es diferente. Por muchas razones un grupo de candidatos se ha puest...

Esta es la clave para que no nos dejemos engañar: nadie puede saber cuál es el voto útil por la sencilla razón de que es imposible saberlo. ¿Por qué el PP en lugar de tratar de engañarnos con el voto útil no nos convence apostando con valentía por los valores que una vez lo hicieron fuerte?

¿A quién votar? La eterna pregunta de los católicos se hace más acuciante en las elecciones del 28-A, en las que tanto nos jugamos. ¿Nariz tapada?, ¿voto de castigo?, ¿voto útil?, ¿voto en conciencia? Complicado. Monseñor Martínez, arzobispo de Granada, ha publicado una carta que ofrece pistas interesantes.

Casado, en vez de presentarse como un político con un proyecto ilusionante, ha decidido ir por la misma ruta que el señor Rajoy: la del miedo. Muchos votantes estamos hastiados de una política que sólo sabe captar votos como alternativa a lo peor, o como lo menos malo.

El voto útil ha sido uno de los mantras más nefastos de la democracia española y, por lo que parece, está llamado a perdurar. Haríamos por eso muy bien en sacudirnos, de una vez por todas, esta monserga tan habitual en nuestras citas electorales.

Decir que votar a Vox es tirar el voto a la basura es no haber entendido que el partido de Abascal no se presenta para llegar a la Moncloa o colocar tres ministros en un hipotético coalición de centro-derecha. La suya es una carrera de resistencia. Y esta es sólo la etapa prólogo.

La historia de la democracia occidental nos demuestra que casi todo el voto resulta inútil, debido a dos grandes mecanismos mentales de los partidos. El elector tiene que decidir su voto no en función de la previsión de victoria, sino en función de la capacidad de regeneración y cambio.

El creyente termina votando al PP por miedo o por rutina, lo que es abiertamente incompatible con la vivencia del Evangelio.

No soy votante del PP. No, al menos, desde que se mudó a esa cosa informe y descolorida que denominamos el centro político. Es decir, la nada, la indeterminación, el ponerse de perfil y no afrontar ninguna cuestión espinosa con algo de cuajo, arrestos y entereza.