Protesta contra el exterminio de las minorías étnicas en China.
Protesta contra el exterminio de las minorías étnicas en China.

Como único occidental testigo presencial de la brutal política de un solo hijo del Partido Comunista de China (PCC), celebré que finalmente se diera por terminada en el 2016.

Pero lo que el PCC está haciendo ahora para reducir las tasas de natalidad de las minorías étnicas Uyghur y Kazakh en el Oeste de China es quizás peor. Si bien implica las mismas viles prácticas forzadas de aborto y esterilización que documenté por primera vez en 1980 (prácticas que el Tribunal de Nuremberg declaró que eran crímenes de lesa humanidad), ahora hay una gran diferencia: solo se le está imponiendo a minorías étnicas, como los Uyghurs de habla turca de la región conocida como Xinjiang.

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Durante los últimos años, mientras que los líderes de la China comunista han estado alentando a las mujeres chinas Han a tener más hijos, a las mujeres Uyghur les ha prohibido decidir cuántos hijos tener y se les ha ordenado que tengan menos. Cientos de miles de esas mujeres se han visto obligadas a abortar, a someterse a una esterilización o a usar dispositivos intrauterinos para reducir la tasa de natalidad. Las que resisten son condenadas a campos de concentración, donde son esterilizadas de todos modos. 

La nueva política del PCC es el genocidio en cámara lenta. El Partido no está matando a la población Uyghur a velocidad normal, como hicieron los nazis con los judíos en cámaras de gas. Pero al eliminar a la mayoría de miembros de la próxima generación busca el mismo efecto con efecto retardado: reducir la población de esta cultura milenaria, para dispersarla y asimilarla más fácilmente por la mayoría china Han.

Hasta hace poco, sólo teníamos relatos puntuales de esta nueva campaña de control de la población. Como por ejemplo, el testimonio de una mujer Uyghur llamada Mihrigul Tursun. En 2018, Mihrigul y otras mujeres fueron esterilizadas químicamente por inyección en un campo de concentración chino. Otra infortunada compañera de presidio, Rakhima Senbay, informó de que tenía un dispositivo anticonceptivo intrauterino (DIU) insertado involuntariamente. Una tercera, Zumrat Dawut, tuvo que pagar una fuerte multa y someterse a esterilización después de tener un tercer hijo.

Lo que no sabíamos con certeza era cuán extendida estaba la campaña y hasta qué punto la impulsaba el gobierno central. Gracias a una investigación recientemente publicada por el investigador Adrian Zenz, ahora tenemos respuestas para esas preguntas.

Xi Jinping tiene la intención de cometer genocidio, es decir, borrar a los Uyghur de la faz de la tierra para siempre

Ahora sabemos, por ejemplo, que la campaña de control de la población en curso en Xinjiang es todavía más coercitiva que la impuesta durante décadas a la mayoría de la población Han china. Documentos del gobierno chino obtenidos por Zenz afirman que el castigo por violar las regulaciones de Planificación Familiar es el internamiento en la extensa red de campos de concentración de Xinjiang. Aun cuando la política de un solo hijo inicial fue muy severa, las infractoras nunca fueron sometidas a largas penas de prisión como lo están haciendo con las mujeres Uyghur.

Desde el comienzo mismo de la campaña de Planificación Familiar de la China comunista, los objetivos y cuotas establecidas por los altos funcionarios eran la forma de incitar a los funcionarios locales para que emprendieran acciones temerarias. Es lo que nuevamente se está utilizando en Xinjiang y viene teniendo gran impacto. Zenz informa de que los documentos de los condados de 2019 revelan planes para esterilizar hasta un tercio de todas las mujeres en edad fértil en un solo año. Las mujeres Uyghur con más de un hijo son el objetivo.

Zens también encontró que las mujeres Uyghur que no fueron esterilizadas quirúrgicamente, es decir, las que tenían un solo hijo, han sido obligadas a aceptar un DIU. En 2018, cuatro de cada cinco DIU implantados en toda China se realizaron en mujeres Uyghur y Kazakh, a pesar de que estas dos minorías constituyen menos del 1 por ciento de la población general.

Para el PCC, estas severas medidas han tenido el resultado deseado. El crecimiento de la población en Xinjiang ha disminuido drásticamente a una fracción de su nivel anterior. Y las autoridades del PCC siguen reduciendo aún más la tasa de natalidad. Como escribe Zenz: «Para el 2020, una región Uyghur alcanzó la meta sin precedentes de crecimiento demográfico cercano a cero. Es lo que se pretende lograr mediante el ‘trabajo de planificación familiar'».

La meta general del régimen de control de la población impuesto por el PCC es, concluye Zenz, reducir la población Uyghur relación con el número de chinos en la región de Xinjiang. De esa manera, se produciría una rápida asimilación de los Uyghur por la  Zhonghua Minzu (中 华 民 族 cuya traducción literal sería la “nación racial china”).

Sin embargo, creo que el objetivo del Secretario General del PCC, Xi Jinping, puede ser aún más ambicioso. La naturaleza draconiana del programa de control de la población que ha desatado sobre las mujeres Uyghur, junto con el encarcelamiento de entre uno y tres millones de hombres Uyghur, me sugiere que no está simplemente tratando de asegurar la dominación etno-racial Han china. No hay duda de que ya lo ha hecho dado que los chinos representan el 94 por ciento de la población. Más bien, Xi tiene la intención de cometer genocidio, es decir, borrar a los Uyghur de la faz de la tierra para siempre.

Queda por ver si se concreta el triste final de la brutal campaña de población que ha emprendido el PCC. Lo que sí se puede concluir es que estos hechos son una clara violación a la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (Naciones Unidas, 9 de diciembre de 1948).

Como señala el Dr. Zenz, los hallazgos «proporcionan la prueba más sólida de que las políticas de Beijing en Xinjiang cumplen uno de los criterios del genocidio, a saber, ‘imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos dentro de un grupo [objetivo]’”.

Su informe ha aparecido inmediatamente después de la aprobación de la Ley de Derechos Humanos de los Uyghur, que el presidente Donald Trump promulgó el 17 de junio. La Ley, promulgada sobre una sorpresiva y contundente base bipartidista, autoriza sanciones contra los funcionarios chinos que participan en «violaciones y abusos de los derechos humanos como el uso sistemático de campos de adoctrinamiento, trabajo forzado y vigilancia intrusiva para erradicar la identidad étnica y las creencias religiosas de los Uyghur y otras minorías”.

El Secretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo anunció el 9 de julio que «los Estados Unidos no se quedarán de brazos cruzados mientras el PCC comete abusos de derechos humanos contra los Uyghur y Kazakh y miembros de otros etnias minoritarias en Xinjiang que incluyen trabajo forzado, detención masiva arbitraria y control poblacional coercitivo e intentos de borrar su cultura y fe musulmana».

Pompeo no sólo condenó lo que llamó la » horrible práctica» del «control poblacional forzado”, sino que sancionó a cuatro individuos chinos, entre ellos a Chen Quangguo, el secretario del Partido de Xinjiang, uno de los 25 miembros del Politburó con liderazgo indiscutible dentro del PCC. Los líderes del PCC reaccionaron con furia como era de suponer. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China primero se burló de los testimonios de las atrocidades del control de la población como si fueran «fabricados» o fake news, alegando que el PCC trata a todas las etnias por igual y protege los derechos legales de las minorías. No mucho después, anunció que sancionaría a cuatro funcionarios de EE. UU. en represalia.

Los que recibieron esta «medalla de honor» del PCC son bastante conocidos en los círculos pro vida. Ellos son el congresista Christopher Smith (Republicano por New Jersey), el senador Ted Cruz (Republicano por Texas), el senador Marco Rubio (Republicano por Florida), y el Embajador de EE. UU. para la libertad religiosa Sam Brownback. (Es bastante elocuente que en esta lista no figure ningún miembro del Partido Demócrata).

Sin embargo, al «sancionar» a funcionarios de EE. UU. los líderes del PCC tal vez han terminado admitiendo más de lo que pretendían. Tal vez han «admitido» que ellos, y no los funcionarios locales de Xinjiang, son los que están detrás del genocidio Uyghur. Creo que la decisión de cometer genocidio se tomó en el propio Politburó, que por supuesto está encabezado por su secretario general, Xi Jinping.

Es hora de pasar de dejar de pensar solo en los funcionarios locales de Xinjiang y sancionar a los verdaderos responsables: los líderes de la empresa criminal que es el Partido Comunista de China.

Los países aliados de EE. UU. deberían hacer lo mismo. Como mencioné anteriormente, el genocidio de los Uyghur es una violación de la «Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio». Bajo esta convención, las demás naciones tienen el deber de «prevenir y castigar» cualquier instancia donde se cometa el genocidio.

La administración Trump ha actuado. Otras naciones deberían seguir sus pasos.

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