Anna Richey fue embarazada por violación dos veces siendo una niña. La segunda se negó a abortar /Youtube
Anna Richey fue embarazada por violación dos veces siendo una niña. La segunda se negó a abortar /Youtube

Después de una infancia llena de abusos sexuales y palizas, Anna Richey descubrió cómo el aborto no podía ser la solución al drama que padecía y, en su segundo embarazo inesperado, con 13 años, apostó por su hija.

«Hay muchas cosas que no habrían tenido que pasar. Pero hay cosas en la vida por las que merece la pena luchar. ¡Tener a mi hija me salvó la vida!» explica Richey.

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Años después de sufrir en su infancia la joven dirige el portal Choices4Life, dedicado a «restaurar el honor y la dignidad de las madres y los hijos concebidos en una violación».

Anna Richey sufrió abusos desde los cinco años de edad por parte de su padrastro y quedó embarazada por primera vez a los 12. Atenazada por el miedo, machacada física y psicológicamente, fue incapaz de enfrentarse a su agresor.

Cuando éste se enteró de que estaba en estado, le propinó un puñetazo en el estómago y le obligó a tomar píldoras abortivas que, desgraciadamente, le hicieron perder a su primer hijo.

«El mató a mi bebé», explica Anna, que describe sus sensaciones de entonces: «De todas las cosas que me sucedieron esto es lo que más me angustia. Nunca sabré quién podría haber sido mi hijo. Mi única esperanza es saber que algún día conseguiré verle a él o ella en el cielo», recoge Portaluz.

«Sentí que si abortaba, estaría haciendo lo que él quería y ganaría otra vez», explica Anna

No estaba dispuesta a abortar de nuevo

Poco después de esta trágica experiencia, Anna siguió sufriendo abusos y, en una de las muchas violaciones a las que le sometía su padrastro, volvió a quedar embarazada. Sabiendo que si se lo contaba, volverían a obligarla a abortar, esta vez decidió decírselo a su madre, que vivía totalmente ajena a lo que sucedía.

«Sentí que si abortaba, estaría haciendo lo que él quería y ganaría otra vez. No sólo habría matado toda mi inocencia, también yo sería cómplice de matar a mi hija«, explica Anna.

Su madre, al conocer el drama, recogió todas las cosas de Anna y sus hermanos, salieron de la casa y denunciaron ante la Policía todo lo sucedido. Finalmente, el padrastro abusador de Anna fue condenado a la cárcel. Y no sólo por abusar de Anna, sino por forzar también a la otra menor que vivía en la casa, su hermana.

Anna, junto a la hija que no abortó, concebida tras los abusos de su padrastro
Anna, junto a la hija que no abortó, concebida tras los abusos de su padrastro

La importancia de la ecografía

Cuando le hicieron la primera ecografía, Anna confirmó su intuición de que el aborto no iba a cambiar nada del horror que padeció, no iba a incrementar la pena para su agresor, ni le iba a aportar nada beneficioso: el aborto sólo iba a suponer la muerte de un inocente que no tiene culpa de los delitos de su padre, ni de la difícil situación de su madre.

Al oír por la ecografía el latido del corazón del ser humano que crecía en su interior, todas sus dudas se disiparon: «Me enamoré. Fue entonces cuando decidí que tampoco podía darlo en adopción». 

«Ella es la belleza surgida desde mis cenizas; luz en la oscuridad que yo había soportado», explica

Y eso que, siendo una niña tan pequeña, todavía en desarrollo, el embarazo no fue precisamente un camino de rosas. Unas seis semanas antes de lo previsto, empezaron las contracciones, que frenaron con medicación.

Al mismo tiempo, le dieron esteroides para ayudar a un mejor desarrollo del bebé, que finalmente nació tres días después.

«Hay muchas cosas que no habrían tenido que pasar. Pero hay cosas en la vida por las que vale la pena luchar. ¡Tener a mi hija me salvó la vida! Ella es la belleza surgida desde mis cenizas; luz en la oscuridad que yo había soportado. Me estremezco al pensar en lo que habría sido aquél tiempo si la hubiera abortado«, concluye.

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