Obianuju Ekeocha, presidente yfundadora de 'Culture for Life Africa'.
Obianuju Ekeocha, presidente yfundadora de 'Culture for Life Africa'.

La excusa era llevar la luz de la civilización a las tinieblas del mundo negro. Sacar a los africanos de la barbarie, y construir dispensarios y carreteras. Pero el objetivo no era otro que repartirse el continente entre las grandes potencias de finales del siglo XIX (el Imperio Británico, Alemania, Francia, Bélgica), en nombre de la superioridad de la raza blanca, y esquilmar sus recursos: diamante, oro, cobre, uranio, cobalto, marfil. 

El colonialismo dió pie no sólo al robo, sino a la esclavitud y el genocidio. Es el caso de Leopoldo II, rey de los belgas, que hizo del Congo su colonia particular, en la que reducía a sus habitantes a esclavos de plantación, quedándose con las millonarias ganancias que le proporcionaban las exportaciones de caucho y marfil.

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Aunque parezca mentira, el colonialismo no terminó después de la II Guerra Mundial, cuando los países del continente se emanciparon. Continúa ahora, de forma más sutil pero no menos efectiva. Se trata del colonialismo ideológico, que con la excusa -otra vez- de sacar al negrito de la ignorancia, pretende imponer lo que los nuevos negreros llaman “derechos reproductivos”, es decir la cultura de la muerte: aborto, anticonceptivos, y redefinición del matrimonio y la familia.

Lo ha denunciado la médico nigeriana, Obianuju Ekeocha, presidenta de Culture of Life Africa, en el libro Objetivo África (Homo Legens), con prólogo de la socióloga alemana Gabriele Kuby, autora de La revolución sexual global.

Si la somalí Ayaan Hirsi Ali se ha convertido en la gran activista contra los abusos del islamismo y la mutilación genital femenina; Obianuju Ekeocha es la gran defensora de los valores de la familia y la vida, profundamente arraigados en la cultura del África subsahariana, y que organismos y multinacionales occidentales, con Naciones Unidas en primer término, pretenden subvertir. 

Licenciada en Microbiología por la Universidad de Nigeria y doctora en Ciencias Biomédicas, Ekeocha se dio a conocer en 2012 cuando denunció lo que ella llama “racismo filantrópico” en su Carta abierta a Melinda Gates

Licenciada en Microbiología por la Universidad de Nigeria y doctora en Ciencias Biomédicas por la Universidad de East London, se dio a conocer en 2012 cuando denunció lo que ella llama “racismo filantrópico” en su Carta Abierta a Melinda Gates, en la que criticaba la ofensiva antinatalista de la fundación que esta comparte con su marido Bill Gates. «Hay una nueva colonización en nuestro tiempo -señaló-, no de las tierras o de los recursos naturales, sino del corazón, la mente y el alma de África. Es un colonialismo ideológico».

En su libro, Ekeocha combate el tópico supremacista de que la mujer en África es una ignorante que tiene muchos hijos porque está engañada. Y lo hace con datos. Un estudio de la USAID (Agencia Estadounidense para la Ayuda al Desarrollo) sobre el número de hijos deseados en todo el mundo señalaba solo un 6% de bebés no deseados en África, con índices desde los 4,8 hijos en Ghana a los 9,1 en Níger y 9,2 en Chad. Esas cifras demuestran que la mujer africana “considera que todos sus bebés son deseados, incluso cuando no se ha planificado el embarazo”. Y apostilla ¿dónde está la urgencia anticonceptiva, sino en los organismos mundialistas y en su obsesión por el control de población?

La Fundación Gates y los organismos internacionales cuentan con un aliado dentro de África, una especie de quintacolumnista en su invasión ideológica: la corrupción de gobiernos y funcionarios de determinados países africanos. Las clases dirigentes ceden ante el soborno de esos organismos y aceptan sus imposiciones ideológicas en contra de la familia y la vida.  

Entre unos y otros, el África del siglo XXI vuelve a estar sometida a “nuevos amos coloniales” que hacen “la guerra a los cuerpos de las mujeres africanas”. Los mismos que han impuesto la cultura de la muerte en el primer mundo, pretenden ahora exportarla a un continente, en el que la mayoría respeta el valor de la vida humana, la maternidad, y el papel crucial de la familia. Y tratan de esquilmar culturalmente al continente como en la  época del bwana blanco. 

La codicia va unida al miedo a la pujanza demográfica de África, frente al envejecimiento inexorable de Occidente, y más acusadamente de Europa. África tiene actualmente 1.200 millones de habitantes, el 16% de la población mundial. En 2100, según algunas estimaciones rondará los 4.500 millones, el 40% de todos los habitantes del mundo. Más de la mitad de los nuevos 2.200 millones de habitantes que habrá en el planeta de aquí al  año 2050 los aportará África (1.300 millones). De los veinte países más poblados en 2100, diez serán africanos: Nigeria (tercero, solo por detrás de India y China), Congo, Tanzania, Etiopía, Uganda, Egipto, Níger, Angola, Kenia y Sudán. 

Mientras África renueva su savia joven, Occidente envejece y mengua. Acaba de conocerse el dato de que  Italia se está muriendo: su  tasa de natalidad ha caído al nivel más bajo en la historia. Esto sí que es una emergencia nacional y no el futuro de los osos polares. Como ha dicho el propio presidente italiano, Sergio Mattarella: “el problema concierne a la existencia misma de nuestro país”.

Algo parecido podría decirse de otras naciones europeas.  Ningún país de la Unión Europea alcanza la tasa mínima de reemplazo generacional. Cada día en Europa hay 433 personas menores de 15 y 4.766 mayores de 65. El resultado es que el Viejo Continente -nunca mejor dicho- va camino de ser un enorme asilo: por cada dos personas mayores, sólo habrá una joven y el 28,6% de la población será mayor de 65 años.

No puede ser que haya tanto africano y tan poco europeo. Es preciso reeducarlos, cargarse la familia -ese obstáculo-, imponer los derechos reproductivos

Hace ciento cincuenta años, en la época de Leopoldo II, las grandes potencias iban a por el oro y los diamantes de África. Ahora, el Nuevo Orden Mundial pretende ir más lejos. Penetrar en las alcobas y manipular la natalidad. No puede ser que haya tanto africano y tan poco europeo. No puede ser que en aquel continente el número de hijos por mujer sea de 4’8 y que, de media, la tasa de fertilidad del planeta esté en 2,5 hijos por mujer. No se puede consentir que un país subsahariano como Níger tenga la tasa de  fertilidad más alta del mundo (7,2 hijos por mujer). 

Es preciso reeducarlos, sacarlos de la superstición, cargarse la familia -ese obstáculo-, imponer los derechos reproductivos. Y eso es justamente lo que denuncia Obianuju Ekeocha.

¿Solución? Como dicen Naciones Unidas y la internacional globalista, educación sexual. En planta: preservativos. La otra solución es el empoderamiento de la mujer subsahariana, que traducido al román paladino significa sacar a la mujer del hogar y ponerla a trabajar fuera, que excluya el matrimonio de su agenda personal, que acepte que el feto es un ser inferior del que se puede prescindir si se convierte en un obstáculo para sus planes personales, y que imite así a la emancipada mujer occidental, esa que -como decía Chesterton– “ha dejado de ser reina de su familia para convertirse en esclava de su jefe”.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.