Durante su discurso de aceptación en la reciente gala de entrega de los Globos de Oro, la actriz Michelle Williams -visiblemente embarazada- dijo que no hubiera conseguido el premio si no se hubiera deshecho de un hijo anterior que llevaba en el vientre cuando su carrera cinematográfica estaba empezando.

Esto es Hollywood. Esta es la gente que decide cómo debemos pensar, qué debemos considerar bueno y qué malo, qué tiene que avergonzarnos y qué orgullecernos. Su poder sobre nuestras conciencias es tal como no hubiera soñado ningún predicador del pasado. Y son el mal, el puro mal sin diluir. Si me permiten el humor negro, macabro, creo que Williams debería haber llevado una camiseta de esas de ‘souvenir’ que pusiera: “Maté a mi propio hijo y todo lo que conseguí fue este trozo de hojalata”.

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Es difícil bajar más, llegar más bajo, que una chica relativamente joven y mona presumiendo ante el mundo entero de haber eliminado al hijo que llevaba en el vientre por hacer películas, como si estuviera narrando una hazaña. Entiéndanme: no es que lo haga; cualquier es capaz de lo peor, y la tentación de matar por lo que se desea no es exactamente extraña al ser humano. Es que puede gritarlo a los cuatro vientos porque sabe que será aplaudida por ello, porque sabe que, para esa élite de ricos y famosos que nos sermonean cada día, es comprensible y encomiable. No quiero imaginar lo que debe ser, para el hijo que ahora lleva en el vientre y al que ha perdonado la vida como un déspota oriental, crecer sabiendo que tu hermano no tuvo tanta suerte, y que esa madre tan cariñosa se hubiera deshecho de ti si apareces en el momento equivocado, como ‘obstáculo’ entre ella y su ‘sueño’.

Sé que lo que voy a decir no va a gustar a muchos, quizá a casi nadie. Pero lo pienso, y nunca en estas páginas he escrito otra cosa que lo que creo y lo que veo. Esta semana, la Administración americana ha matado al principal mando del ejército de un país con el que no está en guerra, Irán, en el aeropuerto civil de un tercer país, Irak. Unos pensarán que ha hecho mal, que es moralmente erróneo conducirse como si el propio gobierno fuera una especie de dios que está por encima de la humanidad y puede castigar con la muerte a quien le plazca donde le plazca; y otros juzgarán que si la guerra es permisible, esto también puede serlo e incluso ahorrar vidas humanas si sirve como alternativa y no como desencandenante de un conflicto bélico.

Todo Occidente, permite sonriente que las madres se deshagan de sus propios hijos a manos de unos profesionales de la medicina, en edificios que no se ocultan, anunciándolo y defendiéndolo como si fuese el Santo Grial

Pero lo que casi nadie duda es que, entre los dos, Estados Unidos es el bueno e Irán, el malo. O, si se juzgan malos los dos, que Irán es peor. Día sí y día no, nos llegan imágenes de esa demoniaca teocracia que obliga a las mujeres a cubrirse (un pañuelito en la cabeza, como nuestras abuelas, pero no es esa la cuestión), que ahorca a los homosexuales y condena a muerte a las adúlteras. Estados Unidos, en cambio, es una democracia abierta, de nuestro estilo, tolerante y libre.

Lo siento, pero no. Estados Unidos, todo Occidente, permite sonriente que las madres se deshagan de sus propios hijos a manos de unos profesionales de la medicina, en edificios que no se ocultan, anunciándolo y defendiéndolo como si fuese el Santo Grial. De hecho, ES su Santo Grial, el sacramento más elevado de la Cultura de la Muerte. Todo puede discutirse, menos el sacrosanto derecho de las mujeres a deshacerse de sus hijos antes de que nazcan. En serio, ¿cómo puede ser peor Irán? Después de esto, ¿qué autoridad moral puede tener Occidente para decir a ningún otro país cómo debe actuar? ¿Es esa la sociedad que quiere imponer en Irán por la pura fuerza, a costa de otro conflicto con cientos de miles de muertos?

¿Vamos a destruir y humillar otro país y acabar con incontables vidas para que Planned Parenthood tenga un territorio más en el que abrir una nueva sucursal de su negocio de muerte? ¿Vamos a liberarles de su atraso y llevarles todas las bendiciones de nuestras sociedades seculares, como el porno más variado accesible a los menores de cualquier edad, la posibilidad de convertir al pequeño Ahmet en la pequeña Fátima, sometiéndole desde los 5 o 6 años a un tratamiento de por vida; el fomento del odio y el enfrentamiento entre los sexos; el nihilismo de un materialismo voraz y sin alma? ¡Oh, pero los supervivientes, bajo el benévolo protectorado norteamericano, podrán ver en sus pantallas de plasma a Michelle Williams recibiendo una salva de aplausos después de contar, embarazada de un hijo, cómo se deshizo de uno anterior para poder lograr esa maldita estatuilla y cómo hay que luchar con uñas y dientes para mantener el privilegio de acabar con la vida de nuestros hijos no nacidos por cualquier razón y presumir de la heroicidad!

Es fama que cuando las tropas norteamericanas entraron en Irak, algunos iraquíes les recibieron sonrientes gritando las únicas palabras que sabían en inglés: ¡Whiskey! ¡Sex! Democracy!”. Sinceramente, ya no estoy nada segura de quiénes son ‘los buenos’.

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