La Fiscal General con Obama, Loretta Lynch, solicitó que se investigara a los periodistas provida que revelaron que la multinacional del aborto Planned Parenthood traficaba con órganos de niños abortados, según ha testificado un agente del Departamento de Justicia del estado de California.

Tengo dicho que no hay nada normal en torno al aborto. No es ya que suponga lo que todos los lectores de Actuall, supongo, ya saben, es decir, que se trata de acabar con una vida humana inocente, no: es que ni siquiera creyendo a pies juntillas el relato oficial de los ‘pro-choice’ y cerrando los ojos a sus evidentes incongruencias consiguen que el asunto tenga nada de normal.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Para muestra, un botón. En 2015, David Daleiden y Sandra Merritt, del Center for Medical Progress, lograron grabar en vídeo en varias ocasiones a empleadas del gigante del aborto Planned Parenthood confesando que vendían órganos de fetos para investigaciones médicas.

Daleiden, haciéndose pasar por representante de un laborio interesado en tejidos fetales, obtuvo confesiones terroríficas. No solo sus supuestas ‘proveedoras’ hablaban con total desparpajo del negocio de procurar tejidos de niños masacrados antes de nacer, sino que especificaban sus procedimientos para procurar que el aborto no perjudicase los tejidos más cotizados para poder venderlos frescos.

Daleiden, que en su día fue entrevistado por Actuall, grabó vídeos en los que puede verse a la presidenta de los directores médicos de Planned Parenthood negociando la compraventa de órganos y tejidos a cambio de «un Lamborghini». En otras, los abortistas detallan cómo se modifica la técnica mortífera en función del órgano que se espera vender, para que no resulte dañados. «¿Quiere el cerebro fresco, o congelado?» se llega a oir en una de las grabaciones.

Los abortistas detallan cómo se modifica la técnica mortífera en función del órgano que se espera vender

Cuando Daleiden hizo pública -y viral- su investigación, incluyendo los vídeos, el público quedó escandalizado por la monstruosidad y las autoridades ordenaron una investigación federal y el cierre preventivo de la organización. No, hombre, que estoy de broma: la cosa se tapó rápidamente y las autoridades investigaron, acosaron y demandaron al periodista ‘chivato’ con quince denuncias.

Y hoy sabemos por el agente especial Brian Cardwell que la fiscal federal con Obama, Loretta Lynch, salió en defensa de la organización abortista solicitando en una carta que se emprendiera una investigación contra Daleiden. “Siempre hemos dicho que era una operación política”, asegura a LifeSiteNews Peter Breen, uno de los abogados de Daleiden. “Pero enterarnos de que fue Loretta Lynch quien la instigó es un factor enorme”.

Ahora imagine que es usted abortista, en el sentido que quiere venderse como razonable. Es decir, que usted considera que el feto, aunque evidentemente vivo y evidentemente humano (¿qué va a ser? ¿una tortuga?), por alguna razón no merece la plena protección legal, y no hay más.

Si fuera así, si el aborto fuera un procedimiento médico como cualquier otro, como extirparse el apéndice, ¿cuál hubiera sido la reacción normal ante los vídeos de Daleiden? No sé si el Pulitzer, pero el autor hubiera recibido el aplauso unánime por desvelar el macabro tráfico, y Planned Parenthood hubiera padecido el oprobio incluso por parte de los abortistas convencidos.

Pero no fue así, y esto dice volúmenes sobre lo que de verdad es el aborto, de cómo corrompe todo lo que toca, todo lo que le rodea, la conciencia pública y la calidad moral de sociedades enteras. Por proteger el aborto, todo está permitido. Se censuran las noticias que, aunque objetivamente relevantes, puedan perjudicar de algún modo el negocio, se ocultan las muertes de madres en el curso del procedimiento, se ignoran las reglas normales de consentimiento informado, se procura negar a la madre acceso a información tan elemental como un sonograma, se acepta el consentimiento de menores que lo necesitarían para intervenciones menores. Todo lo que una sociedad civilizada considera mínimo imprescindible para cualquier acción médica se ignora alegremente si se refiere al aborto. La esclavitud, en su ocaso en Occidente, era conocida como”la peculiar institución”, y el aborto se ha convertido en la “peculiar intervención”.

Por ejemplo, ya sabrán ustedes que Facebook utiliza desde hace algún tiempo ‘verificadores’ para que no se les cuelen noticias que falsean los hechos. No es que resulte enormemente creíble, ni que sea para muchos otra cosa que una retorcida forma de censura. Pero en el asunto del aborto prescinden siquiera de atisbo alguno de imparcialidad y objetividad , empleando a defensores del aborto para que comprueben la veracidad de las noticias provida. Cuatro senadores republicanos han enviado una carta a Facebook reprochando a la red social por censurar contenido provida y contratar a dos defensores del aborto como ‘fact-checkers’ de las contribuciones de autores provida.

Comentarios

Comentarios