Belén Majorel, cantante, estuvo a punto de morir tras someterse a un supuesto
Belén Majorel, cantante, estuvo a punto de morir tras someterse a un supuesto "aborto seguro".

.* Por Belén Majorel.

Tengo 36 años, soy cantante cristiana y soy provida.

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Hace 10 años, en el invierno de 2010, quedé embarazada y decidí abortar. Saqué un turno con un doctor de la ciudad de Olavarria (argentina) que hacía muchos años se dedicaba a este negocio. Dos personas allegadas me lo recomendaron dado que ellas se habían practicado sus abortos en ese lugar.

Me da turno para dentro de dos meses, pues la secretaria me dijo que no tenía lugar dado que era mucha la demanda. Obviamente, lo primero que me preguntó es quién me había pasado sus datos, le dije los nombres de mi ginecólogo (que también me lo había recomendado) y de una de las chicas, que había sido su clienta. Yo ya estaba de un mes de embarazo aproximadamente.

Fui al turno un día miércoles bien temprano a la mañana. Me atendieron rápidamente y el doctor me dice “el trabajo sale $4000, todo es simple, te dormimos por completo y cuando te despertás vas a salir como si nunca hubiera pasado nada. Es un procedimiento simple, tanto mi enfermera como yo tenemos mucha experiencia y nunca hubo complicaciones, ¡va! Si me recomendaron es porque hago bien las cosas, así que tranquila».

Le di el dinero. Me hizo a pasar a otro lugar. Ahí me esperaba una enfermera, me hizo sacar el pantalón y la bombacha, me dio una bata y me hicieron acostar en una silla ginecológica. Me explica muy por arriba el procedimiento y me pone los pies en los «famosos» zuecos. (Digo «famosos» porque una de las chicas que me recomendó este doctor me dijo que lo que nunca iba a borrar de mi memoria eran los zuecos animal print que había en esa silla o camilla para colocar los pies).

Entra el doctor y empiezan la intervención. Cuando despierto, me dice la enfermera: “Salió todo bien, vestíte y si te duele algo o tenés alguna pequeña hemorragia es normal por el procedimiento que se te hizo». Seguía bajo el efecto de la anestesia ya que fue total, así que medio dormida y con frío (un frío que jamás sentí) me vestí y me fui.

Me fue a buscar un amigo, que obviamente insistió hasta lo último que no me hiciera el aborto, pero a la vista esta que no lo escuché, me llevó a su lugar de trabajo y dormí toda la tarde.

A la noche regresé a Tandil y me acosté, dado que no me sentía bien. Como me habían dicho que era normal, no me alarmé.

Al día siguiente me levanté, hice mis tareas de siempre, trabajo, etc. y era mucho el dolor y el malestar en general. Lo dejo pasar. De este hecho mis padres, que vivía con ellos, no sabían absolutamente nada, así que todo debía mantenerse en total reserva.

Al siguiente día, viernes, el malestar era ya casi insostenible: las piernas casi no las sentía, caminaba muy despacio dado que de la cintura para abajo tenía todo inflamado y duro y era mucho el dolor. Pero no podía decir nada. Fui a trabajar y a la noche cené en casa de unas amigas y, al verme tan mal, me tomaron la temperatura y tenía 40 grados.

Me mandan a mi casa (tardé aproximadamente 15 minutos en bajar las escaleras del dolor que sentía), subí al remis [un servicio similar al taxi], llegué a mi casa y, como pude, me acosté. A la madrugada fui al baño (con mucha complejidad) a hacer pis y siento un dolor tan, pero tan fuerte, que me desmayo (como si algo se desprendiera de mí o si me arrancaran algo).

Cuando reacciono, no veía nada, dado que me me desmayé hacia adelante. Estaba desesperada. Cuando intento pararme [ponerse de pie, N. de la R.] no sentía de la cintura para abajo. ¡Mis piernas no respondían! Cuando logro ver, me arrastro hasta mi teléfono y llamo a mi hermana que vivía atrás. Ella tuvo que levantarme y acostarme.

Obviamente yo seguía desesperada porque no entendía qué me pasaba: ¡¿Por qué el dolor y el no sentir la mitad de mi cuerpo, si supuestamente iba a estar todo bien?!

Mi hermana llama a la ambulancia que me traslada a la clínica. Una vez allí veo llegar a mi ginecólogo y, detrás de él, enfermeros y más médicos. Nadie me decía nada. Me envían a sala de cirugía, me realizan un legrado y, recién ahí, el ginecólogo me dice: “Ahora sí está todo bien” y me llevan a una habitación común.

Luego el doctor va a la habitación y ahí me dice: «Belén te voy a ser totalmente sincero: estás viva de milagro. Te hicieron ‘mal’ el aborto, te dejaron pedazos de feto en tu útero. Eso produjo una infección, que en el término de 24 horas al tomar contacto con la sangre, recorre todo tu cuerpo y… te morís. El tema es que ¡tuviste en tu cuerpo esa infección tres días! Y no sólo no te moriste, sino que lo otro que pasa es que cuando esa infección toma contacto con tus órganos reproductivos, estos deben ser extirpados. Pero no sé cómo no sólo no estas muerta sino que ¡tus órganos reproductivos están intactos!… Repito: ¡Estás viva de milagro y estas bien”.

Durante los meses de embarazo yo no pensaba que estaba embarazada, sino que estaba descompuesta, porque obviamente si pensaba la verdad, lo que era, no habría matado a mi hijo. Cuando el doctor me dice todo esto, con lágrimas en sus ojos, yo lo primero que pensé fue: «¿Dios, por qué me salvaste la vida siendo que maté a mi bebé?».

A los días ya más recuperada del golpe y los dolores varios, mi hermana me cuenta que había llamado al doctor de Olavarría y que sencillamente le respondió que él no se hacía cargo, que había hecho su trabajo y que a veces esas cosas pasan. Y cortó.

Pasó el tiempo, sigo “mi vida normal” y, claro, nadie me había hablado de los daños colaterales, de la depresión, de los llantos sin razón, etc., etc. Pasados los años hago terapia y ahí saltó el tema: mi aborto. La psicóloga me dijo: “Si crees en Dios, Él te perdonó y te dejó vivir. Pero ahora tenés que perdonarte vos”.

Me llevó tiempo, hasta que lo confronté y me perdoné.

En el 2014 me puse de novia, en 2016 me casé y soy feliz. Queremos ser padres. Digo esto porque nunca pensé que el matrimonio era para mí, dado lo que había hecho. El año pasado en la marcha que se realizó aquí en Tandil conté mi testimonio, fue difícil, pero fue lo correcto y de mucha bendición. ¡Eso despertó en mi una necesidad tremenda de luchar en contra del “aborto seguro”, dado que no es así!

Me llamaron de distintos lugares para brindar mi testimonio. Fue movilizador pero sanador y además muchos chicos que defendían el aborto, se acercaban después diciendo que a raíz de mi testimonio no estaban tan convencidos, que ya no les cerraba la idea de que fuera la única “solución” y me agradecían mi valentía.

Les dije que no era valentía, sino que se lo debía a mi bebé, al cual no le dí la oportunidad de vivir y a los miles millones de niños que como mi hijo habían sido asesinados. Y todos nos largamos a llorar.

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