Lo que se está en juego en el caso de Tafida Raqeeb, niña que permanece ingresada en un hospital de Londres tras estallarle un vaso sanguíneo en febrero pasado, no es ni más ni menos que el derecho a la asistencia sanitaria a un infante de cinco años. La dificultad para juzgar el caso radica en que no hay estadísticas al respecto: ¿Se recuperará lentamente del coma o, como pretenden los médicos ingleses, no lo hará nunca? Pero ojo, porque aquí no estamos hablando de un caso de coma irreversible, de hecho la propia familia ha demostrado mediante videos que Tafida está semiconsciente, a veces y que incluso llega a respirar sin el respirador.

Los padres de Tafida Raqeeb luchan para que los médicos no le retiren el soporte vital.
Los padres de Tafida Raqeeb luchan para que los médicos no le retiren el soporte vital.

Lo que aquí me temo que esté pasando es que en el hospital esté primando un criterio economicista y no sepan ahora sus médicos salvar la situación. La denegación de recursos asistencias por criterios económicos es éticamente indefendible y desde luego reprensible. Los criterios económicos tienen que considerarse por debajo del valor de una vida humana. 

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Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que con Tafida asistimos a un caso de eutanasia por omisión: podría vivir, perfectamente, de hecho, con los cuidados que se le están proporcionando. Los doctores del hospital italiano que quieren acogerla en Génova, incluso piensan que se podría recuperar, y que simplemente necesita tiempo. Un tiempo que a sus homólogos británicos parece que se les ha acabado.

Recuerdo de Alfie Evans

Este caso, que ahora nos ocupa en Inglaterra, no es por desgracia el primero. El pequeño Alfie Evans también murió con las bendiciones de un juez británico, se le dejó morir, se le denegó su derecho a la asistencia médica. Eso me causa verdadera preocupación por la asistencia que puedan recibir otros pequeños en el Reino Unido. Si dejan morir a estos chiquillo, están entrenado en una espiral peligrosa, en la que se pierden los derechos individuales, porque los pacientes están entonces a disposición de la arbitrariedad de los médicos, que decidirán si una persona merece seguir viviendo o si es una “vida indigna”.

Ahora que en España también se está empezando a llevar al terreno político a eutanasia, cabe preguntarse si no hay una desvalorización de las personas con discapacidad o daño cerebral. Véase el caso de Países Bajos, o de Bélgica, en el que el ofrecimiento de la eutanasia está al orden del día. La propia ley incluso da la posibilidad al médico para incapacitar legalmente. Se deshumaniza al paciente de tal forma que se los convierte en corderos ante el matadero. Esto se ha visto en persona con Alzheimer. ¿Dónde quedan relegados en esta lógica perversa los cuidados paliativos?

En ese punto, me pregunto qué crueldad perversa, disfrazada de humanidad, de acto de caridad, es la que guía el acabar con un ser querido desvalido.

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José Jara es presidente de la Asociación de Bioética de Madrid y miembro del 'European Board of Urology'. Autor de artículos científicos y de divulgación relacionados con la Ética asistencial, ha ocupado diversos cargos directivos en asociaciones científicas y recibido premios por la labor desarrollada. Es profesor universitario con espíritu inquieto, abierto y siempre en búsqueda de ideas que consigan una mayor humanizacíón de la Medicina.