Ludwig Minelli, fundador de Dignitas / Youtube

La Fiscalía que lleva la acusación del fundador de la empresa eutanásica Dignitas, Ludwig Minelli, por lucrarse con las muertes de sus ‘clientes’ se ha basado en dos casos controvertidos. El primero se dio en 2010 cuando presuntamente duplicó el precio que debían pagar para morir una madre y su hija, cobrando unos 8.600 euros en lugar de los 4.300 euros de la tarifa habitual.

El segundo caso, más escandaloso si cabe, fue en 2003. En él presuntamente se aprovechó de una mujer de 80 años que estaba enferma, aunque no padecía una enfermedad terminal. Intentó convencer a cuatro médicos y, según el tribunal, su insistencia se debía a que la mujer había prometido previamente hacer una donación de unos 86.000 euros a la fundación. Por otro lado, los medios suecos dicen que la mujer le habría dado un poder a Minelli que le permitió transferir a la cuenta de la clínica unos 39.600 euros.

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“El hombre estaba parcialmente envenenado, en agonía y revolcándose en la cama, echando espuma por la boca y sudando”

Según algunos medios suizos le piden una multa de 6.000 euros y una sanción financiera adicional suspendida de 56.000 euros con un período de prueba de dos años. Por su parte, Minelli niega cualquier delito y dice que las acusaciones carecen de fundamento.

Suiza y Holanda son los únicos países en los que el suicidio asistido no está penado siempre que no se haga por motivos “egoístas”. Dignitas se aprovecha del vacío legal del  artículo 115 del Código Penal helvético que señala que “cualquiera que, por motivos egoístas, instigue al suicidio o preste ayuda será castigado, si el suicidio ha sido consumado o intentado, con prisión de hasta cinco años”. 

70 horas agonizando

Una de las historias más espeluznantes sobre la clínica Dignitas fue la muerte de Peter Auhagen, contada por la ex empleada, Soraya Wernli, en el Daily Mail. El fallecimiento del ciudadano alemán fue un escándalo en su país. En el año 2004, paralizado por una hemorragia cerebral acudió a la clínica con su familia. Lo que no se esperaba Auhagen era la agonía que iba a pasar durante 70 horas hasta que llegase su final.

Habitualmente Minelli utilizaba una dosis letal de barbitúricos, pero en el caso de Auhagen decidió probar una ‘máquina suicida’ en la que el paciente era el que controlaba la administración de las drogas. La trabajadora recordó que “el hombre estaba parcialmente envenenado, en agonía y revolcándose en la cama, echando espuma por la boca y sudando”. “Fue algo terrible de presenciar, y sabía que no podría continuar”, añadió.

Pero no solo fue esta historia la que hizo que Wernli se alejara de la clínica. La exempleada se dio cuenta de que Minelli no se deshacía de las posesiones de los muertos y las vendía a tiendas de empeño. “Minelli me dijo que tenía que vaciar unos sacos negros y ordenar todo. Abrí uno y me quedé horrorizada con lo que había dentro: teléfonos móviles, bolsos, medias para mujeres, zapatos, gafas, dinero, carteras, billeteras, joyas… Eran las posesiones de los muertos y no se había devuelto nada a los miembros de la familia. Minelli hizo que sus pacientes firmaran formularios diciendo que las posesiones ahora eran propiedad de Dignitas y luego vendieron todo a tiendas de empeño y de segunda mano”.

Otros casos…

En abril de 2013, Pietro D’Amico, un magistrado de 62 años de Calabria, Italia, murió por suicidio asistido en un establecimiento de suicidio en Basilea, Suiza. Su autopsia mostró que tenía un diagnóstico equivocadoEn febrero de 2014, Oriella Cazzanello, una mujer de 85 años sana física y mentalmente murió en Dignitas tras pagar 10.000 euros porque no estaba de acuerdo con el aspecto que tenía. En agosto de 2015, una  mujer británica que no padecía ninguna enfermedad, murió en la clínica porque estaba deprimida.

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Periodista vocacional y ligada a la verdad. Desde pequeña tuvo claro el papel que quería tener en esta vida. Su cuna fue el Centro Universitario Villanueva y lucha cada día por contar lo que pasa en el mundo y denunciar las injusticias sociales.