Imagen referencial de maternidad subrogada y vientres de alquiler.
Imagen referencial de maternidad subrogada y vientres de alquiler.

“El nuevo nombre de la esclavitud del siglo XXI es ‘vientres de alquiler’”. Con esta contundente frase ha definido la coordinadora de Derecho a Vivir en Gran Canaria, Romina Gemignani, esta práctica durante el acto que la plataforma celebró este viernes en el Club La Provincia de Las Palmas y que contó con la asistencia de 120 personas.

Durante el evento se presentó, por primera vez en las islas, el documental #BIGFERTILITY: LO QUE EL CONTRATO NO DICE’ que narra la experiencia de la estadounidense Kelly Martínez, quién alquiló su vientre a tres parejas y relata cómo la conocida como ‘maternidad subrogada’ le “destrozó la vida”.

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“Es imprescindible que la sociedad conozca la cara oculta de esta práctica que somete a la mujer al deseo y a las exigencias de un cliente durante nueve meses a cambio de dinero, sobre todo cuando la legalización de esta explotación está en la agenda política”, explicó la portavoz de Derecho a Vivir en Gran Canaria.

En el acto intervino también la especialista en Bioquímica clínica y máster en Bioética, Adela Soria. La científica expuso la dimensión ética de los ‘vientres de alquiler’: “Desde la perspectiva ética, la maternidad subrogada tiene como realidad una comercialización del cuerpo femenino, lo cual atenta contra la dignidad de la mujer. Además convierte al niño en una mercancía: en algo que lleva en su vientre para entregarlo a otros”, afirmó.

Momento de una conferencia de Derecho a Vivir Gran Canaria sobre los vientres de alquiler. /DAV
Momento de una conferencia de Derecho a Vivir Gran Canaria sobre los vientres de alquiler. /DAV

Además, Adela Soria recordó que el vínculo entre madre e hijo biológico tiene un fundamento científico ya que “la propia naturaleza imprime unos rasgos imborrables tanto en la madre gestante como en el hijo que se desarrolla en su vientre”. Y añadió: “Es la simbiosis de vida que se establece en la etapa intrauterina: el hijo deja su impronta en la madre y la madre en el hijo”.

Soria recordó que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha puesto de manifiesto que “tanto la ‘madre de alquiler’ como el niño son utilizados no como fines en sí mismos, sino como medios al servicio de la satisfacción del deseo de otros”.

“En los últimos meses, hemos escuchado lo bonito que es traer al mundo un niño mediante esta práctica. Sin embargo, no se ha contado los problemas que se desencadena. Este documental está cambiando la visión de mucha gente sobre los ‘vientres de alquiler’”, concluyó Romina Gemignani.

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