Imagen referencial de embarazo y natalidad / Pixabay
Imagen referencial de embarazo y natalidad / Pixabay

El miércoles salieron los resultados de la Encuesta de Fertilidad del INE, casi 20 años después de los últimos, por cierto. Y si alguno pensaba que la cosa estaba complicada, se equivocaba de cabo a rabo, está mucho peor.

La encuesta evidencia lo que ya sabíamos: que no hay niños y que las mujeres, y también los hombres, querrían tener más de los que tienen.

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Un verdadero drama humano y social que debería convertirse en prioridad…y no hay manera.

Pero hay un punto que es el que a mí me ha llamado más la atención y me parece el más grave: las más jóvenes empiezan a rechazar la maternidad. Entre menores de 25 años, es un 27% el que dice no querer tener ningún hijo, mientras que entre las de 40 años o más, sólo el 9’2%.  Al principio me lié, pensé: “Claro según ves que se te pasa el arroz te entran más ganas de tener hijos porque se te escapa el último tren…” Pero claro, no, no es eso, que también pasa desde luego. Los datos lo que evidencian es que las nuevas generaciones pasan de tener hijos, de complicarse la vida e hipotecar su libertad.  Me parece sobrecogedor.

Y no es tanto que me preocupe las consecuencias demográficas y sociales que eso supone, que también, me preocupa que hemos criado una generación desligada de la naturaleza, una generación que pone por encima de todo su YO, y todo aquello que suponga una traba a mi libertad, mi tiempo, mi espacio, mi cuerpo… me estorba. Sin darse cuenta de que la felicidad viene de la mano de la entrega y la generosidad.

Las políticas ideológicas que enfrentan a la mujer y al hombre llevan a un callejón sin salida

Hemos criado una generación abocada a la soledad fruto del egocentrismo. Y eso, inevitablemente, conlleva tristeza. Cuánto lo siento por ellos de verdad, no saben lo que se pierden.

También creo que en esto hay mucho de una nueva generación fruto de rupturas familiares que sencillamente no quieren repetir la historia. Empezamos a vivir las consecuencias del feminismo radical que nos enfrentó en una lucha absurda y triste en la que nadie estaba dispuesto a renunciar a nada, ni a pedir perdón, ni a decir la última palabra ni, mucho menos, a pensar en el otro antes que sí mismo… y que nos llevó al divorcio “en masa”.

De todo esto, saco 2 conclusiones:

1.- Que hay que exigir y proponer políticas familiares que solventen el primer problema, el hecho de que la gente no pueda tener los hijos que realmente quiere tener (y eso es lo que estamos haciendo ya en la plataforma Women of the World, por cierto).

2.- Que las políticas ideológicas que enfrentan a la mujer y al hombre, las que exigen la liberación de la mujer arrancándole su esencia femenina y las que reniegan de la propia naturaleza, llevan a un callejón sin salida.

Así que toca remangarse y ponerse a trabajar para devolverle a España la alegría de vivir en familia, de compartir, de darse a los demás, de renunciar a uno mismo… y encontrar esa felicidad tan sencilla, y tan eterna, que regalan los hijos.

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Orgullosa de ser mujer, esposa de Paco y madre de 10 hijos. Estudié Filología Inglesa, pero acabé por entregarme -feliz- al cuidado de mis hijos. También presido Profesionales por la Ética y la plataforma Women of the World. Además, he escrito un libro (Mi historia y once más, Ed. Áltera) y tengo un blog con el mismo nombre. [https://mihistoriayoncemas.wordpress.com/home/] Reivindico la esencia de lo femenino y lo masculino (diferentes, gracias a Dios) en su complementariedad.