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Un periódico titula así la precampaña de las elecciones a la Comunidad de Madrid: “El fichaje es Gabilondo: Sánchez reivindica la moderación frente a Ayuso e Iglesias”. Pero ese mismo partido que se proclama moderado frente a la política “agresiva y destructora” de otros, acaba de capitanear la legitimación del asesinato de inocentes. ¿Moderado el PSOE? ¿El que proporciona licencia para matar a los médicos, obligados a prostituirse si no quieren ver sus nombres en una lista negra, a fin de quitarse de encima a ancianos y enfermos terminales? 

¿Moderados ERC; BNG; PNV; -del árbol y las nueces a la jeringuilla para librarse de abueletes-; JxCat; Mas País, CUP, Ciudadanos? No incluyo a Bildu y a Podemos, los otros partidos que han votado a favor de la eutanasia, porque la pregunta sería doblemente retórica. Ya se sobreentiende su falta de escrúpulos morales. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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El espejismo relativista y la manipulación del lenguaje nos han conducido hasta el mundo al revés. A los que defienden la libertad y la vida los llamamos “ultras”: Vox y PP; y a los que imponen la ejecución de inocentes y el exterminio de los débiles los llamamos  “moderados”. 

¿Nos atreveríamos a llamar “moderados” y “democráticos” a Goebbels, Himmler, Martin Bormann, Laurenti Beria, Vasili Blojin y otros artífices de los sistemas masivos de exterminio nazi y soviético? Desde este punto de vista no hay gran diferencia entre quienes se arrogaban la facultad de decidir qué vidas son dignas e indignas y los diputados de la Carrera de San Jerónimo que han votado a favor de la eutanasia. 

¿Quiénes se han creído que son Sánchez, Iglesias, Urkullu, Junqueras, Arrimadas etc. para tomar esa decisión? ¿Quién les ha dado potestad para dar vía libre al asesinato, mediante la despenalización de la eutanasia? Y una pregunta más incómoda… ¿por qué lo habrán hecho? ¿Porque están anestesiados? ¿Porque están comprados? ¿O porque son unos eficientes burócratas de la muerte que han caído en “la banalidad del mal”?, -como el Adolf Eichmann descrito por Hannah Arendt-.

El registro de objetores no sólo es inconstitucional, sino también una lista negra, y ya sabemos todos para qué sirven las listas negras

Y no nos vengan con la compasión ante el sufrimiento. Burda excusa. Si realmente estuvieran preocupados por el sufrimiento, habrían puesto en marcha una Ley de Cuidados Paliativos, y logrado que todas las facultades de Medicina impartieran la especialidad como obligatoria. Cada año hay 60.000 pacientes que sufren innecesariamente porque necesitan cuidados paliativos avanzados y no los tienen. Pero en lugar de proporcionar formación a los médicos para paliar el dolor, el Gobierno los convierte en verdugos.  

Y la objeción de conciencia, que va mencionada en un artículo de la ley eutanásica, es una trampa para los médicos. El registro de objetores no sólo es inconstitucional -va contra el derecho de no verse obligado a declarar sobre  ideología, religión o creencias-, sino también una lista negra, y ya sabemos todos para qué sirven las listas negras.

Cuando, en rigor, lo decente sería lo contrario: elaborar una lista negra de los ejecutores. Que los facultativos que estén dispuestos a ejercer de sayones den su nombre y que los pacientes los puedan identificar. Por ejemplo, con una bata gris en lugar de blanca, como ha propuesto Juan Luis Steegman, diputado de Vox y que algo sabe de pacientes terminales (ha sido durante 32 años médico onco-hematólogo). 

También es burda excusa el argumento de que, a diferencia de quienes iban a la cámara de gas nazi, los que ahora piden la eutanasia lo hacen voluntariamente. Primero, es una excusa, porque la voluntad individual no es fuente de legalidad. Segundo, ¿realmente piden la eutanasia voluntariamente?, ¿no lo hacen presionados por quienes los rodean -médicos, políticos, familiares-? 

¿No resulta sospechoso que las leyes eutanásicas se estén planteando precisamente ahora, en una época de envejecimiento de la población? ¿No resulta una solución fácil y expeditiva al coste social que representan los ancianos en Occidente? ¿No es una tentación irresistible para sacudirse tan onerosa carga?

Se mire por donde se mire, la ley es injusta y peligrosa. Por si nos cabía alguna duda -después de otras iniciativas de ingeniería social como el aborto o las leyes LGTBI-, con esta ley, el Estado se convierte abiertamente en un peligro público. En lugar de garantizar el más elemental de los derechos, el derecho a la vida, y la integridad física de los españoles, el Estado se convierte en una amenaza. Dicho a lo tosco: los señores a los que les pagamos para que nos protejan se convierten en sicarios que van contra nosotros.

¿Y qué espera el Estado que hagamos ante una amenaza? Enrique García-Máiquez ha escrito: “Un Estado que aprueba la eutanasia no tiene fuerza moral para obligarnos a llevar casco o cinturón de seguridad o mascarilla ni para confinarnos”. 

Un Estado así de prepotente y arrogante se expone a que el ciudadano se niegue a pagar impuestos

Un Estado que legitima el asesinato de ancianos, enfermos y deficientes, se deslegitima automáticamente. Y da pie a que el ciudadano, amenazado por el Leviatán de bata blanca, se subleve. 

Un Estado así de prepotente y arrogante se expone a que el ciudadano se niegue a pagar impuestos (con mi dinero no vas a cepillarte a enfermos terminales ni a bebés en el seno materno); se niegue a oficiar de colaboracionista del crimen organizado; a ser cómplice de la tiranía. 

Un Estado que cruza el Rubicón de la ley de la fuerza, se expone a… rellenen ustedes los puntos suspensivos. O traten de convencerme de que estoy equivocado. ¿Lo estoy?

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.