Este sábado 28 de diciembre se celebra el Día de los Santos Inocentes. Por si no recuerdan el episodio, el evangelio de San Mateo lo relata así:

Después de que los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

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Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.

Muchos -demasiados- son los pequeños inocentes que han muerto violentamente a lo largo de la historia de la humanidad asesinados por adultos y, lo que es más siniestro y perverso, por aquellos que estaban encargados de su cuidado. El instinto, la ley natural y el sentido común nos dice que todos sin excepción debemos proteger al más débil. El cristianismo aportó a la civilización el combate feroz contra el infanticidio que se practicaba en sociedades como la de la antigua Roma y las culturas prehispánicas de algunas regiones americanas.

Pues lo que dicta el sentido común, que es salvaguardar al más débil y legislar y gobernar para preservar su vida y ayudarle en su desarrollo físico, emocional e intelectual, no rige en España, país en el que desde que se despenalizó el aborto en 1985 se han perpetrado nada menos que 2.386.601 infanticidios legales (la suma es del Instituto de Política Familiar) quirúrgicos pagados por usted y por mí con nuestros impuestos. Sin contar con los abortos químicos, absolutamente descontrolados porque se dispensan sin receta ni control alguno a mujeres de cualquier edad. Como si fueran juanolas.

Cuando se despenalizó el aborto con el primer gobierno de Felipe González se utilizaba mucho, para fundamentar la actuación socialista, aquello de “a nadie se le va a obligar a abortar”. Y también “quien quiera abortar podrá hacerlo y quien no quiera, pues no”. Mentira: una parte de nuestros impuestos se destinan a matar inocentes en los abortorios, lo queramos o no.

Hasta hace medio siglo la ley y las instituciones protegían al más débil sin discusión alguna. Lo contrario era sencillamente barbarie. Y en el juramento hipocrático (siglo V a.C.) el médico se comprometía a preservar la vida del no nacido en estos términos: “Aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y me abstendré de hacerles daño o injusticia. A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno ni a nadie le sugeriré que lo tome. Del mismo modo, nunca proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo”.

Pues hoy la barbarie está instalada en las instituciones. Y Herodes se sienta en la Asamblea de Madrid. Y si no lo creen, vean los vídeos de los interesantes debates que se han producido en el parlamento autonómico madrileño en torno al aborto. 

Por ejemplo, en este vídeo la diputada de Unidas Podemos Beatriz Gimeno arremete contra los voluntarios provida que ofrecen a las mujeres alternativas al aborto a las puertas de los abortorios. Se trataba de votar una Proposición No de Ley (PNL) para instar al Gobierno de la Comunidad de Madrid a que impidiera la presencia de voluntarios provida en las proximidades de las clínicas abortistas. Enfrente, la doctora Gádor Joya les recuerda que el bebé que lleva en su seno la mujer es un ser humano y que su corazón late, dato que se quiere ocultar a la embarazada para que no cambie de opinión y ponga fin a la vida del niño en los siniestros y lucrativos abortorios.

En la Asamblea de Madrid tienen a varios Herodes, a los soldados romanos, a los verdugos, a los ángeles que avisan…

Por su parte, la diputada socialista Lorena Morales acusa a HazteOir.org y Derecho a Vivir de “acosar” a las mujeres que van a abortar y entra en cólera porque la Ambulancia Vida se sitúa frente al abortorio Dator los sábados para ofrecer a las embarazadas una ecografía gratuita. Y en esas entra Ana Isabel García, de Ciudadanos, para pedir que los voluntarios que rescatan bebés a las puertas de los abortorios sean considerados delincuentes, culpables de un delito que puede perseguirse de oficio.

Pero el momento culmen de los debates en la Asamblea de Madrid se produjo el pasado 12 de diciembre cuando la diputada de Mas Madrid, Mónica García, médico anestesista, acusó a la Ambulancia Vida de acosar a las mujeres para “enseñarles el latido fetal de lo que llevan dentro”. Y pronuncia la doctora García una frase memorable dirigida a otra médico diputado en la cámara legislativa autonómica: “Ponen ustedes el ecógrafo a aquellos fetos que, por tener latido, consideran ustedes que ya tienen vida”. 

No se pierdan tampoco la valiente intervención contra el aborto de la diputada del Partido Popular en la Asamblea de Madrid, Almudena Negro, quien citó al chavista Rafael Correa, expresidente de Ecuador para recordar que “el aborto es un asesinato, el asesinato del ser más débil e inocente”.

Así que si a ustedes no les ha dado tiempo a poner el belén en casa estos días, no sufran. En la Asamblea de Madrid tienen a varios Herodes, a los soldados romanos, a los verdugos, a los ángeles que avisan a José para que ponga a salvo al bebé antes de que lo maten… y al Misterio escondido en los corazones de los diputados que aún creen que la vida es sagrada y debe ser respetada, salvaguardada y protegida por las leyes y las instituciones. 

Si quieren ustedes sumarse a este ‘belén’ en el bando de los ángeles firmen la petición de Derecho a Vivir que sin duda contribuirá a reducir el número de abortos y a salvar vidas de Inocentes.

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