El Tribunal Supremo británico ha fallado contra el Hospital Royal Berkshire, al encontrar razonable y ajustada a derecho la reclamación de una mujer, Edyta Mordel, quien demandó al centro sanitario porque, de haber sabido que su hijo tiene trisomía en el par 21 causante del Síndrome de Down, lo habría abortado antes de nacer.

Mordel, de 33 años y que actualmente se hace cargo de su hijo, considera que tiene derecho a una indemnización de más de 222.500 euros. La madre ha explicado que durante el embarazo reclamó que se le hicieran pruebas prenatales para detectar posibles complicaciones o enfermedades y que no se las practicaron, por lo que, al descubrir tras el parto la condición Down de su hijo se quedó «devastada», tal y como recoge el Daily Mail.

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Mordel alegó que, al conocer a un compñaero de trabajo con síndrome de Down vio «lo difícil que es su vida», por lo que, de haberlo sabido en el caso de su hijo, hubiera oprtado por quitarle la vida antes del nacimiento.

Por su parte, el hospital asegura que dichas pruebas se le ofrecieron, pero que fueron rechazada por la propia Mordel. El juez estima que el ecografista encargado de hacerla prueba no tuvo en cuenta, pese a que había precedentes de que Mordel la había solicitado, que el inglés no es la primera lengua de Mordel. El magistrado entiende que con la información previa y pese a la primera negativa, se debía haber preguntado de nuevo ante el aparente cambio de criterio.

Según la autoridad de Litigios del sistema nacional de salud del Reino Unido, en los últimos cinco años se habrían pagado más de 78 millones de euros en los últimos cinco años por casos como el de Edyta Mordel, que en lenguaje jurídico responden al nombre de «nacimiento injusto».

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