La ministra de Igualdad Irene Montero, en el Congreso. /EFE
La ministra de Igualdad Irene Montero, en el Congreso. /EFE

Ha tenido que ser el mismo día en que la Audiencia Nacional pide al Tribunal Supremo que impute al vicepresidente Pablo Iglesias por tres delitos, uno con «agravante de género». Su compañera personal oficial, madre de sus hijos, colaboradora política y ministra de Igualdad Irene Montero ha anunciado que el Gobierno permitirá a las menores a partir de 16 años abortar sin conocimiento de los padres.

La medida, que se ha vendido como una «derogación» de la ley del aborto vigente, no es sino la reforma de la microrreforma aprobada por el Partido Popular en el año 2015, que enmendó con pellizco de monja e incumplimiento electoral escandaloso, la ley de barra libre de aborto aprobada por José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2010.

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Para adornar el capote en auxilio del padre de sus hijos, Montero asegura que además se añadirán «formas más novedosas» de anticoncepción (da terror imaginar en qué está pensando) y más adoctrinamiento sexual en las aulas.

Sobre la decisión de la Audiencia Nacional de pedir al Tribunal Supremo que investigue al vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, cuestión por la que ha sido interrogada en la Comisión de Igualdad del Congreso, Irene Montero se ha limitado a quejarse por el «ataque faltón» y a asegurar a una diputada del PP que «la diferencia entre ustedes y nosotros es que las querellas que nos ponen acaban archivadas y las suyas con sus militantes en la cárcel». Tiempo al tiempo.

Lo que es seguro es que, si Pablo Iglesias no fuera parte de la casta que antaño denostaba, hoy estaría imputado por la Audiencia Nacional. Sin embargo, sus privilegios que le asisten le dan un balón de oxígeno que sólo el Tribunal Supremo puede pinchar.

Por supuesto, la Fiscalía a las órdenes de la exministra socialista de Justicia Dolores Delgado no le dejará abandonado a su suerte. Aún con esa ayuda, si resulta imputado Pedro Sánchez se vería obligado -si la moral o la decencia tuvieran algún significado en su carera política- a cortar la cabeza moñuda del neocomunista para salvar la suya, al menos de forma temporal.

No sé si quiero saber lo que tiene preparado Iván Redondo para la ocasión. Pero de momento, no se puede perder de vista algo esencial: la reforma de la microrreforma del aborto realizada por el PP tendrá una consecuencia segura: la muerte de seres humanos inocentes, algunos de los cuales serán matados a la misma edad prenatal a la que nacieron prematuros los hijos de Pablo e Irene.

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