La doctora pidió a la hija del paciente y su cuñado que le ayudaran a sujetar a la mujer. Tenía 74 años, y sufría de demencia grave, empezó a luchar mientras la ‘doctora’ procedía a administrarle una inyección letal. Momentos después, moría la mujer.

Esto no es la trama de una película de horror. En cambio, son los hechos que se por los que se imputa a una casa de cuidados holandesa en 2016, hechos que son parte del caso criminal por el que se acusa a la doctora que administró la eutanasia de homicidio. El caso también está tomando un cariz de indicador potencial de cómo pueden ser los casos de eutanasia en otros países. 

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Matar sale barato

En un tribunal neerlandés, los fiscales dicen ahora que la doctora no obtuvo el consentimiento de la mujer anónima. Apuntan al hecho de que la paciente anciana luchó por su vida mientras se administraba la inyección -prueba en sí misma, argumentan los fiscales, que no había dado su consentimiento, o lo dio con conocimiento y comprensión requeridos para que su consentimiento fuera válido.

La mujer asesinada había sido diagnosticada de Alzheimer en 2012. Antes de ser admitida en la casa de cuidados donde murió, firmó una declaración diciendo que quería ser eutanasiada. Esa declaración tenía un anexo, que decía que quería decidir cuando morir mientras tuviera lucidez y la ocasión era propicia».

El caso legal concluirá en las próximas semanas, pero sorprendentemente, dados los hechos, a la doctora, que permanece anónima y ya está jubilada, aunque fuera condenada, la fiscalía no le pide medidas de prisión. Una portavoz de la fiscalía neerlandesa, Sanna van der Harg dijo, «no queremos dudar de las intenciones honestas de la doctora». Y añade «Una pregunta clave en este caso es cuanto tiempo un médico debe continuar consultando a un paciente con demencia, si el paciente en un estadio anterior ya solicitó la eutanasia». Sin embargo, Van der Harg admite que en este caso «una discusión más intensiva» debería darse, antes de acabar con la vida del paciente.

La razón para las reticencias del estado neerlandés a una sentencia de prisión para la doctora y la aparente ambivalencia para llevar a los tribunales otros casos de este tipo es por la aceptación generalizada social y política de la eutanasia en los Países Bajos. La familia de la difunta, desde luego, apoya las acciones de la doctora que acabó con su anciana pariente.

Ley Neerlandesa

Los Países Bajos fue el primer país en legalizar la eutanasia en 2002 (el estado de Oregón en EEUU lo hizo en 1997). El año siguiente, hubo 1.626 casos de eutanasia en el país, declarados oficialmente. En 2017 los casos declarados aumentaron a 6.585.

El caso anteriormente mencionado es el primero de eutanasia que llega a un tribunal neerlandés. El Doctor Gordon Macdonald, CEO de la organización británica Care Not Killing (‘Cuidados, No Asesinatos), dijo al National Catholic Register que lo que nos jugamos no es la aceptación de la Eutanasia en el país: «Se ha dejado claro que la fiscalía no se mueve por el interés de la Justicia, sino de aclarar el proceso. Con los legisladores y los militantes a favor de la eutanasia mezclados, este caso echa luz en la debilidad de los procedimientos de salvaguardia y revisión, así como, terriblemente, en toda la cultura a través de las actitudes sobre cuidados encaminados a la muerte en Países Bajos».

Andreas Thonhauser es el portavoz de la Alianza Internacional por la Defensa de la Libertad (ADFI), una organización cristiana que protege las libertades fundamentales y promueve la dignidad inherente a todo el mundo. En una entrevista con el Register, Thonhauser ve el caso ante los tribunales neerlandeses como sintomático de un malestar más profundo en la sociedad holandesa, particularmente reflejada en su visión de los pacientes vulnerables. «El caso de Países Bajos expone la amenaza que supone legalizar la eutanasia para las personas y la sociedad en su conjunto», añade. «En vez de sencillamente cuidar a los más vulnerables, el equipo médico se enfrenta a mucha presión para tomar decisiones controvertidas respecto de la vida de los pacientes». A lo que añade «Una vez que un país permite la eutanasia, como en Países Bajos, no hay punto de parada lógico».

«El caso de Países Bajos expone la amenaza que supone legalizar la eutanasia para las personas y la sociedad en su conjunto»

La extensión de la eutanasia legalizada es más aguda en países del Benelux (Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo). Los doctores en Bélgica también han terminado ante los tribunales, acusados de asesinato ilegal, a pesar de que, como en Países Bajos, Bélgica tiene una legislación

Muerte en Bélgica

El caso más prominente de Eutanasia en Bélgica fue el del asesinato de Godelieve De Troyer. El caso ha terminado ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). In 2012, Tom Mortier se enteró de que su madre, Godelieve, habia sido eutanasiada el día anterior. La explicación que se dio a lo que estaba sufrtiendo era «depresión intratable». La eutanasia ha sido legal en Bélgica, como en Paises Bajos, desde 2002, con una ley que especifica que los que piden terminar sus vidas tienen que estar en una condición «médica» fútil y en constante sufrimiento físico o mental, que no puede ser aliviados, resultante de una aflicción médica incurable causada por una enfermedad o un accidente.

En el TEDH, Mortier presentó una solicitud contra Bélgica, y ADF International le presta apoyo. De acuerdo al portavoz de ADFI, Thonhauser, la madre de Tom Mortier estaba físicamente sana y su psiquiatra pensaba que no satisfacía los requisitos de la ley belga de eutanasia. De manera chocante, Thonhauser apuntó a que «la doctora que administró la inyección letal a la madre de Mortier, sin informar a su familia, ha sido uno de los más declarados promotores de la eutanasia». Para Thonhauser, esta muerte es representativa de la «pendiente resbaladiza en Bélgica, y en este caso, vemos las consecuencias trágicas».

Thonhauser dijo que las pruebas recopiladas en el último informe del gobierno belga sobre eutanasia revela que aproximadamente seis personas al día mueren por eutanasia aprobada por el Estado, pero está preocupado, dijo de que «esto sea solo la punta del iceberg».

«los numeros exponen la verdad: cuando se aprueban estas leyes, el impacto de la eutanasia no se puede controlar», añade Thonhauser.

EEUU y Reino Unido

A la luz de lo que está ocurriendo en el viejo continente, el dr. Macdonald de Care Not Killing opina «el historial de estos países europeos que han legalizado ya sea el suicidio asistido o la eutanasia deberían servir de aviso a los legisladores en lo que concierne al aumento de admisiones, la expansión de la ley y los cambios en como la enfermedad y la invalidez son percibidos por la sociedad».

Pero mantiene la esperanza de que los legisladores británicos y estadounidenses «reciban todos los datos y los peligros que supone para los más vulnerables y los discapacitados el que se legalice el suicido asistido o la eutanasia, que están prohibidos en la mayoría de países europeos».

Sin embargo, añade que es necesaria una vigilancia para asegurar que este sigue siendo el caso para el Reino Unido y otros países, dado el enorme empuje para legalizar el suicidio asistido y/o la eutanasia en algunos estados estadounidense, el Reino Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Para asegurarnos de que la eutanasia no se extiende globalmente, apuntó «es importante que los argumentos contra ese cambio en la ley sean presentados a los legisladores de manera efectiva».

En Reino Unido, tanto la eutanasia como el suicidio asistido siguen siendo ilegales. However, there have been recent attempts at Westminster to legalize assisted suicide in certain circumstances. Es último intento fue rechazado por el parlamento en 2015. En reflexión sobre el caso ante los tribunales neerlandeses, la parlamentaria británica Fiona Bruce comenta: «este caso demuestra exactamente por qué es importante para los parlamentarios británicos el seguir manteniéndose firmes en su decisión de 2015 para no cambiar nuestras leyes e introducir la muerte asistida».

Esos sentimientos son reiterados por la Baronesa Finlay de LLandaff quien dijo «en esas jurisdicciones donde los doctores tienen licencia para suministrar o inyectar drogas letales a los pacientes, las tasas anuales de muertes han crecido año tras año sin descanso». «En los Países Bajos una muerte de cada 22 es ya por eutanasia, y en las fronteras de Holanda, la Ley de Fin de Vida bajo Demanda y Suicidio Asistido se extiende constantemente para abarcar a más grupos, como los enfermos mentales.»

Vida en el Reino Unido

Finlay dijo que los intentos recientes de cambiar la ley en Gran Bretaña «tenían declaraciones vagas que no se podían verificar, y que no se podían auditar de manera independiente. No pueden proteger proteger a los más vulnerables, los que estén gravemente enfermos o son capaces de detectar coerción alguna». Como resultado de eso, dice que los parlamentarios británicos han «visto la mentira y rechazado de manera consistente esos proyectos de ley de muerte asistida». 

Parte de la razón para la negativa continuada por parte del parlamento británico, dice MacDonald, es que el suministro e innovación en cuidados paliativos en Reino Unido es de vanguardia mundial. Y añade «Es probable que una mayoría de los parlamentarios siga oponiéndose a la legalización del suicidio asistido. Sin embargo hay una minoría ruidosa de ellos que son incansables a la hora de buscar cambio en la ley».

Comentarios

Comentarios

Miguel Vinuesa (1983, Madrid) es licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, y cursó el Máster de traducción de la Universidad de Ginebra (Suiza). Fue responsable de comunicación interna en una empresa relacionada con el mundo financiero y anteriormente ha sido parte de los gabinetes de prensa de Telefónica, la Conferencia Episcopal o la propia Universidad San Pablo-CEU. Actualmente es redactor en la Fundación CitizenGO.