Alfie Evans, en una de las últimas fotos que se le ha hecho en el hospital.
Alfie Evans, en una de las últimas fotos que se le ha hecho en el hospital.

El pasado martes 20 de febrero, el juez que está llevando el caso del niño de casi dos años Alfie Evans dio permiso al Hospital Infantil Alder Hey para desconectar al pequeño del soporte vital. Este martes, ha desestimado el recurso de los padres contra esa medida condenando de manera irrevocable al inocente Evans a muerte.

Según el juez, el daño cerebral es “fatal”, pese a que no se le ha diagnosticado ninguna enfermedad en todo el tiempo que lleva ingresado en el centro hospitalario. Además, basa su decisión en el estado «profundamente comatoso» del niño lo que no le permite «darse cuenta de lo que lo rodea».

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Sus padres, Tom Evans, de 21 años y Kate James, de 20, han luchado hasta el final por la vida de su hijo al que no podrán salvar de la Justicia, ni de la medicina cuando los médicos dejen de tratarle.

Su padre, Tom, dijo antes el juez antes de que tomase esta fatal decisión que si fallaba en su contra, «condenaría a muerte» a su hijo, como así ha sucedido.

Dice la Justicia que “Alfie no puede seguir viviendo por sí mismo y que ha sido el ventilador el que le ha mantenido en vida durante estos meses”

Durante todo el juicio, que se alargó varias semanas, el hospital ha alegado que el tratamiento que estaba recibiendo este bebé de 21 meses era “cruel, injusto e inhumano“. Y en más de una ocasión insistió en su vida no tenía “ningún sentido“. Todo lo contrario de lo que opinaban sus padres.

Pero para la Justicia el hecho de que “Alfie no puede seguir viviendo por sí mismo y que ha sido el ventilador el que le ha mantenido en vida durante estos meses”, es suficiente para dejar de tratarle e impedir su traslado a otros hospitales en otros países en los que sí se le podría tratar.

Se trata del segundo caso en Reino Unido en el que la Justicia manda a un hospital dejar de tratar a un bebé por no poder valerse por sí mismo y dejarle morir. El anterior fue el de Charlie Gard, quien ha pesar del fuerte apoyo popular, con campañas globales como la de CitizenGO, al final se les escapó el tiempo.

En esta ocasión también ha habido un apoyo popular con casi 100.000 firmar en CitizenGO y más tiempo y esperanza, pero la puerta de la Justicia hacia la desconexión de la vida está abierta y cada vez será más difícil cerrarla.

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