Un feto muerto y el doctor Carlos Morín
El doctor Carlos Morín ha sido absuelto de 8 abortos ilegales.

El médico Carlos Morín practicó cientos de abortos en Barcelona hasta 2007, cuando la televisión pública danesa publicó un reportaje con cámara oculta sobre las prácticas ilegales de este médico que le llevaron poco tiempo después a comparecer ante la Justicia.

Abortos ilegales o financiación irregular son algunas de las acusaciones a las que tuvo que hacer frente Morín y de las que finalmente salió indemne en 2013 porque, según el Tribunal, aunque en las clínicas investigadas “se constataron determinadas irregularidades administrativas”, no había “ningún indicio de que se practicaran abortos ilegales”.

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Este viernes la Audiencia Provincial del Barcelona volverá a repetir el Juicio tras el recurso que puso el Centro Jurídico Tomás Moro, y Actuall hace un repaso de las mayores barbaridades de las que se acusa al doctor y a las que tendrá que hacer frente en los próximos dos meses, hasta que se vuelva a dictar sentencia.

– 89 abortos ilegales: De todos ellos, algunas de las madres se encontraban en el octavo mes de gestación, pero el doctor Morín nunca ponía pegas. Así lo reconoce una de las testigos, Nieves, quien acudió a la clínica del doctor Morín con 24 semanas de gestación. La testigo aseguró en el juicio que llegó a la clínica TGB (regentada por Morín) en “estado avanzado de embarazo”, pero que “a los responsables no les importó”. Las cifras por cada uno de esos abortos oscilaban entre los 1.500 y los 3.000 euros.

Morín falseaba las historias clínicas para que fetos de 33 semanas de gestación figurasen como de 22, dando de esta manera una apariencia de legalidad a sus actuaciones.

– Digoxina para matar al bebé: Para realizar los abortos tardíos, en los que se provocaba el parto a la madre, el equipo médico a las órdenes del doctor peruano inyectaba este tóxico en el corazón del bebé para pararlo y evitar así que naciera vivo.

Menores de edad: Carlos Morín no sólo practicó abortos en mujeres con un avanzado estado de gestación fingiendo que sufrían daños psicológicos, sino que no tuvo miramientos en realizarlos también en ninas menores de edad, de hasta 13 años, según reconoció él mismo en su declaración ante la juez durante el juicio.

Madres desangradas: «¿No te conté que le pusimos una inyección e hizo un hematoma en la nalga? Y empezó a hacer hematuria. Sí, sí hizo. Se descoaguló completa». «Ah, mi****, esa no la sabía». Esta es una de las conversaciones telefónicas que se grabó y que sirvió como prueba para resaltar los graves riesgos que sufrieron varias mujeres al someterse a estos abortos, riesgos que no parecen importarles a los médicos que trabajaban en las clínicas.

Trituradoras de fetos: El médico peruano adquirió una trituradora de gran tamaño por valor de 1.211,57 euros para deshacerse, presuntamente, de los restos de los bebés abortados. Un triturador cuya función no conocían los empleados, sólo el propio Morín.  

Personal: Para ahorrar costes, Carlos Morín utilizaba personal de limpieza como enfermeras, contrataba a ginecólogos sin titulación y prescindía de anestesistas.

Turismo abortista en Europa: Dado que los abortorios del médico Carlos Morín se especializaron en los abortos de riesgo y en aquellos que se encontraban en las últimas semanas legales para abortar, sus hospitales se convirtieron en un referente en Europa para muchas madres que se quedaban sin tiempo, o que, según las acusaciones, habían agotado el plazo legal para abortar. Es decir, eran hospitales punteros en el llamado turismo abortivo.

Hacienda descubrió que la empresa de Morín habría dejado de pagar 446.054 euros en el año 2006

– Evasión fiscal: La presunta estafa fue detectada por la Agencia Tributaria a raíz de este caso de las clínicas abortistas, pues la investigación implicó registros en las clínicas y sociedades que administraban Morín y su esposa. Hacienda descubrió que la empresa Barinvest, propiedad de Morín y su mujer, habría dejado de pagar en concepto de IVA y del Impuesto de Sociedades 446.054 euros en el año 2006.

– Casa de 4,2 millones en Barcelona: Gracias al lucrativo negocio de los abortos, el matrimonio Morín pasó de vivir de un humilde barrio en Perú a hacerlo en una casa en Barcelona valorada en 4,2 millones de euros.

– Testigos amenazados: Algunos de los testigos principales que tenían que comparecer en el juicio contra su antiguo jefe cambiaron su testimonio beneficiando a la defensa. Según publicó el diario Ya, Morín asustó y amenazó a estos testigos protegidos, haciéndoles creer que si declaraban podían pasar a ser parte imputada, aunque no les decía que si cambiaban su delcaración también podían caer en un posible caso de delito de falsedad testimonial.

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