Ecografía prenatal de un embrión humano en la que se detecta su latido.
Ecografía prenatal de un embrión humano en la que se detecta su latido.

* Por Julio Narro.

Volver a empezar. Aunque sea algo tan simbólico y convencional como la medida del tiempo, el año nuevo abre un boquete a la esperanza. Trae ilusiones que no saben de las malas y viejas historias que hemos soportado el año anterior. Se acogen sentimientos de fantasía, alegría, ingenuidad y curiosidad que son los propios de un niño que disfruta con las pequeñas cosas de su alrededor. No resulta extraño que se tome a un bebé como representación del año que comienza. La imagen de esperanza se completa cuando el niño aparece sonriente en brazos de su madre que le contempla embelesada. 

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Solo una madre podría expresarse de este modo: “Nunca pensé que ser madre me fuera a hacer tan, pero tan feliz”. Para ella, sin duda, una de sus mayores alegrías ha sido la de ser madre y por ello quería compartir esa experiencia que ha marcado trascendentalmente su vida. El regalo más precioso -decía esta madre- es poder engendrar a un hijo y al momento de nacer sentir que es la obra maravillosa y perfecta que un día verá crecer.

Sin embargo, en las tertulias y series de televisión se percibe un empeño permanente en presentar a las mujeres embarazadas como víctimas de un problema sobrevenido. En esas historias parece como si el hijo que llevan en sus entrañas es la consecuencia de un error. Parece que tuvieran que pedir permiso a las autoridades para traer al mundo una nueva criatura. Parece que tengan que esconder su libre deseo de aportar su generosidad y recoger la felicidad de ser madre.

En semejante ambiente, propio de una sociedad desesperanzada, los profetas del cataclismo climático promueven en los organismos internacionales el aborto como  simple fórmula para evitar el calentamiento global. Y los gobiernos intervencionistas lo aplican como una solución políticamente correcta.  El resultado en España es que en 2018 se produjo el sacrificio de 95.917 bebés en las entrañas de sus madres . Y no se advierte de que una sociedad donde faltan niños tiende a desaparecer: es como un lento suicidio social.

Si la mujer tiene derecho al aborto es porque es una manera de “solucionar su problema” entre otras posibilidades que se le puedan ofrecer si quiere seguir adelante su embarazo. Es un despropósito promover el aborto sin ofrecer ayuda a la embarazada. Es algo que resulta inhumano cuando se trata de una madre desprotegida en situación de vulnerabilidad.

Y por supuesto, es deber elemental de justicia, como en cualquier intervención quirúrgica, ofrecer a la mujer en disposición de abortar toda la información de lo que supone esa intervención y de las posibles consecuencias que se puedan derivar para su salud. Ya está reconocido el alarmante número de casos  que padecen el llamado síndrome postaborto.

El Parlamento eslovaco, a propuesta del Partido Nacionalista Eslovaco, similar a VOX en España, ha aprobado una ley que obliga a ofrecer la mayor información científica disponible para quien se plantee abortar, de forma que tome su decisión con el mayor conocimiento y libertad. Para ello será obligatorio realizar previamente una ecografía en la que la mujer pueda observar al hijo que lleva en su seno y es preceptivo que el ecógrafo utilice toda su potencia para que también se escuche el latido del bebé.

Ello hace posible que la madre y los que la rodean sean conscientes del hijo que está en camino y que anuncia, con su latido, la entrada en el mundo de los vivos.

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