Una mujer embarazada muestra su vientre, sobre el que se proyecta una ecografia
Una mujer embarazada muestra su vientre, sobre el que se proyecta una ecografia / Pixabay

El 56% de las mujeres que sufren embarazos inesperados en España tienen entre 18 y 29 años y el 60% carecen de apoyo familiar y de la pareja, según los últimos datos de la Fundación red Madre que atiende alrededor de 18.000 mujeres al año.

Muchas de estas madres están estudiando o comenzando su carrera laboral por lo que carecen de solvencia económica, según la organización. A pesar de estas circunstancias, 9 de cada 10 mujeres atendidas por Red Madre que se han planteado abortar finalmente han seguido adelante con su embarazo.

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Abortar o ser madre sola

Leidy tenía 22 años, trabajaba en el aeropuerto de Madrid y estudiaba Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad cuando supo que estaba embarazada. En los cuatro meses posteriores a la noticia perdió su trabajo, dejó de estudiar y su novio la abandonó.

«Tenía dos opciones: abortar o tener sola a mi hijo», cuenta en una entrevista con Europa Press, en la que explica el «miedo» que le supuso saber que estaba embarazada. Además, comenta que su novio, con el que llevaba un año y medio, no dudó en pedirle que abortara.

Mientras, según relata, su madre, aunque de forma más velada, trató de hacerle ver que un hijo le truncaría su futuro profesional. «Estaba muy enfadada conmigo», añade.

Cuatro días después de conocer su estado comenzó a sufrir hemorragias y los médicos le dijeron que lo más probable era que le tuvieran que practicarle un aborto. El embrión no crecía como debería y le advirtieron de que esa situación podría afectarle a su salud.

«Mi familia pensaba que Sebastián no iba a sobrevivir, pero yo sabía que después de todo lo que habíamos pasado saldríamos de esa», narra Leidy

Después de una semana de pruebas, finalmente, los ginecólogos vieron que todo estaba bien y que el embarazo podía seguir adelante. «Para mí eso fue una señal de que debía tenerlo», recuerda Leidy, que decidió seguir adelante con el embarazo.

Las únicas que respaldaron su decisión fueron sus hermanas, pero estas viven en Colombia, incluso una de ellas se ofreció a encargarse del niño si después de dar a luz Leidy no se veía capaz de cuidarle: «Me dijo que ella podía ser la madre y yo la tía».

A pesar de este apoyo, su día a día transcurría en soledad. «Tuve depresión, lloraba todos los días hasta que di a luz. No recuerdo un día bonito en todo el embarazo», explica esta joven, que fue a la Universidad durante el primer cuatrimestre del curso, pero acabó dejándo los estudios para poder afrontar los nuevos gastos.

Durante el embarazo se le acabó el contrato de azafata de tierra y no se lo renovaron, de manera que el único ingreso con el que contaba era el paro que le corresponde por trabajar desde los 18 años. Actualmente, esta sigue siendo su principal fuente de ingresos.

En la semana 27 de gestación acudió al hospital porque tenía dolores y terminó en quirófano. Su hijo nació antes de tiempo con grandes complicaciones. «Mi familia pensaba que Sebastián no iba a sobrevivir, pero yo sabía que después de todo lo que habíamos pasado saldríamos de esa», cuenta emocionada.

El pequeño estuvo cuatro meses en la incubadora y la joven madre acudía todos los días a verle «por inercia» porque, según relata, todavía no asumía que el bebé al que visitaba en el área de Neonatología del Hospital de Getafe era su hijo y estaba muy grave.

Desde ese momento la madre de Leidy cambió de actitud y empezó a apoyarla. Con ella y con la ayuda de los psicólogos y enfermeras del hospital, que se convirtieron en su segunda familia, la joven empezó a recuperarse y el pequeño a salir adelante.

Ha pasado casi un año desde que dio a luz. Ahora vive con su madre y la Fundación Red Madre le facilita todo lo necesario para su bebé -leche, pañales y ropa-. Esta organización apoya a mujeres que se enfrentan a un embarazo inesperado, bajo el lema ‘Nunca estarás sola’.

«Me ha costado mucho tener a mi hijo y, a día de hoy, me sigue costando sacarlo adelante, pero se puede y yo no lo cambiaría por nada en el mundo«, afirma esta joven madre, que sueña con volver a estudiar y tener un trabajo estable para vivir en su propia casa con su hijo.

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