Alfie Evans se ha convertido en un símbolo de la dignidad de toda vida humana.
Alfie Evans se ha convertido en un símbolo de la dignidad de toda vida humana.

Alfie Evans ha fallecido en la madrugada del sábado 28 de abril después de varias días luchando por respirar después de que le retiraran la ventilación por orden judicial y tras la petición de los responsables del Hospital Alder Hey de poder acabar con su vida.

Así lo ha anunciado el propio padre de Alfie Evans en un mensaje a través de Facebook: “Mi gladiador ha depuesto su escudo y ha ganado sus alas a la 2:30 horas. Tengo el corazón destrozado. Te quiero, niño mío”.

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Han sido muchos meses de lucha por parte de la familia, de Thomas y Kate, sus padres, que han llamado a todas las puertas para poder seguir dando una vida a su hijo, pero los tribunales británicos y luego los europeos se las han cerrado por considerar que la vida de Alfie “no es útil” ni digna de ser vivida.

Además del dolor vivido durante más de un año desde que su hijo fue ingresado en el hospital y, sin serle diagnosticado nada, no poder llevarle a otro centro para que pudieran tratarle, en los últimos días han tenido que vivir la crueldad del hospital. Tras una petición del Papa Francisco por Twitter en la que solicitaba oraciones y atención para Alfie y sus padres, y la intervención de un eurodiputado inglés que habló con los responsables del hospital y de los que obtuvo la esperanza de que iban a estudiar el caso y un posible traslado, el mismo centro, a espaldas de los padres intentó conseguir el permiso del juez para desconectar al pequeño Alfie.

El hospital dio esperanzas a los padres diciendo que estaban barajando opciones mientras a la vez pedían fecha al juez para desconectar al pequeño

Thomas y Kate han luchado hasta el final y el mismo día en que se le retiraba la ventilación acudieron ante el Tribunal para en un intento desesperado para que no se le retire la ventilación artificial y se le permitiera viajar en un avión médico a Italia, donde el Hospital Bambino Gesú aceptó recibirle e intentar encontrar un tratamiento.

En los últimos días, una nueva apelación a la Corte Suprema y otra a la Corte Europea de Derechos Humanos fue rechazada, lo que no impidió que sus padres siguieran confiando. En los últimos momentos incluso parecía que se podía conseguir que Alfie fuera trasladado a Italia. El pasado 23 de abril, acudió al Hospital Alder Hey la presidenta del Hospital Bambino Gesú y un anestesista para al menos estar presentes en el momento en que le retiraran la entubación. Incluso el gobierno italiano concedió al pequeño Alfie la ciudadanía italiana. Todos los esfuerzos han sido inútiles.

Lo grave es que este tipo de situaciones se siguen repitiendo. Recientemente se conoció el caso de otro bebé de dos años que justo antes de que le desconectaran de la máquina, cuando le retiraron la medicación y comenzaron a sedarlo, despertó del coma.

¿Hasta qué punto el Estado y los Tribunales están por encima de la voluntad de los padres que quieren seguir luchando por su hijo ya que no se está produciendo ningún encarnizamiento terapéutico?

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