Panel del desarrollo embrionario en Expovida /DAV
Panel del desarrollo embrionario en Expovida /DAV

Desde el momento de la fecundación (de la fusión de los gametos, óvulo y espermatozoide) existe un nuevo individuo irrepetible de la especie humana, con toda su carga genética, que tras su desarrollo embrionario será dado a luz para seguir desarrollándose hasta el momento de su muerte.

Desde ese primer instante hasta el último, pese a los evidentes cambios físicos, no hay un sólo dato científico que haga pensar que hay un momento concreto hasta el que tal ser haya sido cualquier otra cosa que un individuo de nuestra especie.

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Esta verdad (que la humanidad ha intuido desde sus albores y que la ciencia ha confirmado cada vez con más claridad) ha sido, como tantas otras, incómoda y, por tanto arrumbada, soslayada o retorcida.

Así es como nació el término preembrión, un nombre acientífico que,desarrollado en los años 80, sirvió de coartada para apuntalar el negocio de la fecundación in vitro y la investigación con embriones humanos.

El Informe Warnock fijó un plazo de 14 días desde la fecundación, en el que se autorizó la manipulación o investigación embrionaria, incluida la posibilidad su destrucción

El informe Warnock, precursor del ‘preembrión’

El Comité sobre Fertilización y Embriología Humanas del Reino Unido publicó en 1984 el llamado Informe Warnock sobre fecundación humana asistida y embriología.

Sólo seis años antes en Manchester, el 25 de julio de 1978, había nacido Louise Brown, la primera persona cuyos gametos originarios fueron unidos de forma artificial.

Las cuestiones sobre embriología y fecundidad eran objeto de atención prioritaria para la comunidad científica y la sociedad en general.

Louise Brown, primera persona nacida de un proceso de fertilización in vitro.
Louise Brown, primera persona nacida de un proceso de fertilización in vitro.

El Informe Warnock fue clave en la medida en que sirvió de base para la mayoría de las leyes sobre investigación embrionaria, fecundación asistida, manipulación y conservación de óvulos, espermatozoides y embriones humanos.

En él se reconoce que la vida embrionaria comienza en la fertilización de los gametos y que es completamente distinta de la de óvulos y espermatozoides; asimismo, señala con rotundidad que “ningún estadio particular del proceso de desarrollo es más importante que otro”.

Sin embargo, el Informe Warnock fijó un plazo de 14 días desde la fecundación, en el que se autorizó la manipulación o investigación embrionaria, incluida la posibilidad su destrucción.

En los años 90, este caballo de Troya anticientífico fue ganando popularidad en la literatura científica

Un término instrumental luego desaparecido

Una vez definido el plazo, sólo era necesario poder nombrarlo de alguna manera un plazo administrativo creado ex novo como coartada para facilitar la investigación con embriones humanos.

Así, en 1986, de manera casi simultánea, apareció el término preembrión en tres publicaciones relacionadas con las patentes de fecundación in vitro, la investigación con embriones humanos y las consideraciones éticas al respecto.

Sólo en una ocasión anterior, en 1979, había sido utilizado por Clifford Grobstein en un artículo publicado en Scientific American titulado ‘Fecundación externa humana’, según recogen Modesto Ferrer Colomer y Luis Miguel Pastor en ‘Cuadernos de Bioética’.

En los años 90, este caballo de Troya anticientífico fue ganando popularidad en la literatura científica. Ferrer y Pastor detectaron 261 publicaciones a lo largo de la década que incluyeran el término preembrión.

Entre el año 2000 y el 2009, tan sólo 110 artículos lo mencionaban, para desaparecer en la práctica durante la segunda década del siglo XXI dentro de la literatura científica. Esta curva demuestra que el término, desde el punto de vista científico es inútil, porque antes del embrión no existe sino un óvulo y un espermatozoide separados.

Y dado que no hay una realidad diferente, los científicos no necesitan, en puridad, un nuevo concepto para designarla.

Si el término preembrión ha sido utilizado con profusión durante unos 15 años, ha sido sólo porque sirvió para dar carta de naturaleza legal a la destrucción de embriones que está inevitablemente aparejada a la investigación sobre embriones y la fecundación asistida.

Y, al tiempo, para cubrir cualquier rastro de ética o moralidad que pudiera sugerirse con un término falso desde el punto de vista científico y suficientemente confuso y ambiguo para la poblacion en general.

España es considerada la ‘meca’ del turismo reproductivo en especial para las mujeres italianas, francesas y alemanas

España, a la cabeza de la confusión

A finales de los años 80 y principios de los 90, numerosos países decidieron legislar sobre aquella actividades que significaban la manipulación embrionaria. España promulgó entonces dos leyes distintas.

La ley 35/1988 de 22 de noviembre sobre técnicas de reproducción asistida y la ley 42/1988 de 28 de diciembre, de donación y utilización de embriones y fetos humanos o de sus células, tejdos u órganos.

Ambas leyes vinieron precedidas por un trabajo parlamentario realizado por la Comisión Especial de estudio de la fecundación in vitro y la inseminación artificial humanas presidida por el socialista Marcelo Palacios, ponente a su vez de ambas leyes, asi como la de despenalización del aborto. 

Marcelo Palacios, médico y diputado por el PSOE, difundió el falso término preembrión en España.
Marcelo Palacios, médico y diputado por el PSOE, difundió el falso término preembrión en España.

Se da la circunstancia de que, mientras las leyes de nuestro entorno no utilizaron el término «preembrión», en la primera ley española sobre técnicas de reproducción asistida se repite el término preembrión (en singular y en plural) hasta en 40 ocasiones.

El término se fija asi en la legislación española «para designar al grupo de células resultantes de la división progresiva del óvulo desde que es fecundado hasta aproximadamente catorce días mas tarde, cuando anida establemente en el interior del útero –acabado el proceso de implantación que se inicio días antes–, y aparece en él la línea primitiva».

El precio medio varía según las técnicas empleadas entre los 4.000 y los 10.000 euros, al que ha de sumarse los estudios previos o tratamientos para la estimulación de los óvulos

El negocio de la reproducción asistida

Palacios también impulsó la regulación de los centros que realizan las técnicas de reproducción asistida en 1986. La mayoría de ellos están hoy fuera de la sanidad pública y constituyen un suculento negocio.

Tanto, que España es considerada la ‘meca’ del turismo reproductivo en especialpara las mujeres italianas, francesas y alemanas. Un informe de 2013 señala que el 80% de esta actividad se desarrolla en negocios privados.

Se trata, en todo caso, de un proceso que no tiene garantías de éxito y que además, siempre es muy costoso.

Según la Sociedad Española de Fertilidad, sólo hay un 12,7% de probabilidades de lograr un embarazo en mujeres menores de 35 años que utilicen estas técnicas con el semen de su pareja. La probabilidad se reduce al 9,8% en mujeres mayores de 40. Si el semen es de un donante, las probabilidades oscilan entre un 13 y un 22% en función de la edad de la mujer.

Sobre el coste, el precio medio varía según las técnicas empleadas entre los 4.000 y los 10.000 euros, al que ha de sumarse los estudios previos o tratamientos para la estimulación de los óvulos.

Según ClinicPoint, empresa de venta de servicios de salud por internet, la carta de precios es muy variada, aunque siempre elevada:

  • Fecundación in vitro con inyección intracitoplasmática con óvulos y esperma de la pareja, entre 4.200 y 4.900 euros.
  • Fecundación in vitro con semen de donante: de 4.600  a 4.900 euros.
  • Fecundación in vitro con donación de óvulo: de 6.200 a 8.000 euros.
  • Fecundación in vitro con donación de óvulos y semen: de 7.200 a 9.900 euros.

En plena crisis, el negocio de la fertilidad en España alcanzó en 2012 los 460 millones de euros según la consultora DBK, año en el que creció a un ritmo del 10%.

Se da la circunstancia de que Marcelo Palacios fue también ponente de norma que regula los negocios de fecundación artificial.

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