Apoyo a Reig Pla/ «Durante trece años he podido madurar mi masculinidad»

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    Un hombre se quita la máscara LGTB
    Un hombre se quita la máscara LGTB / Actuall

    Estimado Sr. Ángel Villascusa [autor del artículo publicado en eldiario.es que motiva esta serie de respuestas, N. de la R.]:

    Antes de nada, quiero decirle que rezo por usted, que seguro que ha oído hablar de la vida del inconsciente y de cómo nos mueve a buscar incluso haciendo batallas contra nuestras propias heridas. También yo fui activista homosexual. Quién sabe si usted no anda buscando alguna solución a heridas de su propia existencia. Si fuera el caso, espero que esta carta-documento científico, pueda serle de buena ayuda.

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    Mi nombre es Juan Carlos, soy médico español y me doctoré en Psiquiatría Dinámica y Social hace ya bastantes años. Ahora, ante la noticia aparecida en el eldiario.es cargando contra una persona orientadora del COF de Alcalá de Henares y, en consecuencia, contra el obispado de esa diócesis, considero que es mi deber expresarmi repulsa y mi propio testimonio personal. 

    Mi estilo de vida homosexual se había hecho ingobernable

    Repulsa ante la publicación de eldiario.es que acabo de citar, y que lamentablemente, una vez más, viene a poner de relieve la negación – como bien sabe, defensa psicológica del yo frente a la angustia – de las heridas psicoafectivas, vivenciales y sexuales, que sufrimos las personas que hemos vivido la homosexualidad, también nombradas personas con AMS (atracción mismo sexo), y muchísimo mejor esclarecidas por el término PMS (proyección al mismo sexo). 

    Mi testimonio porque, entre otras muchas cosas, debo a la persona citada como B.V., haber esclarecido tales heridas y sanado.

    Nací hace 64 años, fui a trancas y barrancas por la vida hasta la muerte de mi padre, acontecida hace 20 años, y cumplo este año tres décadas como portador del VIH, sobreviviendo a una encefalopatía multifocal progresiva gracias a los tratamientos antirretrovirales que, en la actualidad, han mejorado mucho, pero que, en sus inicios eran temidos por sus efectos indeseables. Como también sobreviví al apuñalamiento precordial a manos de alguien, posiblemente un chapero, que en el juicio declaró que creía que iba a tener una historia bonita conmigo…

    Cuando miro hacia atrás y contemplo las vicisitudes-vulnerabilidades de mi vida, pienso, es decir, me paro a pensar… No siempre me paré a pensar, más bien lo contrario: por dos décadas (24 – 44 años) fui arrastrado por el tsunami de los impulsos – la mayor de las veces, ciegos-, y de las emociones -no hasta muy tarde reconocidas) … Mi estilo de vida homosexual se había hecho ingobernable…

    ¡Pero nunca padecí falta de inquietud! Entre los 14 y los 19 años tuve mi novia, y eso hablaba de una vocación ya sentida desde los primeros años de mi vida: ¡Quiero ser papá! ¡Ni cura, ni obispo, ni papa, sino papá!– advertía a mis padres cuando mi hermano mayor partió para el seminario. Me duele muy en lo hondo no haber podido llevar a plenitud tal vocación: no haber sido padre biológico, y me duele por mucho que hoy tenga no pocos hijos espirituales… ¡y hasta nietos! Pero me duele profundamente no haber podido formar una familia, un hogar con una buena mujer, con la que traer hijos al mundo.

    Me emociono cuando veo a esos papás y esas mamás y esas abuelas y abuelos que acompañan a los chicos arrastrando de sus carritos hasta el cole… Me duele mi vida y me paro a pensar qué puede llegar a ser de esos niños, hipersaturados hoy de vanas ideologías que dan las espaldas al sentido de la vida humana y la realización de valores.

    Es una gran falacia pensar que vamos progresando cuando la realidad nos habla, pura y llanamente de regresión (en el sentido no solo psíquico, también en el social y económico y ecológico). Es mentira pensar que vamos progresando, que el hombre se supera a sí mismo y que la época de lo humano está a punto de pasar y ser histria, pasado: de espaldas a las leyes naturales no habrá avances posibles.

    La visión esteticista y materialista de la naturaleza late en el fondo de los llamamientos al respeto del medio ambiente (Llano, Alejandro): La perversión de la naturaleza acaba por perjudicar a sus causantes directos y a sus víctimas indirectas. Directamente, esto tiene que ver, y no de modo secundario, con la propia naturaleza humana.

    La perversión de la misma como tal parte de la idea de que el pensamiento es algo así como un epifenómeno de los procesos neuropsicobiológicos y no lo que en verdad es: algo inmaterial como lo es el discurso de nuestra libre voluntad diseñada para la realización del bien que la inteligencia en conexión con la verdad, le desvela como lo necesario para el cumplimiento con los propósitos netamente humanos, vale decir, relacionados con el sentido de la vida: libertad de la volutad, voluntad de sentido y sentido de la vida (Víktor Frankl), propios de la noodinámica del hombre y de la mujer.

    Mi vivencia de la cosa sexual, por todo ese tiempo anterior, estuvo vinculada al consumo de drogas, de las cuales el alcohol y el homosexo, se caracterizaron como las más terribles de superar

    Existe la pausa por excelencia que es, como he dicho, el pensamiento, aun cuando en nuestras vidas pese el légamo de las meteduras de patas, de las cuales podemos extraer aprendizaje merced al sentido ontológico de la culpa inexcusable.

    En último término, la batalla la libramos, cada uno de todos, en el ámbito específicamente humano de la libre espiritualidad, lo que nada quita, sino que más bien realza nuestros modos de entender el resto de las dimensiones que constituyen la unicidad biopsico-familiar-social-cultural. 

    Lo que más me motiva para este testimonio, es la urgencia de atender científicamente, es decir, sin apasionamientos, la ideología de género, y de modo más concreto, lo relativo a la población LGTBI. Por lo demás, resultaría baldío e ineficaz todo intento por hacerle conocer y comprender las vulnerabilidades de tal sector si me desprendiera de la entera vivencia personal en la redacción que me ocupa.

    Como he indicado más arriba, por algo más de dos décadas, mi vida transcurrió apegada a la confusión y fragilidad de la homosexualidad, aunque debiera matizar, siguiendo a las nuevas nomenclaturas, bisexualidad. Por cierto, dato este por mí mismo negado al menos hasta que, por obra del misterioso hilo de la Trascendencia, después de una parada en seco tras la muerte de mi padre, viniera a dar con un programa humanitario para la sanación de las dependencias y abuso de sustancias del que saldría graduado a los tres años (1999 – 2002).

    Y teniendo la enorme suerte de haber conocido la Logoterapia, formación que realicé entre el 2001- 2005, y poco después, 2006, la página web llamada por entonces esposibleelcambio.com, que reemplazaba a la jaqueada Salgamos del infierno de la homosexualidad y se continuaba con la actual esposiblelaesperanza.com, a través de la cual y durante trece años, he podido madurar mi propia masculinidad en los niveles psicoafectivo, sexual, y relacional frente hasta mi hasta entonces incomprendida homosexualidad.

    Y ello pude hacerlo, entre otras muchas ayudas recibidas, gracias a personas como B. V., que tanto me ayudó en el proceso de maduración de mi masculinidad con criterios científicos abundantes. En efecto, mi vivencia de la cosa sexual, por todo ese tiempo anterior, estuvo vinculada al consumo de drogas, de las cuales el alcohol y el homosexo, se caracterizaron como las más terribles de superar, al menos a priori, porque después uno viene a darse cuenta de que tales problemas no son en modo alguno irresolubles, y hasta cierto modo sencillos de resolver.

    Ello apela al conocimiento de sí mismo y del mundo como una amalgama de fragmentos que, de ningún modo, permanecen desconectados de la unicidad, del cosmos, término éste contrario al caos. Ante tanta confusión e imposición en lo relativo al sexo y al género, urge, como decía, pararse a pensar. Esto es, aprender a permanecer tranquilos en nuestros aposentos, pues como muy bien dijera el científico y filósofo B. Pascal, todos los conflictos que acontecen en el mundo provienen de este no saber recogernos ante la contemplación, diría yo, serena, de nosotros mismos y del mundo.

    La naturaleza en general y, por supuesto en primerísimo lugar, es madre y maestra. El diseño es claro desde el origen de la creación: varón y mujer los creó. Es algo obvio que, sin embargo, hoy pretende escapar a las evidencias. El constructo LGTBI no pertenece a dicho diseño, ni tan siquiera es posible hablar con serenidad sobre el hecho de que nadie nace L, o G, o T, o B, o I (los cromosomas siempre cantarán en la resolución de los estados de intersexualidad).

    La opción de apostar por la muerte de Dios y que cada cual se haga a sí mismo como le dé la gana, es algo que, sencillamente, pone en crisis la supervivencia de la civilización, pero que, sin embargo, invita a una nueva sensibilidad (Alejandro Llano) en la era paradójica de la desconexión. “Aunque el abajamiento del ser humano a rasgos propios de la animalidad no deje de ejercer sobre nosotros cierta extraña atracción, lo cierto es que el modelo que más fuertemente tiende hoy día a fascinarnos es el propio de la máquina. No es casual que, para significar el afán de independencia y autonomía, ahora recurramos al término técnico de ‘desconexión’ (…) nos desconectamos con la misma rapidez con que nos conectamos, sin desgaste ni fatiga. Comenzamos así a movernos en un plano que parece situarnos en una suerte de novísima sensibilidad, en la que los propios condicionamientos, lejos de coartarnos, parece que nos potencian”.

    Esto exige “un cambio radical en nuestro modo de pensar. Desde hace tiempo somos víctimas de un planteamiento intelectual que daña a la materia no menos que al espíritu”.

    Ahora ya no se trata de sanar las heridas emocionales y afectivas, que dimanan de los conflictos psico-familiares-educativos y sociales, sino más bien potenciarlos -obviándolos, ¡claro está! –, mutando lo traumático coercitivo en una suerte de singular libertad, que de ellos emergiera y que es contraria a su propia inmaterialidad.

    Como decíamos, la libertad no es un fenómeno secundario a nuestro cerebro, no es un epifenómeno de los condicionamientos bio-psico-sociales sino son, regalo, cosa que nos viene de arriba, del vitalísimo tono trascendental.

    Las vulnerabilidades no pueden ser consideradas ventajas. Los condicionamientos pueden y deben ser intervenidos mediante el ejercicio de la conciencia y la responabilidad, los dos pilares básicos sobre los que asienta lo propiamente humano.

    En relación a las personas con AMS (PMS), su madurez sexual y personal no siempre fue cuestionada por principios morales y religiosos, sino que las propias vivencias psíquicas de inadecuación, ridículo, e inferioridad, los sufridos procesos de autoexclusión defensiva, el desapego y la ira respecto al padre, el vínculo especial con la madre, la inestabilidad afectiva general, los traumas, fijaciones o abusos durante el desarrollo, fueron seguidos de compulsión a la repetición de patrones conductuales autodestructivos, desembocando finalmente en peticiones de ayuda psicoterapéutica especializada con la esperanza de reorientar, en tanto personas, la vivencia sexual conforme a su naturaleza y esencia como varones.

    Por el contrario, como afirma Nicolosi, ya fallecido, autor indispensable en la terapia reparativa de la homosexualidad, hoy prohibida (o sea, este mi modo de pensar está prohibido, es decir, sólo podré hablar dentro de una catacumba), pues trataría de imponerse desde la ideología-perspectiva de género, al médico hablar de la cosa sexual con su paciente obligándolo a exhortar al mismo a que siga siendo homosexual hasta la misma muerte.

    Pues bien, como afirma Nicolosi: Parecen situarse bastante fuera de la realidad los estudios que evitan la vista amplia de la investigación de los sistemas familiares, las historias de casos clínicos, el auto-relato de las personas con orientación homosexual que han vivido la transición hacia la heterosexualidad y una comprensión del proceso de cambio psicoterapéutico. Esos estudios no dicen nada de la psicodinámica bien establecida del proceso de identificación de género, especialmente a través de la relación con el padre del mismo sexo (Bieber,1962; Hatterer, 1970; Kronemeyer, 1970; Mayerson y Lief, 1965); ignoran los sistemas familiares y la teoría de relaciones objeto, y la teoría psicoanalítica de Edipo (Socarides, 1968); además de la pobre relación padre/hijo bien documentada del homosexual masculino (Bieber 1962). Tampoco hacen referencia a la comprensión más profunda del significado de las relaciones de sus semejantes del mismo sexo, expuesta por van der Aardweg (1985, 1986). De esta forma, su modelo descarta tanto la experiencia subjetiva como el sentido personal.

    Del mismo modo, se ponen de espaldas a los importantes avances que el psicoanálisis ha experimentado con la llegada de Heinz Kohut y su análisis del narcisismo, y digo análisis -aunque que dentro de la esfera psicoanalítica- por cuanto atreverse a estas indagaciones equivale por fuerza meter manos en harina en materia existencial. Difícilmente sería explicable todo este conjunto semiológico por la interiorización de la llamada homofobia social. No es que la estigmatización no se haya cebado en las personas con AMS (PMS), aspecto históricamente claro y que cabría ilustrar sin excesivo esfuerzo; es que, sencillamente, sonaría a no poco determinista hacerla resultar, tanto más por su abigarrado sufrimiento, del mero rechazo social.

    ¿Razones? a) Las evidencias biológicas no han sido específicamente resueltas o, mejor dicho, lo van siendo en igual medida que los trastornos mentales que subyacen a ellas: no olvidemos que, a fin de cuentas, la AMS (PMS) no es sino síntoma (de otra cosa). b) Como ya hemos apuntado, son abundantes los trabajos que argumentan la génesis psíquica, muy a pesar de lo que mengua la investigación científica del problema desde 1973.  c) Hemos obtenido amplia confirmación científica de las diferencias de la población no-LGTBI frente a la población LGTBI, con la más excelente y última de las investigaciones, un metaanálisis clínico, publicado por la revista The New Atlantis.

    Juan Carlos, 64 años, España.

    * Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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