Apoyo a Reig Pla / «Gracias porla sanación de las heridas en mi feminidad»

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    Sólo puedo hablar bien y estar agradecida de B.V., de monseñor D. Juan Antonio Reig Pla y del Centro de Orientación Familiar de la Diócesis de Alcalá de Henares. Especialmente, aunque no sólo por ello, sino por muchísimas cosas más, por la ayuda brindada en el acompañamiento de la sanación de las heridas en o de mi propia feminidad.

    Desde pequeña, pero especialmente desde la etapa de la pubertad empecé a no sentirme identificada con el mundo femenino. No me gustaba el modelo de mujer que veía en mi madre (entregada, pero en la casa, ocupando un lugar lleno de responsabilidades y obligaciones, un poco aislado de la vida social…), llegando a idolatrar a papá, más cariñoso, comprensivo, social… Por otro lado, tampoco sentí la acogida o valoración de mi singularidad, de mis dones o cualidades, gustos e intereses, de parte de sus compañeras (mujeres), cosa que una niña necesita en su etapa escolar. Sentí el rechazo y la burla por parte de todos los compañeros de clase ante mi desarrollo precoz.

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    Todo ello tambaleó los cimientos de mi identidad sexual, sin llegar a poner en duda ni el ser mujer, ni mi atracción sexual hacia los hombres, pero sí llegando a despreciarme en muchos momentos y haber querido nacer varón, para no tener que sentirme diferente o un bicho raro, porque no era como todas.

    El poder identificar algunas heridas como las mencionadas, conocer con mayor profundidad a mi madre, a mi padre, la relación de los dos, también sus sufrimientos y flaquezas, pero a la misma vez lo mucho que me quieren o han querido a mis hermanos -desde su humanidad imperfecta, pero siendo a la vez reflejo de un Amor Primero y más grande- ha sido y está siendo un camino precioso de acogida y valoración mutua.

    Además, el mirarme a mí misma, como mujer, única, valiosa, con una misión y una vida por dar y entregar, está llenando de alegría y esperanza mi día a día. Aprendiendo a ir dentro de mí, para amar y dar lo mejor a los que me rodean: mi familia, mi novio, mis amigos, mis alumnos… y así ser plenamente feliz, viendo que nadie es perfecto, pero que en todos nosotros hay una gran sed de amar y ser amados-valorados como somos: hombres o mujeres.

    M.C., 34 años, España

    * Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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