Un hombre se quita la máscara LGTB
Un hombre se quita la máscara LGTB / Actuall

Hola mi nombre es Lourdes, tengo 25 años, resido en España, trabajo en el ámbito de la salud, estoy casada con Mateo y tenemos un hijo.

He conocido gracias a mi marido, durante nuestro noviazgo, un itinerario integral de la persona, que ha sido fundamental para que hoy mi esposo y yo estemos felizmente casados porque me ha ayudado a madurar de una manera integral y a ver al otro con ojos de amor y no de exigencia.

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Durante mi infancia he creído que yo era perfecta en todo lo que hacía, que mis padres, mis hermanos y mis amigos me querían porque yo era una chica buena y no hacía nada mal. La relación con mi padre era ausente porque trabajaba todo el día y apenas le veía en casa.

Mi madre, en cambio, era la figura que tenía de referencia porque era la que, aunque también trabajaba, pero menos horas que mi padre, se ocupaba de nosotros. Llegué a no aceptar a mi madre por este hecho, porque era la que siempre estaba encima de mí y al parecerme mucho a ella, esto hacía que chocáramos mucho. He llegado a despreciar a mi madre por cómo era y a no querer ser como ella.

Durante mi adolescencia mis padres me dieron libertad, como ellos supieron hacer con mucho amor, y yo la convertí en libertinaje haciendo lo que quería, desobedeciendo, mintiendo, llegando a estar con un chico al que no quería por buscar el amor de una manera desesperada ya que sentía que en mi casa no les importaba lo que hiciera o dejase de hacer. Digo sentía porque era sólo eso, puro sentimiento sin ningún tipo de racionalidad ni sentido.

Circunstancias de la vida me hicieron alejarme físicamente de mis padres y hermanos, y también de esta relación tóxica que yo había mitificado dejándome llevar y haciendo lo que este chico quería que hiciese por no perder su afecto, no siendo libre ni diciendo lo que estaba viviendo por dentro realmente, que era un deseo de ser amada tal y como yo era, no en apariencia.

Gracias a tener que irme lejos de casa de mis padres conocí al que hoy es mi marido. Él me descubrió durante los años de noviazgo este acompañamiento que hacen a los jóvenes desde el COF Regina Familiae de la diócesis de Alcalá de Henares. Donde he podido ver que mi deseo de ser amada no es malo, que todos tenemos deseo de plenitud, pero que la afectividad mal entendida puede hacerme mucho daño a mí y a los que están a mi alrededor, que yo soy perfecta como soy y mis heridas de inmadurez son las que, sanándolas y siendo conscientes de ellas, me harán ser una persona realmente libre y feliz.

Poder vivir con otros jóvenes y compartir nuestras heridas también me hace tener un corazón de solidaridad con mis hermanos, cosa que no sale de mí ya que tiendo a ser tremendamente egoísta.

Quiero agradecer especialmente a Don Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, y a B. V. por todo el amor, la formación y la misericordia que nos dan para poder vivir plenamente

Me ha enseñado de una manera integral (intelectual, espiritual y corporal) que todos tenemos heridas que nos marcan y a veces nos llevan a hacer cosas que no queremos realmente o a pretender ser lo que no somos por un profundo sentimiento de desamor pero que ese no es el final del camino, que no me quede lamiéndome mis heridas y lamentándome, sino que hay esperanza. Que todos cometemos errores, pero que todos somos perdonados.

Poder sanar la relación con mis padres, haciéndoles partícipes de mis sufrimientos y alegrías. Poder pedir perdón a personas a las que había hecho daño en el pasado por ese deseo de buscarme a mí misma por encima de buscar el bien para los demás, poder pedir perdón también a mi marido cuando soy una soberbia y quiero pasar por encima de él despreciándole incluso.

Yo por mí misma no sería capaz de hacer estas cosas, si no llego a ser, en pleno derecho de mis facultades, acompañada por personas que te hablan de un amor en plenitud, que he podido experimentar en momentos concretos al darme a los demás sin esperar nada a cambio.

Poder acompañar a mi marido durante este itinerario y poder hacer yo misma este itinerario también me hacen cada día no juzgarle, no juzgar nuestras vidas, ya que ser como somos y las cosas que hemos vivido es lo que nos han hecho encontrarnos y ser felices.

Por último, quiero agradecer especialmente a Don Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, y a B. V. por todo el amor, la formación y la misericordia que nos dan para poder vivir plenamente y no de una manera superficial, buscando la transcendencia y no la inmediatez, que sólo te da alegría momentánea pero no felicidad profunda y duradera.

Pido a todas las personas que conformamos la Iglesia que no dejemos de luchar contra la ideología de género, de formarnos en el amor y la familia, de ayudar a tanta gente que desea en su corazón madurar como personas de una manera plena.

La paz. Lourdes.

* Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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