Un hombre se quita la máscara LGTB
Un hombre se quita la máscara LGTB / Actuall

Buenos días. Me siento muy triste porque hoy y además de la manera más vil… Un «periodista», usurpando otra identidad y con la intención de hacer daño ha atacado con toda su saña a una de las personas que más quiero y que más me ha ayudado en mi orientación sexual. (Y estoy seguro de que este «periodista» creerá 100×110 que ha hecho un gran favor a la civilización) y a tantos miles de adolescentes y jóvenes vulnerables que se sienten perdidos en esta sociedad, por falta de medios para que se los pueda ayudar y hacer ver la realidad de su ser: varón, mujer.

Pues, como decía, un usurpador ha querido hacer daño a mi querida amiga y hermana en la fe católica: B. V. Hace ya camino de siete años que, por uno de esos caprichos del destino, me encontré con un grupo católico que estaba teniendo una experiencia única en la plaza de los santos Niños de Alcalá. Ni qué decir tiene que yo me encontraba en un momento de desesperación. Metido en el infierno más profundo.

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Y me explico: hacía un año mi padre había fallecido y yo me había divorciado; gracias a Dios tuve dos hijos. Una parejita. De repente, todo lo que yo había estado ocultando y la doble vida que había llevado surgió como una alergia en primavera, me refiero a la PMS.

Empecé a entrar en páginas de pornografía masculinas, y en portales de contactos LGTBI. Conocí a un joven al que doblaba la edad (boliviano). Y sin pensar más o lo que esto me acarrearía me lancé a un destino insólito para mí. (Ya en mi juventud había tenido demasiadas relaciones de las mal llamadas ‘gay’). Pero esto era otra cosa: abandonar a mi madre, dejarla sola en España y coger un avión rumbo a Bolivia… Esto era una locura.

Lloraba mucho de impotencia, mucho; me emborrachaba prácticamente cada día, sufría, no encontraba trabajo

Nada más llegar supe que yo allí no pintaba nada y que sólo era el reflejo de la soledad que tenía y del deseo de ser valorado, necesitado. Pero estaba tan engañado, tan ciego… Nada que ver. Ya en la primera semana pude ser consciente de que sólo se me toleraba por mi dinero a cambio de sexo. Cosa que, aún sabiendo, no podía reconocer. Eso duró siete meses, soportando vejaciones, insultos y hasta golpes.

Transcurrido ese tiempo regresé a España. Había sido ilegal al pasarme del plazo establecido y también tuve que pagar los gastos. Una vez en España me establecí en Cádiz. En casa de un familiar de él. Lloraba mucho de impotencia, mucho; me emborrachaba prácticamente cada día, sufría, no encontraba trabajo.

Yo sabía perfectamente que él me era infiel y eso me dolía más pues estaba siendo utilizado con un fin concreto. Viajé un par de veces más y recorrimos prácticamente toda Bolivia. Pero sus enfados, altibajos y arrebatos impidieron que yo disfrutara de tanto colorido y ya no quiero decir de sexo… Le odiaba tanto como le necesitaba.

Pero yo ni por un momento pensaba en mi madre, en mis hijos, en mis hermanos o en mí. Hasta con eso había podido mi desequilibrio emocional. Yo sentía tanta proyección hacia él que esto no me dejaba ver la realidad. Ahora han pasado muchas cosas en estos 10 años de refuerzo y apoyo a mi masculinidada través del itinerario de maduración integral. Soy capaz de ver cómo he sido creado, por qué, por Quién, para qué.

Soy un hombre que vive su castidad con la ayuda de Dios.Tengo que decir que llegué a estar unido legalmente según la legislación española a este muchacho y que un día de lucidez por fin inicié el trámite de mi divorcio.

Como dije antes, en mi infancia y en mi juventud (los 80’s) ni siquiera fui consciente del tipo de vida que llevaba, del infierno que era andar escondido en retretes públicos o drogado, vendiendo mi juventud, mi cuerpo por unas monedas…

No fue hasta que comprendí la realidad de la antropología del hombre que pude empezar a valorarme como lo que yo soy: hombre, varón. Y si me atrevo a contar partes de mi vida es porque haya unos pocos que pueden decir lo que quieran, aun siendo mentira y yo no pueda decir mi verdad. He vivido tantos años engañado por mis paranoias que nunca fui consciente de para qué había nacido. El itinerario me ayudó a descubrirlo y vivirlo.

C., 62 años, España.

* Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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