La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes /EFE
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes /EFE

Vaya, vaya, vaya, Cris, qué es lo que leo. Informa eldiario.es de Nacho Escolar que Cristina Cifuentes “obtuvo su título de máster en una universidad pública con notas falsificadas”.

Según esta exclusiva, la presidente de esta nuestra comunidad “se matriculó en 2011/2012 en el Máster en Derecho Autonómico de la universidad pública Rey Juan Carlos, financiada por la Comunidad de Madrid, y le quedaron pendientes dos asignaturas”, y “la intranet de gestión de alumnos revela que una funcionaria de otro campus entró en el sistema en 2014 y cambió los dos “No Presentado” a “Notable” dejando rastro” y “la funcionaria dice que si lo cambió es porque se lo ordenó un profesor. La Universidad sigue investigando. Cifuentes defiende que todo es legal y que aprobó porque se examinó de nuevo en 2014, aunque no hay rastro en los registros”.

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A ver, no es que Nacho sea un parangón de inmaculada veracidad o independencia, aunque su propio padre, don Arsenio, le haya dado un premio de eso mismo, que padre no hay más que uno; tampoco es que pueda sacar pecho en lo de usar sus contactos para medrar, que no sé si tiene la carrera de periodismo y ya está de director por segunda vez, tras empezar en un medio de peso con la tierna edad de 19 añitos.

Pero lo cortés no quita lo valiente, y ni él ni nadie iba a publicar una acusación así, tan fácilmente comprobable, sin tenerlo todo atado y bien atado.

La propia Cifuentes nos advirtió en su día que “cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia consigues muchísimo más”

Miguel Ángel Quintana Paz, profesor de Ética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, ha mediado en Twitter con un exclarecedor comentario: “Explicaré algo que quizá desde fuera de la universidad no se sabe: estamos saturados de burocracia. Todo lo que haces en una uni deja decenas de rastros, varios obligatorios. Si la universidad o @ccifuentes no muestran pruebas de su contradictoria versión, es porque no existen“.

Los responsables de la universidad de marras han comparecido en rueda de prensa, y verles balbucear y echar balones fuera daba dolor, tanto como sus caritas de niños pillados con la mano en la caja de galletas.

En Twitter se han apuntado, como es costumbre, al “y tú más”, que es el juego con el que nos entretienen los políticos para no tener que responder nunca de sus tropelías. Errejón ha salido a darle un rejón a la presidente, y el personal le ha recordado que quizá un tipo que ha sido suspendido de empleo y un sueldo de 1.825€ mensuales por absentismo laboral en la Universidad de Málaga no sea exactamente la persona indicada para constituirse en tribunal.

Y, bueno, sí. Pero, ¿y qué? Aquí hablamos ahora de nuestra flamante presidente, la que se lo ha ganado todo con su esfuerzo y tal.

Para ser justos, la propia Cifuentes nos advirtió en su día que “cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia consigues muchísimo más”, y aunque la doctrina está dividida, hay varias escuelas de pensamiento que defienden que, en esta ocasión, Cristina se ha pasado de frenada haciéndose la rubia.

Si uno puede conocer su propia esencia de género aunque la evidencia de sus cromosomas lo niegue ¿no es muchísimo menos constituirse en Máster en Derecho Autonómico?

Pero yo tengo, personalmente, otra teoría: Cristina no ha hecho otra cosa que ser coherente. Cristina se sentía Máster en Derecho Autonómico; qué digo: Cristina se SABÍA Máster en Derecho Autonómico. ¿Quién es nadie para decir que no lo es? ¿Cómo va a saber ese tribunal examinador, esos anticuados  profesores -probablemente varones y machirulos-, lo que realmente es Cristina Cifuentes? ¿Vamos a dejar que una mera nota de “no presentado” decida qué es y qué no es Cristina Cifuentes? ¿De verdad, en pleno siglo XXI?

Naturalmente que no. Si uno puede conocer su propia esencia de género aunque la evidencia de sus cromosomas lo niegue; si uno decide que es del sexo contrario al biológico por el Principio L’Oreal (“porque yo lo valgo”) aunque nada permita deducirlo, y la ley le ampara, ¿no es muchísimo menos constituirse en Máster en Derecho Autonómico?

¿Qué les parece más difícil, cambiar en el registro civil tu sexo o cambiar en el registro de una universidad un “no presentado” por un “notable”?

No puede haber en España una sola mente progresista que no se ponga resueltamente del lado de la presidente en esto. Ella nos enseñó -con leyes obligatorias para todos que llevan aparejadas sabrosas sanciones para quienes las contradigan- que el deseo hace la realidad, bendita sea. 

Si se demuestra que la explicación de la presidente no es verosímil, no habrá hecho ahora otra cosa que llevar ese razonamiento progresista a sus consecuencias lógicas y aplicar a la condición académica -una minucia- lo que ella misma obliga a aplicar a algo tan inmutable y ancestral como el sexo.

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