Autores Publicaciones por Pedro Fernández Barbadillo

Pedro Fernández Barbadillo

119 MENSAJES 0 Comentarios
Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).

Greenpeace nos amenazó en 2007 con todo tipo de calamidades para los años siguientes si no hacíamos lo que la ONG decía para frenar el llamado cambio climático: ríos secos, costas inundadas y campos polvorientos. Una década después, el Ebro, en vez de estar seco, rebosa agua.

¿A qué viene el escándalo con el tráfico de datos de Facebook? ¿Es que las tarjetas de crédito no acumulan los mismos? La campaña contra Facebook no pretende la protección de la intimidad de los clientes, sino el control de las redes sociales y el reparto de su publicidad.

El problema no es la casta europea, sino la casta española. No le echemos la culpa de que Puigdemont siga libre a los jueces belgas y alemanes. La primera y mayor responsabilidad es del Gobierno de Rajoy, que le permitió al fugado hacer el referéndum, proclamar la ‘republiqueta’ y escaparse.

La construcción de Cosmópolis exige arrasar no sólo con la familia y las naciones, sino también con las tradiciones, el silencio y el reposo. Mover a la gente de un lado a otro y convertir las devociones en espectáculos cuyo interés se valora en ingresos por turismo.

La izquierda en Europa se parece a una especie en extinción. A cada elección que se produce en un país europeo, el color rojo mengua en los mapas de las votaciones. Las últimas, en Italia. La única excepción, por ahora, es España, donde todos los partidos son ‘progresistas’ en distintos grados.

Podemos está como esos Terminators heridos que siguen disparando hasta que Schwarzenegger les arranca la cabeza. Para tratar de no hundirse en las encuestas, ahora los morados lanzan sus redes en un caladero en el que antes apenas pescaban votos: los mayores de 65 años.

El País apoya todas las causas de la agenda feminista, por convicción y para tratar de captar lectoras. El éxito es perfectamente descriptible: desde 2004 ha perdido el 80% de sus ventas. Sin embargo, en la dirección de El País y de su empresa editora, PRISA, las mujeres son tan escasas como el ornitorrinco.

Empezamos marzo, el mes que entra la primavera y ya me toca escribir el artículo de los últimos inviernos, en que me río de los calentólogos. Y lo hago mientras una tormenta de nieve y lluvia descarga sobre España –salvo las Canarias, donde hace poco tuvieron inundaciones- y parte de Europa.

Las leyes de censura avanzan con su rodillo en España. Los funcionarios, los políticos y los activistas de las llamadas ‘minorías’ vigilan lo que se dice en colegios, redes sociales y periódicos para encontrar algo que les ofenda y procesar al desdichado. Sin embargo, el Estado no impide la violencia en las calles, mucho más perjudicial para los ciudadanos.