Autores Publicaciones por Pedro Fernández Barbadillo

Pedro Fernández Barbadillo

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).

La casta periodística que copa las redacciones de periódicos y televisiones empieza a dar gritos porque el fascismo ya está aquí, como en Suecia. En las tertulias y máquinas de café se plantea cómo luchar contra el fascismo. La respuesta es censurando las noticias sobre Vox.

Las conmociones políticas en Europa comenzaron en 2015, cuando la canciller alemana ‘invitó’ a un millón y medio de supuestos refugiados sirios a su país. En España, el meteorito ha sido el golpe de Estado en Cataluña. Desde entonces, el PP y Podemos se hunden y asciende VOX.

El periódico progresista se ha pasado al victimismo ‘de género’. Como apenas hay minorías raciales en España (al menos por ahora), El País se vuelca en la guerra de sexos contra el patriarcado y el sexismo. En esta campaña, nos informa, por ejemplo, de que el termostato del aire acondicionado es otra forma de opresión de las mujeres. Así desaparece la prensa seria.

Antes los obreros se echaban a la calle para pedir seguridad en el trabajo, subidas de sueldo, reducción de jornada, pensiones… Ahora, que no hay obreros, sino ‘emprendedores con un sueño’, los trabajadores asalariados que sobreviven se alegran cuando el jefe les deja llevar el perro a la oficina.

De los asesinos de mujeres sabemos casi todo: edad, estado civil, trabajo, denuncias presentadas contra ellos, sexo (¿y si se identifican como de ‘género líquido’?)… Salvo la nacionalidad. La mitad de los asesinatos cometidos este verano tiene como autores a extranjeros. Y no de países musulmanes.

Sánchez quería ser presidente para atender las “urgencias sociales". Hemos visto que una de ellas era entrar en RTVE como los árabes en España para apoderarse del botín. Al menos usan el BOE y el teléfono para dar el finiquito, en vez del alfanje y la crucifixión. Pero, ¿de verdad es tan importante RTVE para dirigir la opinión pública?

La destrucción del Derecho y de la Nación que nos aterra va acompañada también de la anulación de la verdad histórica, que comenzó ya en la Transición ante la sonrisa idiota de la derecha que piensa que sólo la economía es importante. La izquierda quiere crear un ‘relato’ en el que ella será la Cenicienta y los de derechas los sayones de la madrastra.

Con estos antecedentes, sorprende que los vigilantes y sensibles progres callen ante la implicación (no digo culpabilidad, ni responsabilidad, que eso corresponde a la Administración y la judicatura italianas) de una de las familias más poderosas de Italia en la catástrofe del hundimiento del puente de Génova, en la que los muertos rebasan ya los cuarenta.

La izquierda pone sus ojos de revolucionaria arrobada en figuras viriles que espera derriben el capitalismo y la coloquen a ella en el lugar que se merece, un palacio que ríete del Kremlin. Pero sus amados no le corresponden. Aunque le han desengañado el obrero, el guerrillero, el 'okupa'…, la izquierda, cada vez más vieja y chocha, no se corrige. Su nuevo príncipe rojo es el mantero.